@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon


32ª edición del viernes frikiemédico

Hoy hace un día precioso: los parajitos cantan y las nubes se levantan; así que aprovecharemos para repasar las lesiones traumáticas de los nervios periféricos.

Como bien sabéis, un nervio es como un cable que va desde la médula espinal hasta el músculo que inerva. En su recorrido, se puede lesionar en tres grados de intensidad diferentes. En el grado I o neurapraxia, no hay rotura de ninguno de los componentes del nervio. El grado III o neurotmesis es la sección total del nervio resultando dos cabos libres. El grado II o axonotmesis es una rotura parcial y es la que vamos a explicar hoy.

Para ello, compararemos el nervio con una bolsa de espaguetis. Los espaguetis, en el interior de la bolsa, harán las veces de axones nerviosos y la bolsa que los envuelve será el perineuro, el tejido que se dispone alrededor de los axones.

La axonotmesis es la rotura de los axones manteniendo la integridad del perineuro. Esto ocurre porque los axones son menos resistentes que el perineuro. En nuestro ejemplo, imaginemos que queremos doblar la bolsa de espaguetis: seguramente los espaguetis, que al igual que los axones son más frágiles, se partan por la mitad; sin embargo, la bolsa, como el perineuro, quedará intacta.

Acabamos de asistir a una axonotmesis culinaria.

A oscuras

29.11.2007


La noche del 22 de julio de 2004, Zapatero apenas llevaba unos meses en la Zarzuela, Bush hacía sus planes sobre Oriente Medio y Elena y yo nos tumbamos en medio de la nada a ver las estrellas.

La mitad de la nada se llama Bitashevo y está entre Serbia y Rumanía. No hay luces de ningún tipo a muchos kilómetros a la redonda y de noche la oscuridad da miedo. Yo, cateto de ciudad, nunca había visto un cielo estrellado y me tumbé sobre una manta para observarlo bien.

En este improvisado observatorio, a Elena y a mí nos hicieron la foto que publico hoy. Al rescatar la foto, recordé que estabamos teniendo una conversación muy interesante, pero no hilvanaba acerca de qué. Así que cuando quise dedicarle a Elena la actualización de hoy (porque hoy es su cumpleaños), busqué la conversación en mi cuaderno de viaje.

El tema me ha sorprendido tanto que no voy a escribirlo, puesto que pertenece a nuestra intimidad, pero sí os dejo un fragmento de lo que ocurrió al día siguiente:

Девети дан: Пећина, манастир, моја стипендија.
(Día nueve: Cuevas, monasterios, mi beca).

El sol de Serbia me despierta a las cinco de la mañana envuelto en mantas en el jardín de la casa de campo de Miroslav. Me doy la vuelta y veo que no soy el único que se ha quedado dormido mirando las estrellas; Jitka y Odi están unos metros detrás de mí. Me vuelvo a dormir. A las siete me despiertan treinta mil moscas que vienen al olor de las tortitas con miel y queso feta que sobraron anoche.

Domínguez E. Cuarenta y ocho días en los Balcanes.

Hipocondría

28.11.2007


Me levanto por la mañana con fiebre y dolor en las muñecas. Inevitablemente, me palpo las articulaciones para descartar una artritis reumatoide o algo por el estilo.

Me exprimo dos naranjas para desayunar y me tomo un ibuprofeno, sintiéndome un poco culpable por bajar demasiado el pH de mi estómago y por el riesgo de úlcera gástrica al que voluntariamente me estoy sometiendo.

Valoro subir por omeprazol al botiquín, pero al final desecho la idea porque el omeprazol puede producir náuseas y vómitos.

Con dolor de cabeza y garganta, comienzo a estudiar Hematología, que es lo que toca, y no puedo evitar pensar que en lugar de un simple resfriado puedo tener un linfoma. O una mononucleosis. O una primoinfección VIH. Descarto por imposibilidad este tercer diagnóstico y retiro un poco los libros para palparme bien el cuello, el hígado y el bazo y asegurarme de que lo mío no tiene importancia.

Mi madre me prepara para almorzar un filete de ternera y una tortilla de coliflores y me alegro porque pienso que el efecto carcinogénico de la ternera sobre el colon quedará parcialmente reducido por la coliflor.

Me espero una hora para dormir la siesta y así evitar el reflujo gastroesofágico. Me cuesta trabajo ir al baño, mientras espero sentado intento recordar por qué no tengo apendicitis.

Pongo la tele y veo que una exconcursante de Gran Hermano se ha metido en no se qué religión porque no se encuentra a sí misma. Al parecer, ella era una chica del montón hasta que participó en ese reality, en el cual cambió su orientación sexual porque se enamoró de otra concursante. Tras un tiempo de relación, tuvo un accidente de coche, en el que su pareja quedó completamente desfigurada, así que se desenamoró de ella y se fue con otra chica, que al poco tiempo comenzó un proceso de transexualización y ahora es un chico. Con él que tiene un accidente, de moto esta vez, se parte las dos piernas y debido esta doble fractura se da cuenta de que tampoco es su pareja ideal.

Después de testimonios similares, yo, pese a mi hipocondría habitual, me considero sin motivos para desquiciarme.