@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon


El Super Smash Bros Brawl es una tontería, pero una tontería muy divertida.

El juego coge a cada uno de los protagonistas de videojuegos de toda la vida, como Super Mario, Sonic o Kirby, y los pone a pegarse leches entre ellos como en el Street Fighter de las recreativas.

Es tan relajante golpear algo cuando uno llega a casa… aunque que quede claro que no apruebo que los niños jueguen a estas cosas tan violentas.

Para los que quieran ser cruelmente golpeados por Internet, mi código de amigo: 5413 2494 4725.

Foto: Hace escasos minutos en mi Wii, la princesa Peach salta sobre Solid Snake para clavarle sus tacones en la cabeza, momento que él aprovecha para mirar su ropa interior.


Una de las enfermeras más especiales de mi planta, comete la excentricidad de usar una manta y un ladrillo en las habitaciones de los enfermos próximos a fallecer.

La manta sirve para mantener a los pacientes con vida. Es muy fácil de utilizar: funciona simplemente dejándola en la ventana; eso, según esta enfermera, aleja a la muerte.

Pero claro, no siempre interesa alejar a la muerte, porque hay pacientes que sufren y por los que no podemos hacer nada. En estas ocasiones, la enfermera usa el ladrillo, que se esconde debajo de la cama y que proporciona una muerte tranquila, rápida y sin dolor.

Mi última guardia fue la peor. No por volumen de trabajo, que fue el habitual, sino porque se me murieron dos pacientes. Eso no suele ocurrir, en mi especialidad no muere casi nadie y nunca antes había visto a alguien fallecer.

Nunca había diagnosticado una muerte. Es muy jodido, es muy muy jodido, es terriblemente jodido. Sin embargo, eso no es lo peor. Lo terrible es abrir la puerta de la habitación de la manta y el ladrillo y ver allí a la familia y decirles… ¿qué se les dice? ¿cómo se les dice? ¿qué cara se pone? ¿cómo se lo tomarán?

Me siento fastidiado. Ayer por la mañana, hablé con algunos colegas intentando explicar cómo me sentía y me riñeron: según ellos no debo encariñarme con los pacientes porque luego es difícil dejar de pensar en ellos en casa. Sin embargo, estos dos pacientes eran especiales: los había seguido y tratado con cariño; en cierto modo sentía como si su muerte dependiera de mí.

Afortunadamente, por la tarde, al hablar con esa chica tan coherente de Medicina Interna, no sólo me comprendió sino que me confesó que a ella en ocasiones le había pasado lo mismo. Eso me consoló. Más tarde, al chaval de Cardiología que siempre sonríe cuando se encuentra conmigo, le comenté cómo me sentía y que me escuchara me reconfortó.

Y así, con un extraño sentimiento, mezcla de dolor, resignación y consuelo, acabé de un trago el whisky con cocacola que me estaba tomando y comprendiendo cada vez menos qué es esa cosa rara a la que llamamos vida, sólo pude extrañarme al comprobar el papel que el destino ha hecho que tenga que desempeñar en este mundo.

ABC

19.10.2008


No me gusta salir en el periódico.

Después de haber escrito esto, parece que estoy en el periódico todos los días, pero no es así; creo que es la primera vez que hay una foto mía, o al menos que yo recuerde.

El problema es que nadie se lo cree: después de haber dicho por activa y por pasiva que no me ha gustado que se imprima mi foto, todo el mundo me responde: “¡Anda ya! ¡Pero si te encanta!”.

Un lector: ¿Y si no te gusta, por qué cuelgas esa foto en el blog?
Emilienko: Para recordar que tenga más cuidado la próxima vez.

Foto: ABC 19/10/08. Día de San Lucas en el Colegio de Médicos, Rocío y yo.