@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Nadie sabe…

30.04.2007


Ya no hay sol, ya no hay luna: no estoy yo, no estás tú…

…nadie sabe por qué el cielo sigue brillando.

De “Mesecina” de Goran Bregovic.


Esta tarde he ido a ver una barbaridad; o mejor dicho, a ver seis barbaridades consecutivas. Y me ha gustado. Con la actualización de hoy no pretendo crear un foro de debate sobre el aspecto ético de las corridas de toros ni sobre la conveniencia de que este espectáculo se llame la “fiesta nacional”.

Sin embargo, sí me gustaría hablar de el gran número de espectáculos crueles que vemos cada día en los medios sin que nos suponga ningún trauma.

Por ejemplo, es una gran crueldad el trato que el “Tomate” le da a Kiko Rivera Pantoja y nadie parece escandalizarse por ello. Tampoco parece impresionar mucho el estreno de películas como Saw, Saw 2 y Saw 3 y eso que son tres barbaridades en celuloide. Y ni se os ocurra mencionar en ambientes frikies la violencia de la saga de Saint Seiya, en cuyo primer capítulo un caballero le origina a otro una hemorragia gástrica a base de puñetazos y en el nombre de Atenea.

Aún tenemos que plantearnos muchas cosas sobre la violencia en nuestra sociedad.


Pueden participar en el juego del laberinto sobre pantano tantos jugadores como deseen. Para los niños, se aconseja acotar una zona de terreno, como un parque infantil, y jugar usando fichas de parchís. Los adultos necesitan zonas más amplias, como el mundo entero, y ellos mismos hacen de sus propias fichas.

El objetivo del juego es llegar a un punto final del laberinto previamente acordado por todos los jugadores. Puede haber varios ganadores y varios puntos de destino.

Por turnos se tira el dado, debiendo avanzar tantos pasos como el dado marque. Cada jugador es libre de decidir la longitud de los pasos que desea dar: desde pasos de hormiga a grandes zancadas. La longitud de los pasos puede variar en cada turno en función de las necesidades del participante.

En las bifurcaciones, los números 1, 3 y 5 en el dado obligan a seguir el camino de la izquierda, y los números 2, 4 y 6 el de la derecha. Sólo cuando el dado caiga sobre una superficie irregular, el jugador es libre de escoger su propio camino.

El juego del laberinto sobre pantano tiene la belleza de todos los juegos que no necesitan árbitro. El propio juego se encarga de castigar tanto a los indecisos que avanzan lentamente como a los intrépidos que no miden las consecuencias de sus actos. El castigo consiste en soportar las inclemencias de la flora y fauna del propio laberinto en el día a día.