@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon


Como sabéis, llevaba mucho tiempo queriendo comprarme un Mac; pero debido a que son más caros que el resto de los ordenadores y a que no usan Windows, no acababa de decidirme.

El viernes pasado, (todo sea dicho de paso, después de haber asistido a la muerte repentina e inesperada de una paciente joven) me asaltó ese sentimiento que a veces sufrimos los médicos acerca de la fragilidad y brevedad de la vida y de la necesidad de vivir el momento. Así pues, ni corto ni perezoso, tras salir del hospital, me fui a la tienda Mac de Los Remedios y pagué una cantidad nada despreciable por mi nuevo ordenador.

Llegué a casa feliz. Ya sé que no está demasiado bien obtener felicidad con las cosas materiales; pero bueno, la verdad es que yo estaba bastante contento. Tal era mi alegría, que obligué a mis familiares a asistir al proceso de desembalado y de montaje del ordenador.

Pasé más de cuatro horas jugando con el nuevo sistema operativo, me fui a la cama, dormí pocas horas y a las siete de la mañana del sábado siguiente, muerto de impaciencia, me levanté para seguir probando mi nuevo juguetito.

Sin embargo, con la luz del día, me di cuenta de algo de lo que no me había percatado la noche antes: el cristal de la pantalla tenía un pequeño picotazo.


Un día de la semana pasada, al levantarme por la mañana, descubrí en el espejo que tenía una cana, mi primera cana. No le di mucha importancia; al peinarla quedó oculta por el resto del pelo y no se notó.

Sin embargo, sí que noto que desde hace unos meses me echan más edad de la que realmente tengo. La mitad de mis compañeros residentes de primer año, al conocerme, creían que estaba a punto de acabar la residencia (es decir, tenía casi treinta años). Una mañana, incluso una médico llegó a preguntarme si Otorrinolaringología era mi segunda especialidad.

El colmo ocurrió en la guardia de ayer. Por ser Nochebuena, todo el mundo estaba muy amable; en un pasillo, uno de los jefes de Urgencias se paró, me felicitó las Pascuas y cordialmente me preguntó:

-¿Y hoy estás tú sólo de adjunto de Otorrino? ¿No hay contigo ningún residente?

A pesar de todo esto, me niego a teñirme mi cana.

Días prenavideños

21.12.2008


Estos días prenavideños han sido todo un jaleo. Para que os hagáis una idea, os dejo un resumen en cifras:

1150 kilómetros recorridos con el coche.
100 o más fotos en las que salgo haciendo el tonto.
24 pacientes urgentes y 1 emergente.
8 canciones bailadas en Stepmanía.
6 temas de Otorrino repasados.
4 paseos en Sevici.
4 capítulos vistos de Series Yonkis.
3 noches fuera de casa.
3 comidas de Navidad.
2 nuevas ciudades conocidas.
2 sudokus resueltos.
2 o menos unidades diarias de frutas y verduras.
1 décimo de Lotería Nacional.
1 ligue.
1 catarro de vías altas.
0,5 días de gimnasio.
0,5 nuevas piezas preparadas al piano.
0 días dedicados a mi proyecto de investigación.

A veces me pregunto si mi vida está muy llena o muy vacía.

Foto: Flan de huevo del postre de la última comida de Navidad.

12