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Es frecuente comentar en las guardias que muchos pacientes acuden a Urgencias por enfermedades poco graves, que podrían esperar hasta el día siguiente para ser atendidas en la consulta.

También es verdad, que hay muchos pacientes que, con urgencias graves, se quedan en su casa esperando a que “se les pasen” y que cuando llegan al hospital uno se pregunta por qué no han venido a Urgencias antes.

Creo que en la zona donde vivo, hay en general poca cultura médica y no se sabe cómo usar correctamente los servicios sanitarios. Es normal: al fin y al cabo nadie ha enseñado a la población cómo hacerlo.

Además, la relación entre cómo de grave es un síntoma y cuánto preocupa ese síntoma al paciente no es siempre como debería ser, porque hay síntomas que asustan mucho, pero que no son nada graves y viceversa; síntomas que parecen muy tontos, pero que son manifestaciones de enfermedades que necesitan atención inmediata.

Por eso, se me ha ocurrido un pequeño juego, que propongo sobre todo a aquellos que no sean profesionales sanitarios. A continuación, hay descritos diez pacientes reales que he visto en Urgencias. El juego consiste en elegir en la encuesta de abajo a los cinco pacientes que, bajo vuestro punto de vista, deberían de recibir atención inmediata.

Las soluciones, próximamente.

Foto: Junto a algunos compañeros de mis guardias, en lo que queda de la puerta del hospital de Éfeso.

PEQUEÑO EXAMEN DE URGENCIAS MÉDICAS

Caso 1: Mujer 52 años. Desde hace un mes, tiene calambres en las manos por la noche y se le quedan dormidas las puntas de algunos dedos.
Caso 2: Mujer 62 años. Tras un estornudo, se le ha puesto el ojo como el de esta foto.
Caso 3: Varón 68 años. Ha dejado de escuchar completamente por un oído desde hace unas horas.
Caso 4: Varón 51 años. Dolor de cabeza leve desde hace unos días. Se acaba de tomar la tensión en la farmacia y tiene 190/90.
Caso 5: Varón 32 años. Lleva tres días con dolor de barriga y diarrea. Su hija de 4 años tuvo los mismos síntomas hace unos días.
Caso 6: Mujer 42 años. Se ha golpeado la rodilla y ésta se ha hinchado bastante; la rótula se puede mover fácilmente sobre la articulación.
Caso 7: Varón 17 años. Desde hace un par de horas nota dolor como un “latigazo” en el testículo derecho.
Caso 8: Mujer 21 años. Desde hace dos semanas, se nota “rígida” al levantarse y por las mañanas tiene hinchadas algunas articulaciones de los dedos.
Caso 9: Mujer 60 años. Desde hace tres horas, mueve mal el brazo y la pierna izquierdas.
Caso 10: Varón 34 años. Acaba de descubrirse un lunar grande, muy negro y de forma irregular en la espalda como el de esta foto.



Todas las guías de Estambul recomiendan evitar los barquitos privados que te llevan por el Bósforo y por el Cuerno de Oro, argumentando que pueden ser muy peligrosos.

Como éramos un grupo grande, aquel día llegamos tarde al puerto de Estambul y perdimos el último crucero que salía del muelle principal. Entonces se nos acercó un turco y nos ofreció su barco privado.

Yo soy bastante desconfiado cuando estoy en el extranjero y no me gustó mucho la idea, pero al resto de mis compañeros les encantó, por lo que negociamos un viaje por todo el Cuerno de Oro de dos horas y pico de duración a un precio bastante más económico que el del barco oficial.

Menos mal que nadie se fio de mis prejuicios y contratamos el barco privado; porque si por mí hubiera sido, me habría perdido el crucero más bonito de mi vida. Así, este turco nos llevó hasta el escondido y solitario muelle número 6 y nos metió en el diminuto barco de un divertido jubilado que decía llamarse Alí Babá y que chapurreaba el inglés, el francés, el alemán, el español y el árabe.

Alí Babá nos llevó hasta el final del Cuerno, al cementerio de Eyüp y el café de Pierre Lotti. Durante el viaje se puso el sol y comprobamos por qué al Cuerno le llaman “de Oro”.

Tras el viaje, lo único que nos pidió fue que si habíamos quedado contentos con su servicio, que diéramos en España buenas referencias de él. Como así fue, os digo que a Alí Babá lo podéis encontrar en el muelle número 6, cerca del puente Galata.

 

Cuánto más me lo planteo, más paradójico me parece: han talado una acera entera de árboles para construir encima un carril bici.

Cada día entiendo menos eso del desarrollo sostenible.