@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

-A ver, Emilio, lo primero decirte que no te estamos riñendo, ¿vale?
-Vale.
-Pero es que la mayoría de los vecinos empezamos a estar preocupados por lo que se está alargando la obra de tu casa.
-Ya.
-Y no sería ningún problema si los albañiles fueran un poco más limpios; pero es que todos los días dejan el descansillo lleno de suciedad y la limpiadora tiene que dedicarle mucho tiempo.
-Bien, hablaré con ellos.
-En la última reunión de comunidad incluso se propuso que, dado que ensucias más que el resto de los vecinos, pagaras un extra en la cuota.
-Pero…
-Y además tus albañiles son muy ruidosos. ¿Sabías que el día del Pilar vinieron a trabajar a las ocho de la mañana y que nos despertaron a todos con sus ruidos. Ese día es festivo y los vecinos queríamos dormir.
-No sabía que iban a venir ese día, no,…
-Y luego está lo de la inundación de tu obra…
-Pero eso no fue culpa mía; fue la vecina de arriba, a la que se le rompió una tubería…
-Puede, pero el agua acabó saliendo por debajo de la puerta de tu casa y eso te acaba señalando a ti; ¿entiendes lo que quiero decir?

De nuevo, como otras tantas veces, tuve que hablar con ella a través de mi móvil. Escuché su voz femenina y su correcto castellano, al que no le faltaba ninguna ese, acusándola de que, con toda probabilidad, había nacido de Sierra Morena para arriba.

(…)
¿Así que quieres dejarlo? -preguntó.
Sí, quiero dejarlo, sí. Lo siento -respondí.
Pero, ¿es por algo que te haya pasado?
No, no me ha pasado nada, no es por eso.
¿Y no hay nada que pueda hacer para que cambies de idea?
No, lo lamento, ya he tomado la decisión.
Entiendo que quieras un iPhone, pero si te quedas en Vodafone, te podemos ofrecer móviles de la misma gama que el iPhone y por cero euros.
Muchas gracias por la oferta, pero es que quiero un iPhone, y para eso me tengo que cambiar a Movistar obligatoriamente.
Eso quiere decir que vas a terminar tu contrato, que ha durado más de diez años.
Eso me temo sí.
Muchas gracias por tu confianza durante todo este tiempo -terminó y colgó.

Confieso que a lo largo de mi vida he sufrido rupturas sentimentales en las que no me he sentido tan mal como hoy hablando con la señorita de atención al cliente de Vodafone.

Cuota de inscripción en el congreso nacional: 270 euros.
Ave Sevilla-Madrid ida y vuelta: 147 euros.
Alojamiento en un hotel cercano al congreso: 450 euros.
Dietas decentes pero no suntuosas: 100 euros aproximadamente.

TOTAL: 967 euros.

Eso es más o menos lo que me habría costado asistir al Congreso Nacional de Otorrinolaringología; es decir, cinco guardias y pico. Me da mucha pena no haber ido; sobre todo porque quería saber cómo era la especialidad en otras partes de España, pero es que me salía bastante caro.

Ir a congresos ya no es lo que era -me comentó un compañero hace unos días. Antes, no hace mucho años, los laboratorios se peleaban por quién era el que te pagaba el congreso, quién te daba el mejor hotel y quién te llevaba a comer a los mejores restaurantes. No ha cambiado nada la cosa…

Yo no conocí esa realidad, pero si realmente la cosa era así, ha cambiado mucho. Supongo que habrá sido por la aparición de los genéricos y porque, con la informatización de las recetas, al final el sistema sanitario se acaba enterando de todo lo que has prescrito.

De todos modos, hoy no quería crear polémica sobre la industria farmacéutica y sus ofrecimientos, que ya hay blogs que hacen eso de forma más divertida que yo. Hoy simplemente quería contaros que los médicos no viajamos tanto como la gente se cree. Y que, quizás, con el dinero que me he ahorrado me de algún capricho.