@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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“Si los niños ven que sus padres gastan parte de su sueldo en sus libros de texto, aprenderán desde pequeños que es necesario invertir en su propia educación.”

Sé que esta afirmación es falsa por dos motivos: el primero de ellos es que mi generación, que debía pagar por sus libros de texto, no tiene una gran sensibilidad hacia la propia inversión en educación; el segundo, que en los países con mejor nivel educativo, los libros son gratuítos. Sin embargo, sigo aferrándome a ella.

El último libro de texto que compré me costó cien euros y pico. No entendí este gasto como un despilfarro, sino como una inversión en mi propia educación. Creo que está bien destinar parte del presupuesto doméstico a la educación. También creo que es una buena medida de concienciación acerca de esta necesidad que los libros de texto supongan una inversión a las familias cada mes de septiembre. Estoy a favor de este copago en educación porque se puede entender que tiene un transfondo y una intención instructiva.

Pero estoy en contra del famoso euro sanitario.

-¿Eso es porque crees que la inversión en salud, a diferencia de la inversión en educación, no debe ser parte del presupuesto doméstico?
-No, no es eso; la salud debería ser parte del presupuesto doméstico.
-Entonces, ¿es porque crees que el euro sanitario es una medida disuasoria? ¿Acaso el precio de un libro no es una medida disuasoria?
-Es cierto, ambas disuaden, pero…
-…¿crees que el copago sanitario hará que los pacientes acudan en estadíos más avanzados de su enfermedad y esto saldrá a la larga más caro? ¿Acaso no es igual de caro que la población no esté bien educada porque no estudia por el precio de los libros?
-Tampoco.
-Sin embargo, ambos copagos tienen algo en común.
-¿El qué?
-Dos cosas. La primera: que ambas son medidas recaudatorias con fines supuestamente educativos para la población, al aumentar la responsabilidad individual y disminuir la del Estado.
-¿Y la segunda?
-Que la evidencia disponible no ha demostrado claramente que cumplan ese tan supuestamente bienintencionado fin.

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Mario abría cajas con la cabeza. Nunca sabía lo que se iba a encontrar dentro: a veces, era una triste moneda; otras, un champiñón mágico que servía para crecer; en raras ocasiones, aparecía una estrella de invencibilidad o una flor de fuego. Nunca se quejó de cefaleas, y eso que el sistema de recompensa era cruel: el que quería un premio, tenía que golpearse el cráneo contra una caja de metal dorado.

Falta menos de un mes para acabar mi residencia. Me dijeron que hiciera un análisis DAFO en el que contemplara todas mis posibilidades futuras: ofertas de trabajo, continuación de estudios, becas e inmigración. Porque en la vida real, a diferencia de en el Super Mario Bros, a veces hay que elegir una sola caja de recompensa y rechazar las demás.

Hoy sopeso cada una de las cajas para quedarme con la que crea mejor. Tendré que abrirla con la cabeza. Es curioso, pero ya la sola actividad de elegir una caja, me produce cefalea.

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Acabo de terminar de ver esa película “Criadas y señoras”. Quizás habría sido más culto decir que he leído la novela; pero no, yo lo que he hecho ha sido ver la película.

La historia trata de las sirvientas negras que trabajaban en las casas de las señoras blancas del Mississippi durante los años sesenta: cómo éstas eran humilladas y amenazadas por sus amas con el único consuelo del silencio y la resignación. Cuando las criadas negras deciden aunar esfuerzos para reunir las crónicas de sus maltratos y publicarlos en un libro que recopile sus penurias, se dan cuenta del poder de la unión.

Menos mal que hoy en día no existe en nuestro medio una discriminación racial como la que se muestra en la película. Sin embargo, sí que existen colectivos explotados por otros, y muy injustamente. ¿Se imaginan que el estamento pobre y silenciado decidiera denunciar su situación en un libro? Les propongo algunos títulos, para que reflexionen sobre ellos:

Estudiantes universitarios y profesores.
Eternos becarios y empresarios.
Funcionarios por oposición y políticos.
Médicos internos residentes y personal hospitalario.
Hipotecados por una vivienda y banqueros.

Desde luego, la tarta de chocolate se ha convertido en un símbolo después de esta película.

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