@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon
A la mayoría de los enfermos no les dije adiós. Supongo que me daba cierta rabia no saber nunca cómo iban a informar la TAC que les prescibí; o si la biopsia que les tomé resultó positiva; o si se les cortó la otorrea; o si empezaron a respirar mejor por la nariz; o si el programa de rehabilitación vestibular doméstico consiguió que se sintieran más estables.
A los enfermos más cercanos sí les dije que me iba, pero no les conté adónde. La auxiliar de mi consulta me decía que mientras que ellos me preguntaran no había problema ético en decirles dónde iba a pasar consulta a partir de junio. Pero a mí no me parecía bien y, por mucho que me preguntaron, me mantuve en silencio. Quien tuviera mucho interés, ya me encontraría.
En el servicio de Otorrinolaringología, hubo una fiesta muy bonita, con sonrisas y abrazos y fotos y conversaciones y regalos y vino; una fiesta marcada por la alegría sorda que suele marcar el fin de una etapa. Y fuera del servicio, también les dije adiós al adjunto de las sillas y a la enfermera de la botella de suero, para demostrar la admiración que sentía por ellos por el esfuerzo que hacían cada día con cada enfermo.
Del Sistema Sanitario Público me despedí también, aunque le dije que sabría de él por los periódicos. Y que le deseaba mucha suerte. De todo corazón.
Que, de repente, millones de españoles se pregunten qué es la prima de riesgo, es Indignación, con mayúscula.
No me gusta que se identifique la Indignación con el movimiento 15M porque, en un país en la situación que tenía España en el año 2011, el movimiento 15M no fue nada más que la expresión pública de unas preocupaciones que se venían gestando desde hacía tiempo.
Yo fui parte de ambas, tanto de la Indignación como del 15M y, un año después del inicio del movimiento, sigo indignado.
Indignado, por ejemplo, de que haya calado en la mente de los españoles que la culpa de la situación actual era que “habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades” cuando, durante la época de bonanza, los mismos que ahora nos culpan eran los que aplaudían nuestro crecimiento económico.
Indignado, por ejemplo, de que de repente, el sistema sanitario español, que nos hacía sentir orgullosos y generosos por su capacidad de otorgar atención universal a cualquier ciudadano del mundo, haya pasado a sentirse como algo que sólo se merecen los que “hacen algo productivo por este país”.
Indignado, por ejemplo, de que comience a verse necesario restringir el derecho de reunión para evitar disturbios, disipando las manifestaciones como herramienta para expresar malestar.
Al menos aún nos queda la libertad de expresión. Esta semana de aniversario, yo brindaré por ella sacando la banda blanca de papel, con mi nombre escrito en ella con letras rojas, que nos identificaba a los sanitarios del 15M en Sevilla.
¡Hola niños! Soy… ¡Coco! Y hoy vamos a aprender cómo usar el ascensor del hospital.
Los ascensores tienen dos botones. Uno es una flecha hacia arriba, que sirve para ir a los pisos de arriba. Otro es una flecha hacia abajo, que sirve para ir a los pisos de abajo.
Si queremos ir hacia arriba, hay que pulsar el botón con la flecha hacia arriba; mientras que si queremos ir hacia abajo, hay que pulsar el botón con la flecha hacia abajo.
No hay que pulsar los dos botones. Sólo hay que pulsar uno. Si le damos a los dos botones, el ascensor hace más paradas de las necesarias y Coco y los amigos de Coco tardamos más tiempo en llegar a nuestra planta.
Pero a veces, hay gente que quiere ir hacia arriba y gente que quiere ir hacia abajo. Si pasa esto, cuando el ascensor se abra sólo se montarán las personas que vayan en el mismo sentido que el ascensor. Si el ascensor sube, sólo se montan los que quieren subir. Si el ascensor baja, sólo se montan los que quieren bajar. Esto también ahorra tiempo y no sólo tiempo. Coco sabe que así también se ahorra energía, porque el ascensor no tiene que subir tanto peso.
¡Coger ascensores así sí que es divertido!
Capítulo 2×10
Gran parte de la vida es consecuencia de las decisiones, pero otra parte nada despreciable es el resultado de decisiones tomadas al azar. En aquella altura del mapa, el camino se bifurcaba a izquierda y derecha; y yo me decidí por la izquierda sin tener muy claro que aquel camino fuera mejor que el otro. En efecto, ambas sendas tenían el mismo aspecto: tierra yerma y árboles adaptados a la sequedad del entorno.
Según el plano de la zona, tras cruzar un puente de madera que sorteaba un pobre arroyo, debía encontrarse un caserón de gestión de datos de Pokémon. Como sabe cualquier entrenador, por cuestiones de seguridad, el número máximo de Pokémon con los que se puede viajar es de seis. El resto de Pokémon que se tengan, deben ser convertidos en código de programación y almacenados en ordenadores. Desde estos ordenadores, un Pokémon puede ser recuperado en cualquier momento, siempre que no se lleven encima más de seis.
En cada región del mundo Pokémon, existen caserones destinados a almacenar los millones de Pokémon que poseen los entrenadores de la zona. Estos caserones tienen el aspecto de casas normales, pero en su interior existen servidores de datos para que cada entrenador pueda recuperar a su Pokémon desde cualquier ordenador.
La encargada de gestión de datos de Hoenn se llama Aredia. Sin embargo, cuando entré en su casa, no era Aredia quien custodiaba los datos; sino un chico del sur llamado Fidel.
Fidel era conocido en la comunidad de entrenadores por su habilidad en los combates on-line. Había perfeccionado una estrategia ofensiva consistente en llenar de espinas la cancha de combate con sus Pokémon y, tras esto, generar fuertes vientos en el campo que forzaran a los Pokémon rivales a moverse por el terreno, clavándose las espinas del suelo y debilitándose. Pero no era este el motivo por el que Fidel se había hecho conocido, sino porque sabía como generar un Pokémon de la nada, escribiendo su código de programación en un ordenador. Tras haberlo escrito, tan sólo había que ir a recuperarlo para obtener un Pokémon de carne y hueso.
No me dijo ni hola; sólo me preguntó.
-¿No llevarás encima a algún Pokémon de primera generación, verdad?
-Siempre llevo encima a mis Pokémon de primera generación.
Los entrenadores más veteranos, los que empezamos a jugar en la década de los noventa, fuimos castigados con una ley llamada “Ley de incompatibilidad de trasvase“.
Según esta ley, los Pokémon de primera y segunda generación no pueden ser trasvasados a la tercera ni a ninguna de las posteriores. Actualmente, la quinta generación de Pokémon, que es la que se utiliza en los torneos oficiales, admite Pokémon de la tercera, la cuarta y la quinta generación; pero los Pokémon de primera y segunda deben ser abandonados para no poder ser utilizados nunca más.
Mis pokémon de primera generación son una reliquia en un viejo cartucho de GameBoy que ya no puede utilizarse en modo multijugador.
-¿Qué haces?
-Se llama máquina 1A5. Acabo de perfeccionarla y está a punto para ser utilizada.
-¿Para qué sirve?
-Sirve para transformar Pokémon de primera generación en pokémon de quinta generación. Lee el código de programación de ese Pokémon viejo y lo renueva para que pueda ser utilizado en los combates actuales.
No pude aguantar las ganas de revivir a mis viejos pokémon monocromos. Introduje mi cartucho de Pokemon Amarillo en la máquina y, después de años de inactividad, apareció Fearing, mi viejo Fearow, dispuesto para jugar de nuevo en las plataformas actuales.
A continuación se explica el funcionamiento de la máquina 1A5 para los entrenadores que deseen revivir a sus viejos pokémon. Aviso de que requiere conocimientos básicos de mecánica Pokémon.
1. Calcular a partir del valor de especial de un pokémon de Primera Generación, el valor de ataque especial y defensa especial que tendría en la quinta generación. El cálculo se simplifica utilizando los stats base de estas tres características y haciendo reglas de tres. Los stats base de la primera generación pueden ser encontrados en viejas Pokédex que aún contengan datos antiguos, como la de Pokémon Dungeon. Una vez que se conocen los tres valores base, se realizan reglas de tres que permitan el cálculo de las nuevas variables.
Queremos transportar de la primera generación a la quinta a mi Tangela, que se encuentra en nivel 51. El valor de especial de mi Tangela es de 129 puntos. El valor base de especial de un Tangela es de 100 puntos; el valor base de ataque especial de 100 puntos y el valor base de defensa especial de sólo 40 puntos. Por tanto, los valores totales de ataque especial y defensa especial realizando reglas de tres para mi Tangela serían de 129 puntos y 52 puntos aproximadamente. Dichos valores pueden consultarse en la vieja Pokédex de Pokémon Dungeon.
2. Calcular los IVs del Pokémon. Para ello utilizaremos la calculadora de IVs de Pokéxperto. Para usar dicha calculadora, hay que seleccionar el Pokémon, el nivel en el que está y asignarle una naturaleza a nuestro antojo (en la primera generación los Pokémon no tenían naturaleza). Tras esto, hay que introducir los valores de las estadísticas de nuestro Pokémon (las que aparezcan en el juego de GameBoy) y los EVs del Pokémon. Como seguramente desconozcamos los EVs, asumiremos que éstos han sido repartidos homogéneamente y que cada característica posee 85 EVs de valor. Tras esto calculamos los IVs.
3. Ahora necesitamos el Programa PokéGen, que puede ser descargado desde este enlace. Este programa se ejecuta bajo Windows y sirve para crear Pokémon a nuestro antojo. No hay versión para Mac, aunque se ejecuta sin problemas bajo Wine (no bajo Parallels). Cuando se cree el Pokémon, hay que ser especialmente cuidadoso en que el origen del Pokémon sea coherente con el nivel del mismo y con la zona en la que fue encontrado.
En el caso de mi Tangela, lo programaremos diciendo que proviene del juego Verde Hoja, en Kanto, y que fue encontrado a nivel 17. En el juego original de Verde Hoja existen, efectivamente, Tangela salvajes en Kanto que pueden ser capturados a nivel 17.
4. Calcular una PID (Pokémon ID) válida para el Pokémon. Para ello, iremos a la pestaña de PokéGen llamada Principal y le pediremos al programa que nos la calcule usando el botón que aparece junto al cuadro de diálogo. Es posible que el programa tenga que modificar alguno de los IVs que habíamos calculado con la calculadora de Pokéxperto. Una vez que tengamos una ID, guardamos el Pokémon en una carpeta.
5. El último paso es entrar en Pokécheck. Pokécheck es un servicio Pokémon en el que nos abriremos una cuenta gratuita y subiremos el Pokémon que habíamos creado y guardado con PokéGen. Lo primero que hay que realizar con Pokécheck es un análisis de legalidad del Pokémon para ver si existen errores en el Pokémon que hemos generado con PokéGen.
Si no existen errores, seguimos las instrucciones de Pokécheck y cambiamos la DNS que usa el juego de Pokémon Blanco y Negro para conectarse a internet. Tras haberlo hecho, la próxima vez que entremos a la GTS recibiremos una Pokéball, dentro de la cual aparece nuestro ansiado Pokémon de primera generación, pero actualizado para la quinta.
PD: No estaría de más comprobar que el pokémon no está corrupto. Para ello sólo hay que entrar en el Emparejamiento Aleatorio por Internet del juego. Si nos deja entrar y comienza a buscar contrincantes, el Pokémon funciona a la perfección.
“Si los niños ven que sus padres gastan parte de su sueldo en sus libros de texto, aprenderán desde pequeños que es necesario invertir en su propia educación.”
Sé que esta afirmación es falsa por dos motivos: el primero de ellos es que mi generación, que debía pagar por sus libros de texto, no tiene una gran sensibilidad hacia la propia inversión en educación; el segundo, que en los países con mejor nivel educativo, los libros son gratuítos. Sin embargo, sigo aferrándome a ella.
El último libro de texto que compré me costó cien euros y pico. No entendí este gasto como un despilfarro, sino como una inversión en mi propia educación. Creo que está bien destinar parte del presupuesto doméstico a la educación. También creo que es una buena medida de concienciación acerca de esta necesidad que los libros de texto supongan una inversión a las familias cada mes de septiembre. Estoy a favor de este copago en educación porque se puede entender que tiene un transfondo y una intención instructiva.
Pero estoy en contra del famoso euro sanitario.
-¿Eso es porque crees que la inversión en salud, a diferencia de la inversión en educación, no debe ser parte del presupuesto doméstico?
-No, no es eso; la salud debería ser parte del presupuesto doméstico.
-Entonces, ¿es porque crees que el euro sanitario es una medida disuasoria? ¿Acaso el precio de un libro no es una medida disuasoria?
-Es cierto, ambas disuaden, pero…
-…¿crees que el copago sanitario hará que los pacientes acudan en estadíos más avanzados de su enfermedad y esto saldrá a la larga más caro? ¿Acaso no es igual de caro que la población no esté bien educada porque no estudia por el precio de los libros?
-Tampoco.
-Sin embargo, ambos copagos tienen algo en común.
-¿El qué?
-Dos cosas. La primera: que ambas son medidas recaudatorias con fines supuestamente educativos para la población, al aumentar la responsabilidad individual y disminuir la del Estado.
-¿Y la segunda?
-Que la evidencia disponible no ha demostrado claramente que cumplan ese tan supuestamente bienintencionado fin.
Mario abría cajas con la cabeza. Nunca sabía lo que se iba a encontrar dentro: a veces, era una triste moneda; otras, un champiñón mágico que servía para crecer; en raras ocasiones, aparecía una estrella de invencibilidad o una flor de fuego. Nunca se quejó de cefaleas, y eso que el sistema de recompensa era cruel: el que quería un premio, tenía que golpearse el cráneo contra una caja de metal dorado.
Falta menos de un mes para acabar mi residencia. Me dijeron que hiciera un análisis DAFO en el que contemplara todas mis posibilidades futuras: ofertas de trabajo, continuación de estudios, becas e inmigración. Porque en la vida real, a diferencia de en el Super Mario Bros, a veces hay que elegir una sola caja de recompensa y rechazar las demás.
Hoy sopeso cada una de las cajas para quedarme con la que crea mejor. Tendré que abrirla con la cabeza. Es curioso, pero ya la sola actividad de elegir una caja, me produce cefalea.
Acabo de terminar de ver esa película “Criadas y señoras”. Quizás habría sido más culto decir que he leído la novela; pero no, yo lo que he hecho ha sido ver la película.
La historia trata de las sirvientas negras que trabajaban en las casas de las señoras blancas del Mississippi durante los años sesenta: cómo éstas eran humilladas y amenazadas por sus amas con el único consuelo del silencio y la resignación. Cuando las criadas negras deciden aunar esfuerzos para reunir las crónicas de sus maltratos y publicarlos en un libro que recopile sus penurias, se dan cuenta del poder de la unión.
Menos mal que hoy en día no existe en nuestro medio una discriminación racial como la que se muestra en la película. Sin embargo, sí que existen colectivos explotados por otros, y muy injustamente. ¿Se imaginan que el estamento pobre y silenciado decidiera denunciar su situación en un libro? Les propongo algunos títulos, para que reflexionen sobre ellos:
Estudiantes universitarios y profesores.
Eternos becarios y empresarios.
Funcionarios por oposición y políticos.
Médicos internos residentes y personal hospitalario.
Hipotecados por una vivienda y banqueros.
Desde luego, la tarta de chocolate se ha convertido en un símbolo después de esta película.
Parece que los recortes en sanidad ya están más que confirmados y a los sanitarios sólo nos queda esperar para ver en qué consisten. Me gustaría pensar que nuestros gobernantes son personas preparadas, que estudiaron en su día que hacer recortes no es simplemente coger una tijera y hacer cambios de modo que donde antes se invertía 2 ahora se gaste sólo 1. Yo confío en ellos y por eso sé que no faltarán voces que les dirán que el recorte no es reducir la inversión en Sanidad, sino racionalizar el gasto de modo que nuestro sistema de salud cueste menos, sí, pero como resultado de una reforma profunda que no afecte al nivel de salud de la población.
Recortar así es más difícil. Pero, ¿quién dijo que dirigir un país fuera sencillo?
Los señores políticos han abierto cuentas en redes sociales en las últimas campañas electorales; estoy seguro de que lo han hecho porque quieren participar en la conversación social. En ese sentido, quizás les interese qué haría yo para recortar. Es cierto que me faltan conocimientos macroeconómicos, microeconómicos, en Medicina Preventiva y en Gestión de la Salud, conocimientos que ellos poseen en mayor grado que yo para efectuar reformas. Sin embargo, yo conozco el día a día de esta empresa (la Sanidad), sus clientes (o pacientes) y sus profesionales (o sanitarios).
1. Yo, por ejemplo, nunca recortaría en personal; sino que reestudiaría las plantillas. ¿Se acuerdan ustedes de lo que paso hace unos meses en Madrid, cuando quisieron ampliar la jornada laboral de los residentes de 35 horas a 37,5 horas semanales? Eso sentó como un escupitajo en la cara, porque los políticos deberían haber sabido que los residentes alcanzamos fácilmente las jornadas de 50 horas semanales. Y lo hacemos por vocación, porque nos gusta ejercer nuestra profesión bien y porque hacemos falta.
No creo que sea una medida muy popular recortar en personal. Replantearse cómo están las plantillas es más eficiente. Por ejemplo, firmar contratos más largos permite que los médicos realicen con sus pacientes medidas a largo plazo, que son más baratas. Por otro lado, reforzar las plantillas de limpieza y de celadores permite que los médicos no tengamos que gastar nuestro tiempo en labores de limpieza y de celadores. No es que estas labores sean indignas, pero estoy seguro de que si ustedes gestionaran un aeropuerto, jamás invertirían el tiempo de un caro piloto en facturar maletas. Facturar maletas es una labor muy necesaria pero que puede realizar alguien por un salario menor. Y llegados a este punto, sepan que la digitalización también tiene un precio. Abrir ordenadores, cargar bases de datos, pelearse con el software y plasmar la historia clínica electrónica son labores necesarias, pero que consumen el tiempo del médico y que pueden ser asumidas por personal administrativo.
2. Tampoco recortaría en Farmacia. Me da cierta pena imaginar a las compañías farmacéuticas mordiéndose entre ellas por cuál es capaz de ofrecer el genérico más barato. Tampoco quiero pensar en el margen de beneficio que obtiene el farmacéutico vendiendo productos que no alcanzan ni siquiera el euro. Puede que así se ahorre, pero, pensando integralmente, ¿eso no estrangula la Economía, al reducir los beneficios de industria y farmacéuticos?
Quizás tendría más sentido promocionar la prescripción racional y crear un entorno en el que el profesional de la salud se sintiera respaldado y no forzado a realizar Medicina Defensiva. Ilustrándolo con un ejemplo, yo no trataría de ahorrar incentivando la producción de omeprazol al mínimo coste, sino que potenciaría que se prescribiera omeprazol a quien realmente lo necesita.
3. No debería recortarse en prevención. Muchos de nuestros dirigentes políticos son médicos preventivistas. Eso es genial, porque en el primer capítulo de los libros de Medicina Preventiva se habla de los determinantes de la Salud y se explica que la Salud depende mucho más del estilo de vida y de las condiciones del entorno que del Sistema Sanitario. Espero que los políticos no se olviden de esto al hacer recortes. Espero que no se olviden de que la Salud tiene que contruirse a largo plazo (y no sólo para una legislatura). Que no se puede recortar en campañas antitabaco y que promocionar un estilo de vida activo con una dieta sana es más barato que pagar antihipertensivos y antidiabéticos orales. Yo sé que no se olvidarán y que no recortarán en lo más importante.
Y que tampoco olvidarán que el ojo del amo engorda el ganado. Que no pueden ahorrar legislando desde sus torres de marfil. Que deben conocer los centros de Atención Primaria y los hospitales en el día a día, no en visitas oficiales. Así descubrirán que la calefacción puede estar puesta con las ventanas abiertas (esto último puede ser interpretado al pie de la letra y como una metáfora).
4. Y por último, yo jamás reduciría el coste utilizando medidas disuasorias como el euro por receta o el euro por visita médica. Eso sólo sirve para que los pacientes acudan al médico más tarde, en estadíos más avanzados de sus enfermedades, que normalmente requieren tratamientos más costosos (más costosos que el euro que se recauda).
Sin embargo, sí invertiría en educación. ¿Qué porcentaje de la población sabe que la primera elección para el tratamiento de un dolor es el paracetamol? Hagan la prueba, pregunten y se sorprenderán. ¿Cuánta gente sabe diagnosticarse una resfriado simple y tratárselo? Hagan la prueba, pregunten y se sorprenderán. ¿Cuánta gente sabe que ante una paresia de un miembro superior hay que ir corriendo a urgencias hospitalarias? Hagan la prueba, pregunten y se sorprenderán. Cuando salgan de su sorpresa, piensen en que seguramente usted y su círculo sean personas con inquietudes y que probablemente no sean representativos del nivel de conocimiento sanitario de la población general. Piensen ahora en el dinero que se ahorraría si toda España supiera responder estas tres preguntas.
Si hay algún político que haya localizado este texto y que haya llegado hasta aquí, gracias por su tiempo y por leer mi opinión. Yo confío en ustedes. No me decepcionen. Se lo pido por favor.
-A ver si me entero. Cuando pagas una hipoteca, pagas dos cosas a la vez: por un lado parte del dinero de cada mensualidad está destinado a amortizar tu préstamo, mientras que otra parte es para pagar los intereses de dicho préstamo.
-Así es.
-Pero si es una vivienda habitual, a la hora de hacer la declaración de la renta, Hacienda te devuelve el 15% de lo que has pagado en hipoteca a lo largo del año.
-Exacto.
-Eso es lo que no entiendo.
-¿Por qué?
-Porque, a efectos prácticos, lo que al final ocurre es que Hacienda le está dando al banco el 15% del importe de mi hipoteca. Yo lo único que hago es adelantarle al banco ese dinero. Es decir, cuando se resumen las cuentas lo que se deduce es que entre todos los españoles le damos al banco el 15% del valor de todas las hipotecas concedidas. De España directamente a los bancos.
-Eso no es así.
-¿No?
-No.
-Entonces, ¿cómo es?
La primera vez que quise enviar un artículo a una revista, me quedé con cara de tonto cuando me pidieron el cover letter: la verdad es que no tenía ni idea de qué era eso ni para qué servía. Imaginad la situación: tienes un manuscrito elaborado tras muchas horas de trabajo; has elegido la revista que crees más adecuada para que lo publiquen; te has peleado con el sistema informático de Elsevier y, cuando parece que todo va a finalizar, te piden ese dichoso cover letter, parece que por el placer de fastidiar.
He hecho muchos cursos durante la residencia, pero el curso de planificación y escritura de artículos científicos al que asistí el mes pasado en mi hospital ha sido, sin lugar a dudas, uno de los más interesantes. Y fue precisamente aquí cuando aprendí por qué el cover letter no sólo es una mera formalidad.
Comencemos por el principio, un cover letter no es más que una carta de presentación de tu artículo. En la mayoría de las revistas, el manuscrito lo recibirá el editor, que es una de las personas qué más manda en la revista. Lo primero que leerá este editor será el título de tu artículo y el cover letter que has escrito. Sólo con esta información, y sin ni siquiera leer tu manuscrito, el editor tiene la potestad de rechazar el artículo o de darle un voto de confianza y enviarlo a los revisores. Así pues, el cover letter tiene la importante misión de romper la primera barrera en la admisión de un artículo: el temible editor.
Pero, ¿qué hay que escribir en el cover letter? Hay alguna información que es obligatoria. Esta información es la siguiente: que el texto enviado es original, que todos los autores están de acuerdo con él, que ninguno de los autores tienen conflicto de intereses (o si lo tienen explicarlo), que el artículo no está siendo evaluado en otra revista y que, cuando procede, los experimentos realizados cuentan con el visto bueno del comité de ética del centro.
Sin embargo, aunque la información anterior es de obligatoria inclusión, hay algo más importante que contar: por qué has elegido esa revista y por qué lo que tienes que contar es importante.
La primera pregunta, por qué has elegido esa revista y no otra, no es fácil de responder en un mundo lleno de revistas muy parecidas entre ellas. No se trata de contestar haciendo la pelota sin que se note que estás haciendo la pelota. Se trata de dar argumentos válidos y de peso. Se puede decir que se envía precisamente a ese sitio porque, históricamente, la revista ha publicado acerca de ese tema anteriormente. O porque ha publicado artículos con estructura similar. ¿Qué tendría que responder tu pareja si tu le preguntases que por qué te ha elegido a ti y no a otro? ¿Qué te gustaría escuchar? Pues ya sabes.
En segundo lugar, argumentar por qué lo que uno envía es importante es mucho más complejo. Requiere un conocimiento profundo acerca del tema del que se ha escrito, haberse empollado los artículos de referencia lo suficiente como para explicar por qué es necesario seguir aportando literatura científica en ese campo y citar las diferencias que tiene el texto propio respecto a los textos anteriores para remarcar que lo nuestro no es una simple copia.
De aquí al domingo tengo que escribir un cover letter con estos nuevos consejos. Os mantendré informados de cómo me ha ido.











