@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Dentro de unos cuantos días, entrarán en el hospital los nuevos médicos residentes, que en su mayoría son médicos generales que comenzarán su proceso de especialización. ¿Nunca se han preguntado cómo se las apañan para aprender las competencias de su especialidad desde cero?

Bien, el aprendizaje se obtiene de diversas fuentes. El médico residente en sus primeros años estudia libros y lee artículos; recibe cursos de formación por parte del hospital y es tutorizado por diversos médicos adjuntos ya especialistas.

Pero existe una importante fuente de formación que normalmente es ignorada y maltratada: los erres mayores.

Los erres mayores son también médicos en proceso de especialización, pero que comenzaron su periodo de formación un curso antes. Ellos son los que dan esos consejos básicos para la práctica diaria; esos trucos para sobrevivir dentro de la compleja organización sanitaria que no viene explicada en ningún libro. Son los que conocen tu futuro e inmediato trabajo mejor que nadie y los que te orientan de la forma que sólo una persona que hacía escasamente un año estaba tan perdida como tú es capaz de hacer.

Gran parte de la formación de muchos especialistas de nuestro tan alabado sistema sanitario ha sido gracias al trabajo anónimo y altruista de estos erres mayores.

Quizás ahora sea el momento de pensar si es oportuno que los médicos con menos experiencia sean los que proporcionen tantos consejos útiles a los residentes novatos y si los beneficios de esta forma de orientación superan los riesgos.

Yo no tengo herramientas suficientes para responder esta última pregunta, pero sí que les puedo contar que mis erres mayores han sido dos maestros excepcionales. Está próximo el día en el que acaben su residencia, dejándome a mí la responsabilidad que ellos han ejercido. Espero estar a la altura.


El perro que muerde la mano que le da de comer es tonto, y este perro lo sabe, porque su blog se llama “El tonto de Santa Justa“.

Aunque si reflexionamos un poco más acerca de por qué un perro se comporta de esta forma, quizás sea porque esa misma mano que lo alimenta, le da tantos palos que ya no puede soportar más.

En los hospitales grandes, los trabajadores no nos conocemos. Es bastante probable que Federico Relimpio y yo nos hayamos cruzado muchas veces por los pasillos y no nos hallamos reconocido mutuamente. Incluso es posible que en alguna ocasión hayamos hablado acerca de un paciente común, quién sabe.

Si hubiera sabido que era una persona tan valiente como para haber escrito el libro que acabo de leer, seguramente habría estado más atento.

K.O.L. (Key Opinion Leader) es una novela corta que narra de forma directa y cruda las vivencias de médicos y pacientes durante un periodo de tiempo muy determinado: la transición desde la época de los grandes regalos de la industria farmacéutica hasta la austeridad provocada por la implantación del Código Médico Deontológico y las Unidades de Gestión Clínica.

En K.O.L. se explican con palabras llanas los conflictos del Sistema Sanitario Público, que provienen de la confrontación de los intereses de tres fuertes colectivos: una industria farmacéutica, que busca una nueva forma de publicidad y promoción debido a una legislación cada vez más restrictiva; unos organismos de gestión politizados, que pretenden la reducción del gasto sanitario mediante fuertes medidas de control de personal y, por último, unos facultativos médicos patológicamente deseosos por obtener un reconocimiento que no se les otorga.

Cada uno de estos tres colectivos lucha con fuerza por conseguir sus propósitos. La mayoría de los personajes creen que estos propósitos son bienintencionados; como dijo Benjamin Linus en Lost “We’re the good guys” (nosotros somos los buenos). Pero el lector, que tiene la oportunidad de analizar externamente la situación, pronto comprenderá que casi todos ellos están equivocados.

Relimpio no deja títere con cabeza y repasa los aspectos más oscuros del sistema: el mobbing intencionado, los congresos médicos en destinos exóticos, los sindicatos corruptos, la relativa ética de los ensayos clínicos, la relación entre sexualidad y poder, la perversión de la gestión por objetivos, las malas prácticas derivadas de la evidencia médica y, para terminar, el tema que le da el título al libro, la formación de “líderes médicos de opinión” por parte de la industria farmacéutica y cómo ésta se las arregla para que esa opinión acabe siendo sesgada y tendenciosa.

Los pacientes serán los perjudicados en último lugar de toda esta situación y quienes, en el último momento, conseguirán dar esperanza al por entonces compungido lector.

La versión en PDF del libro es gratuita y se puede descargar aquí. Yo lo compré en papel y, como se ve en la foto, ya está en mi librería.