@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

En el año 1992, un grupo de trabajo canadiense consiguió revolucionar al mundo médico cuando publicó por primera vez el concepto de Medicina Basada en la Evidencia.

La Medicina Basada en la Evidencia (MBE para los amigos) consiste más o menos en usar tratamientos porque es evidente que funcionan, sin saber exactamente cómo o por qué lo hacen. Es decir, “yo le receto a usted esta pastilla porque sé que le va a poner mejor; pero no me pregunte por qué le va a poner mejor, porque no tengo ni idea. La pastilla simplemente funciona y eso es lo importante, ¿no?“.

Con la MBE hemos dejado de utilizar la ciencia médica, que intentaba demostrar causas y consecuencias, para utilizar otra ciencia mucho más peligrosa: la Estadística.

El problema de la Estadística es que es la ciencia de la incertidumbre. Es una doctrina que por definición es incapaz de asegurar si algo es verdad o mentira: después de complicadas cuentas, al final sólo te acaba informando de la probabilidad de que unos datos sean diferentes de otros datos. Al cerebro humano le cuesta trabajo asimilar un concepto tan abstracto.

Para simplificar esta idea tan difícil, la MBE crea cuatro “niveles de evidencia“; cuatro peldaños de una escalera qué están más o menos cerca de la verdad. De forma bastante simplificada los peldaños son estos:

EVIDENCIA A: El tratamiento funciona porque los médicos saben diferenciar a los pacientes que siguen un tratamiento de los que no lo hacen, sin necesidad de preguntárselo.

EVIDENCIA B: El tratamiento funciona porque los médicos saben diferenciar a los pacientes que siguen un tratamiento de los que no lo hacen, pero saben de antemano si hacen ese tratamiento.

EVIDENCIA C: El tratamiento funciona porque los médicos ha cogido a los pacientes que han tratado en el pasado y los han comparado con gente de por ahí que no está tratada y han llegado a la conclusión de que el tratamiento funciona.

EVIDENCIA D: El tratamiento funciona porque un grupo de médicos expertos en la materia dice que el tratamiento funciona.

Y aquí acaban los grados de evidencia. Pero yo, dentro de mi humildad conn la Estadística, me atrevo a proponer nuevos grados para ajustarlos a mi práctica clínica diaria:

EVIDENCIA E: El tratamiento funciona porque un solo médico dice que funciona, sin poder aportar ninguna referencia bibliográfica que lo confirme.

EVIDENCIA F: El tratamiento funciona porque un solo médico, que es residente en sus primeros años (como yo) dice que funciona. Son las cuatro de la mañana y no puede aportar ninguna referencia bibliográfica que lo confirme.

EVIDENCIA G: El tratamiento funciona porque un solo médico, que es residente den sus primeros años (como yo), sabe que funciona en enfermedades parecidas. Son las cuatro de la mañana y sabe que el tratamiento “no lo va a poner peor”. Muy utilizado en el uso de corticoides intramusculares e intravenosos.

EVIDENCIA H: El tratamiento funciona porque el paciente sabe que funciona. Son las cuatro de la mañana y el paciente se lo hace saber a un residente en sus primeros años (como yo), amenazándolo físicamente si no se lo prescribe.

EVIDENCIA I: El tratamiento funciona porque el vecino del paciente dice que funciona. Son las cuatro de la mañana y el paciente se lo hace saber al residente de primeros años (como yo), amenazándolo físicamente si no se lo prescribe.

EVIDENCIA Z: El tratamiento simplemente no funciona, pero el médico lo prescribe para que el paciente “se crea que está tomando algo” y haga efecto placebo.

Nota: Escrito en un saliente de guardia.

No me apetecía mucho tener que ponerme a organizar una asociación de médicos residentes; es algo que da muchos problemas, que no me aporta demasiada satisfacción y para lo que no me siento en este momento con la fuerza suficiente.

Por eso, me alegro de que haya nacido un proyecto sólido, independiente de Amircand; al que le deseo mucha suerte. Ahora entiendo cómo se sintió Góngora cuando escribió eso de:

Traten otros del Gobierno,
del Mundo y sus monarquías.
Mientras gobiernen mis días,
mantequillas y pan tierno.
Y las mañanas de invierno,
naranjadas y aguardiente.

Y ríase la gente.

“El consumo de alcohol de una persona es inversamente proporcional a la probabilidad de aparecer en una foto de una red social de internet con un cubata en la mano.”