@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Diez cosas que pueden ir mal durante una Tesis Doctoral (con sus correspondientes comentarios)

Cuando creas que acabas de hacer un descubrimiento que arrojará datos a la Ciencia, descubrirás una frase en inglés en un artículo remoto que te confirmará que ese “descubrimiento” lleva descubierto años. Refrán popular: La Luna ya está “descubierta”.

Cuando más te sientas inspirado para dedicar unas horas a tu Tesis, aparecerán guardias, consultas de tarde, prolongaciones de quirófano y todo tipo de actividades laborales que te agotarán mentalmente. Un poco de metitación: Ohm…

Cuanto más arduamente hayas trabajado en los últimos días en tu tesis, mayores serán las posibilidades de atender a un paciente que te demuestre que tu conocimiento es superficial. Cita: Sólo sé que no sé nada.

Cuando todo el conocimiento esté perfectamente atado en tu cabeza, alguien hará un comentario que lo hará cimbrearse. Corolario: Es bastante probable que ese comentario se haga por casualidad y en la cafetería.

Cuando te sientas orgulloso de tu tamaño muestral, aparecerán incomprensiblemente datos duplicados. Aviso a doctorandos: Antes de empezar a analizar los datos, no te olvides de pasar un filtro de duplicados.

Cuando estés completamente seguro de cuál es el test estadístico más apropiado para un determinado análisis, no estará disponible en tu software. Deducción: Cuantos más programas de Estadística tengas en tu ordenador, más invencible te volverás.

Cuando veas por primera vez tus resultados, no serán tan buenos ni significativos como creías que podrían llegar a ser. Pensamiento interno: ¿Qué alma despiadada inventaría los niveles de significación estadística?

Cuando las referencias bibliográficas estén perfectamente ordenadas, aparecerá un artículo de última hora que viene de perlas para ser citado el primero o el segundo y que te obligará a renumerar todos los demás. Nota mental: La numeración de las referencias es el último paso.

Cuando le envíes el borrador a tu tutor, habrá una falta de ortografía en la primera página. Consejo: Por muy seguro que estés de tu ortografía, nunca menosprecies el corrector ortográfico.

Cuando tengas más ganas de gritar de desesperación, no habrá nadie para escucharte. Recordatorio obvio: La Tesis Doctoral es un trabajo individual. La estás haciendo sólo.

-En primer lugar, está el Partido.
-Ajá.
-Es fácil entender qué es el Partido. El Partido está compuesto por los afiliados y los simpatizantes. Son a los que tradicionalmente las personas que no pertenecen al Partido llaman “carnés”.
-Es fácil de comprender.
-No tanto. La cosa se complica porque nunca está claro quién tiene carné y quién no lo tiene. En ocasiones crees que alguien es un acérrimo afiliado y un día esa misma persona te sorprende diciendo a voz en grito que no está de acuerdo ni tiene nada que ver ni con la Ideología ni con la gente del Partido. Y te derrumba tu suspicaz teoría.
-¿Y por qué llegaste a sospechar que esa persona pertenecía al Partido?
-Ahí entra el segundo concepto. El Prepartido.
-¿Qué es el Prepartido?
-El Prepartido está formado por todas las personas que, sin tener un carné de partido, ejercen tal responsabilidad en su trabajo que, forzosamente, tienen que tratar con el Partido. Altos cargos. Cargos intermedios. Nunca está claro si alguien pertenece al Partido o al Prepartido, porque preguntar si alguien tiene carné sigue siendo un tabú. Por tanto, los límites del Partido están difusos; nadie sabe dónde acaban. La zona del Prepartido confunde esos límites.
-Entonces, por ejemplo, los grandes banqueros, que deben forzosamente tratar con el Partido que esté en ese momento en el Gobierno para asuntos financieros de gran importancia, ¿pertenecerían a tu grupo del Prepartido?
-No has entendido nada de lo que acabo de decir. Eso no es el Prepartido. Eso es el Parapartido.

A veces mantienes conversaciones que te hacen sentir completamente en 1984.

Capítulo 2×08

La crisis económica internacional también había llegado a Hoenn. Ustedes se preguntarán cómo fue esto posible, si en Hoenn nunca se conocieron gobiernos corruptos ni entidades bancarias usureras.

Como todo mundo fantasioso, el de los Pokémon responde a la imaginación de personas que vivimos en el mundo real. Cuando nuestros pensamientos catastrofistas acerca de la insostenibilidad del Sistema ocupan mucho tiempo en nuestra mente, incoscientemente se trasladan a nuestros sueños; y, en nuestro caso particular, ocurrió precisamente eso. Los habitantes de Hoenn se mostraban cada día más temerosos ante la incertidumbre de un futuro peor y engañados por la creencia común de que todo aquello era culpa suya, sin saber exactamente qué habían hecho para ser culpables.

Aunque todo eso a mí me preocupaba poco, la verdad. Yo por aquel entonces tenía otras preocupaciones, trepando las empinadas laderas del Monte Cenizo para llegar a Pueblo Lavacalda y poder competir contra el líder de gimnasio local, especializado en Pokémon de tipo fuego.

Cuando por fin alcancé mi destino, vi que una chica joven, que se encontraba encaramada sobre un montículo de arena, se encontraba arengando a la población de aquella localidad.

Un par de ojeadas me hicieron suponer que ella debía ser la nueva líder de gimnasio. Era muy joven para ser líder, eso era cierto, pero es verdad que el tipo fuego es uno de los más populares entre los entrenadores de nuevas generaciones, predilección muy respetable que personalmente nunca entendí: el tipo fuego es a mi gusto demasiado ofensivo y con poco potencial para la estrategia, por muy bonitas que sean las acrobacias con llamas que hacen estos Pokémon.

La población de Pueblo Lavacalda no era muy numerosa y sí bastante anciana. Para los que no conozcan la geografía de Hoenn, tengo que aclararles que Pueblo Lavacalda es un famoso lugar de retiro para personas mayores. Situado al Sur del Monte Cenizo, goza de sol, buen tiempo y aguas termales durante todo el año. Peor suerte tienen los que tienen que vivir al Norte del monte; el viento empuja hacia ellos las cenizas de este viejo volcán apagado, arruinando las cosechas, condenándolos a una economía de casi subsistencia y convirtiendo esta ladera en un sitio polvoriento en el que las enfermedades pulmonares restrictivas son un problema endémico.

Sí, yo había llegado a la cara del monte en la que vivían los privilegiados. Fue por eso por lo que me sorprendió el discurso de aquella joven chica.

“No es mi culpa. Yo no soy culpable de la crisis, como quieren hacernos creer. Estudié cuando el Sistema me dijo que tenía que estudiar, trabajo cuando el Sistema me dice que tengo que trabajar; y muy duramente, por cierto. ¿Cómo pueden entonces culpabilizarme de algo en lo que ni siquiera he intervenido?

Pero escuchadme bien, porque tampoco es vuestra culpa. Porque vosotros vivisteis dentro del sistema que os tocó y, en las pocas ocasiones que tuvisteis la ocasión para hacer algo para transformarlo, lo hicisteis. Necesitábais una vivienda, ¿quién no? Entonces pedisteis el dinero y, el que era responsable de estudiar si erais capaces de afrontarla, el que realmente sabe de cuentas, de préstamos y pagos, os engañó y os dio luz verde. ¿Sois acaso culpables por haber confiado?

¿Merecemos el miedo diario al paro, al hambre, a la intemperie? ¿Qué fue eso que tan mal hicimos para soportar recortes cada día mayores en Sanidad y Educación?

Sin embargo, sabed que aún tenemos una responsabilidad, porque los que aún tenemos para vivir dignamente debemos saber que al Norte, viven personas que sufren diariamente penurias mayores que las nuestras. Si nosotros somos perdedores, los hay que nunca llegaron a ganar. Y sí os digo que, si alguna culpa podemos tener de todo esto, fue el no denunciar en su día el secreto a voces que todos conocíamos: que para mantener nuestro Sistema a flote cuando éramos ricos, era necesario condenar a muchos a una pobreza infrahumana.”

¿Es ella la nueva líder de Gimnasio? -pregunté. No parece alcanzar la veintena de años. Eso quiere decir que tendría apenas quince cuando la crisis comenzó. ¿Cómo se llama?
Blanca -me respondió una lugareña entre la multitud.