@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon


No te creas las estadísticas (4/10)

ER-z es un extraterrestre que estudia la carrera de Estadística en la Universidad Marciana. Su proyecto fin de carrera consiste en hacer un estudio acerca del color del pelo de la población sevillana. Para ello, la Universidad Marciana ha costeado a ER-z un viaje al planeta Tierra, a Sevilla, para tomar una muestra de población y así poder hacer su estudio.

He hecho un descubrimiento sorprendente -comentó a la vuelta ER-z a su tutor. Tomé una muestra de cinco personas al azar, les hice esta foto y dio la casualidad de que los cinco eran pelirrojos. Esto me obliga a elaborar una teoría: si el color del pelo fuera igual en Sevilla que en el resto del mundo, sería una casualidad muy improbable haber obtenido un resultado como el mío, con tantos pelirrojos. Así pues, el resultado de mi estudio es que el porcentaje de pelirrojos de esta ciudad debe ser superior al del resto de ciudades terrestres.

¿Es correcto el razonamiento de ER-z?

Aunque nosotros sepamos que en Sevilla la proporción de pelirrojos no es superior al del resto del planeta, ER-z no se ha equivocado en ningún momento, tan sólo ha tenido mala suerte con la muestra que ha tomado de la población sevillana.

Cuando un estudio estadístico dice que una población (en nuestro caso Sevilla) es diferente de las demás cuando en realidad no lo es, se está cometiendo un error llamado error alfa, que es en el que ha caído ER-z.

Por definición, cometeremos un error alfa en el 5% de los estudios en los cuales no haya diferencias reales entre lo esperado y lo observado. Esto es muy fuerte: quiere decir que 1 de cada 20 muestras de sevillanos dirá que los colores de pelo de los sevillanos son diferentes al del resto de España cuando en realidad todos sabemos que no es así.

La parte de la Estadística que se dedica a generalizar los resultados de una muestra a una población general recibe el nombre de Inferencia. La ventaja de esta ciencia es que reconoce que el error alfa siempre estará presente y por tanto permite controlarlo a nuestro antojo, aunque nunca llegue a eliminarlo del todo. Es una ciencia que ha conseguido que el malo esté de nuestra parte.


Capítulo XVI

Vientoblanco apareció en las praderas que rodean el Lago de la Furia, al norte de Johto. Aunque fue un encuentro casual, alguien que crea en el destino diría que tarde o temprano tendríamos que habernos conocido.

Cuando dos entrenadores se encuentran, es costumbre medir fuerzas mediante un combate. En aquel momento, no me fiaba mucho de mi recién evolucionado Gloom, pero como Vientoblanco se identificó como entrenador de Pokémon tipo agua, supuse que la ventaja de tipo me haría ganar una victoria fácil con mi nuevo Pokémon.

Las cosas no fueron para nada así. Él sacó a su Staryu y me venció fácilmente. Una vez que me hubo ganado se rio y me dijo:

¿Sabes por qué has perdido? Porque, permíteme que lo diga, creo que no te gusta tu Pokémon.
Claro que no me gusta. Antes era un Oddish adorable. Pero ahora se ha convertido en una cosa que huele mal y babea. Yo no he escogido esto, pero me tengo que resignar…
Ah, pero es que nadie escoge su futuro -me interrumpió. Tu error se basa en que no tienes que resignarte a tener un Gloom, tienes que aceptar que lo tienes. Y así las cosas empezarán a cambiar. Voy al sur, a ciudad Endrino. ¿Te gustaría acompañarme en esta parte de tu viaje?


Teoría de sifones: primer antipostulado

En los últimos veinticinco años no sólo hubo cosas que desaparecieron y que nadie echó en falta; también llegaron grandes inventos que no fueron celebrados convenientemente.

El bolígrafo de tinta líquida fue, bajo mi punto de vista, uno de ellos: por cien escasas pesetas podías permitirte escribir con la elegancia de una pluma estilográfica sin necesidad de mancharte el dedo índice. Sería el adios definitivo a la tinta pegajosa del Bic, que dejaba ocasionalmente pegotones de tinta e islotes blancos. Sería una versión mejorada de la pluma y el palillero pero que no necesitaba ser recargada.

Llegó y todo el mundo siguió con sus vidas, sin alegrarse siquiera. Seguramente el motivo fuera que se pensaba que la inminente era digital supondría una revolución en la que el papel escrito dejaría de existir. A día de hoy, ese momento aún no ha llegado, aunque tal vez esté menos lejano. El bolígrafo de tinta líquida corrió la misma suerte que esos niños que nacen el tres o el cuatro de enero y que por la proximidad al día de los Reyes Magos nunca se llevan regalos de cumpleaños.