@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Otra vez me ha tocado mesa electoral, que ya es mala pata que hayan sido tres veces en diez años; menos mal que yo creo en la teoría de rachas y en que este tipo de casualidades no son raras, sino previsibles.

El caso es que este año, dada la situación de crisis que vive el país, he decidido informarme convenientemente antes de votar a un partido, descargarme los programas electorales y analizarlos.

Como por mi formación y mi trabajo, con lo que puedo ser más crítico es con todo lo que afecta a la salud y a la sanidad, éste ha sido el campo al que más atención he dedicado. A continuación les dejo una breve opinión personal de los tres puntos relativos a la sanidad que más me han gustado de cada partido. Por supuesto, éste resumen es completamente subjetivo y les recomiendo que lean los programas enteros antes de tomar una decisión. Y una vez aclarado esto, les dejo un resumen:

El PSOE tiene la gran desventaja de podérsele criticar que por qué las cosas que proponen no las han hecho en los ocho años anteriores; hay que tener en cuenta que en sanidad muchas medidas son a largo plazo y de difícil implantación. En el programa me ha llamado la atención la apuesta por la Telemedicina, especialmente para el paciente impedido; el compromiso por la profesionalización de la gestión y el reconocimiento de la necesidad del paso de un sistema centrado en los procesos agudos para dar la necesidad necesaria a los procesos crónicos.

El PP, como principal partido de la oposición, comienza sus propuestas en sanidad apostando por la centralización y las nuevas tecnologías. Quizás sea el programa más escueto, pero a su favor se puede decir que es más sencillo de comprender. Me gustan el punto 3, que habla a favor de la historia clínica telemática y la receta electrónica; el punto 4, que trata acerca de la abolición de las prestaciones en función de la comunidad autónoma en la que se resida y el punto 5, que nos recuerda el desafío que implicará en los próximos años el envejecimiento de la población y el desafío que esto supone.

UPyD comienza su programa electoral apostando por la devolución al Estado de las competencias en sanidad, lo que va en concordancia con su política centralista. De ellos, me gustan los puntos 283, en el que se establecerán fármacos de referencia bajo consenso científico para determinadas patologías excluyendo los equivalentes terapéuticos más caros salvo casos excepcionales; la centralización de las oposiciones al SNS para profesionales explicada en el punto 292 evitando las interinidades y la profesionalización de los cargos de gestión del SNS según criterios de mérito y capacidad que se comenta en el punto 297.

Para finalizar, IU propone una financiación adicional de la sanidad en un 1% del PIB (supongo que se referirán a salud, no a sanidad, que invertir en salud es mejor que invertir en sanidad, pero bueno la intención es lo que cuenta). Sus tres cosas que más me convencen: la inclusión de óptica, ortopedia y salud bucodental en el punto 6, adoptar medidas de uso racional del medicamento (no especifica qué medidas) según el punto 19 y la extinción de los sistemas diferentes al sistema general de la Seguridad Social del punto 22, como las mutualidades de funcionariado, la milicia y la justicia.

Fuentes:
Programa del PSOE.
Programa del PP.
Programa de UPyD.
Programa de IU.

-¿Qué es Otoneurología?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
-¿Qué es Otoneurología? ¿Y tú me lo preguntas?

Y te cogí la cabeza, le hice un par de giros imposibles, tu pupila azul dejó de clavarse en mi pupila para comenzar a moverse descontroladamente, te provoqué el peor mareo de tu vida, te empapé en sudor frío, te hice vomitar un par de veces y se te quitaron las ganas de volverme a preguntar qué era la Otoneurología.

Eso sí, se te quitaron los vértigos.

Richard era más feo que picio. Su fealdad era llamativa desde el primer momento que uno lo miraba. Mientras lo veía devorar en mi sofá su grueso tomo de un escritor con nombre ruso durante las largas siestas de agosto, me preguntaba si no sufriría rechazo debido a su aspecto en su vida habitual.

Nunca me atreví a preguntárselo, pero deduje que debía ser así, dado que sus libros y sus tazas de té mientras escuchaba Radio Clásica parecían satisfacer toda su necesidad de ocio. No conoció a nadie mientras vivió conmigo.

La convivencia con él la recuerdo deliciosa. Richard podría servir para ilustrar en qué consiste la educación inglesa: desde la delicadeza al coger los cubiertos al comer hasta su esmero en la limpieza y el orden pasando por su corrección en la forma de ser y su dominio del arte de la conversación.

Conforme lo iba conociendo, cada vez me sentía más violento cuando lo primero que hacían mis visitas era comentar lo desagradable de su gesto, en un desenfadado ejercicio de superficialidad.

A Richard le gustaba oírme tocar el piano, pero no fue hasta el último día cuando me confesó que el sabía tocar también. Le pedí que así lo hiciera, que me encantaría escucharle, pero él se excusó diciendo que quería acabar el capítulo de su libro.

Unos minutos después, entré en la ducha. Fue entonces cuando lo escuché. Richard se había sentado al piano a interpretar a Shostakovich. Era una pieza difícil, pero de su interpretación, limpia, precisa, perfecta, se comprendía que él era profesional del instrumento y que había tocado muchas horas.

Cuando acabó mi ducha, Richard aún no había terminado su concierto, pero lo interrumpió bruscamente al escucharme entrar y metió la cabeza entre los hombros de forma tímida.

-Pero… ¿eso es Shostakovich? ¡Es una interpretación brillante! ¡Eres un pianista excepcional!
-Sí…-dijo tímidamente. Se podría decir que Shostakovich fue mi primer y único amor.

Audio: La pieza en cuestión: Concierto para piano número 1 en Do menor.