@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

La tarde del sábado, en la planta superior de un centro comercial, un bebé se pone a gatear en el suelo sin que su madre ni su abuela se den cuenta.

Cuidado con ese niño, que se va a caer -dije.

El niño sigue gateando rápidamente, sin parar, en dirección al ojo de patio del edificio.

Cuidado con ese niño, que se va a caer. ¡Cuidado con ese niño, que se va a caer!

El bebé no me escucha y se mete por debajo de la barandilla. Escasos centímetros lo separan de una caída de varios pisos. Salgo corriendo hacia él, mientras gatea paralelo al borde del suelo. Entonces, el niño apoya mal su mano derecha, pierde el equilibrio y se precipita al vacío. Escucho como comienza a gritar, pero he llegado a tiempo: he metido el brazo por debajo de la barandilla y he conseguido atrapar al niño en el aire; estoy cogiéndolo por el jersey.

El niño grita y patalea de terror. Yo estoy tirado en el suelo, en una posición incómoda en la que no controlo bien el brazo. Con tanto movimiento, el niño se me acaba soltando. Creo que se me va a caer, pero consigo atraparlo de nuevo en el último momento, con mi dedo meñique en forma de gancho.

Tras un par de giros imposibles de muñeca, consigo coger mejor al bebé e izarlo como puedo, hasta dejarlo de nuevo seguro sobre el suelo, junto a la madre y la abuela.

Sigue siendo sábado por la tarde y me acabo de despertar de la siesta. Mientras me hago un poco el remolón en la cama, pienso que el sueño podría haber durado algunos segundos más, lo justo para recibir un aplauso.

Todos los años, algunos jóvenes de Burguillos organizan el Certamen de Teatro Aficcionado, un concurso informal y muy divertido donde se reúnen varios grupos de teatro. Separan a los directores de sus compañías, mezclan a los actores y los asignan de forma aleatoria a cada director. Cuatro actores de Teatro del Lavadero participamos en el concurso el sábado pasado; yo hacía las veces de director.

Como director, me asignaron a un grupo de ocho actores, cinco mujeres y tres hombres y me hicieron elegir dos escenas entre una lista de veinte famosas obras de teatro. Yo opté por algo fácil y elegí la escena del cine de “Eloísa está debajo de un almendro” de Jardiel Poncela y la escena del rescate de Rosina de “El barbero de Sevilla” de Beaumarchais. Una vez que las elegí, me dieron tres horas para montarlas, y tras éstas, mis actores las defendieron en el escenario más que dignamente.

No gané, entre otras cosas porque competía contra grandes directores (el de la Tramoya de Fuenteovejuna y el de Abba Teatro me parecieron excepcionales), pero disfruté tanto o más que si me hubiera llevado un premio. El año que viene, repito seguro.

Hay muchos menos programas para Mac que para PC. Esto no suele suponer una limitación importante, ya que las funciones más importantes de un PC quedan sobradamente cubiertas por un Mac. Sin embargo, cuando se trata de programas muy específicos, es posible que la versión de ese programa para Mac no exista.

La primera vez que me ha ocurrido esto ha sido cuando he querido instalar en mi Mac un famoso paquete de estadística. Se trata de un programa de pago cuya licencia la abonan los que se encargan de mis investigaciones.

-Perdona, es que este programa que me has dado…
-¿Sí?
-…es para instalarlo en un PC, y yo soy usuario de Mac.
-¿Esos son los ordenadores que tienen una manzana detrás de la pantalla?
-Sí.
-Ya, para esos ordenadores no compramos el programa.
-Ah, entonces ¿qué puedo hacer?
-Exactamente qué puedes hacer no lo sé, pero sí sé que puedes hacer algo; porque en el laboratorio hay mucha gente que ha sido capaz de instalar el programa en sus ordenadores que son como el tuyo.

Llamé a Elena, que es mi gurú informático personal, que me recomendó que creara en mi Mac una máquina virtual; una especie de universo paralelo al Mac pero que funcionara bajo Windows. Es este universo paralelo, podría instalar los programas para Windows sin ningún tipo de problema. Lo hicimos con un programa llamado Parallels, que es difícil de explicar en qué consiste, pero fácil de comprender (véase la foto).

Ahora ya sé que puedo elegir si ejecutar un programa en Mac o en Windows y que ya no tendré ningún problema de compatibilidad.

Audio: Una canción hecha a base de imaginación y de distorsión de sonidos de Windows.