@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Ahora, miremos hacia detrás un año. Allí estabais muchos de vosotros deseándome lo mejor para el nuevo año que entraba. Tuvo algo de mágico cumplir 28 años un día 28.

En lo laboral, gracias a los que me pasasteis el bisturí en el último año. A los que me dejasteis vuestras mastoides, tímpanos, tabiques y laringes para que ejecutara lo que llevaba estudiando los tres años anteriores. Y cuando por fin acaba mi residencia, en plena crisis económica, tengo que aprender que la Medicina Privada puede tener muchas cosas positivas.

En lo sentimental, acabó ese párrafo que estaba poniéndose farragoso. Punto y aparte. Intro. Intro. Nuevo párrafo. Un párrafo corto. Intro. Intro. Entonces, en lugar de comenzar otro nuevo párrafo, alguien le dio la vuelta a la página y, con su sonrisa espectacular, comenzó a escribir un nuevo capítulo con letra firme y clara.

Y de repente, todo se vuelve mejor, los proyectos se consolidan, el MIR 2.0, la Telemedicina, la Tesis, el nuevo blog, la familia, los amigos.

Ahora, miremos adelante. Hay otro año lleno de oportunidades que descubrir.

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Todo el mundo sabe que los mejores médicos trabajan en la Sanidad Pública.

Bueno, quizás no lo sepa todo el mundo. Pero lo sabe bastante gente. Porque en los dos meses escasos que llevo trabajando en la Medicina Privada, cinco personas (sí, cinco) me lo han comentado. Yo no sé bien qué decirles, porque si tan seguros están de lo que acaban de decir es porque piensan o bien que yo soy bueno y que debería estar en la Pública o bien que soy malo y por tanto se ratifican en su creencia.

Sea como sea, que que los mejores estén en el sector privado es una falacia tan indocumentada como decir que ha tenido que llover porque los patios están mojados. Es otro estereotipo tan injusto como decir que los inmigrantes son parásitos; los sacerdotes, pedófilos y los homosexuales, promiscuos.

Quizás, la próxima vez que me lo digan, debería responder que trabajo en la Privada porque me motivaba más ganar dinero que atender a pacientes. Eso, sí. Y podría completar mi explicación diciendo que pienso que la Medicina de Familia está formada por profesionales poco preparados que sólo saben derivar a los especialistas. También que creo que la Salud debe ser un privilegio exclusivo de las personas que puedan permitírsela, convirtiendo a los colectivos más humildes en guetos en los que la tuberculosis y el VIH campen a sus anchas. Por pobres.

Entonces elogiaría las virtudes de la Pública respecto a la Privada. Hablaría que ellos, no como nosotros, carecen en todo momento de conflictos de intereses, que estarían dispuestos a trabajar de forma altruista y, acto seguido, aplaudiría su política de gestión económica y la favorable relación coste-efectividad de todas las medidas que implantan.

Tras todo lo anterior, me pararía y me pondría serio; ya he sonado todo lo irónico que pretendía. Explicaría por fin que, Pública y Privada, somos sistemas distintos, cada uno con sus ventajas e inconvenientes. Que profesionales buenos y malos hay en ambos lugares y que la atención al paciente es lo que nos sigue moviendo.

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El Corte Inglés la usa para anunciar sus rebajas, y así sabemos que los productos que trae este año son sólidos y de calidad, a la vez que toda una ganga para el bolsillo.

Orange no se queda atrás y la usa para hacer que, subliminalmente, pensemos que son una compañía fuerte y responsable, pero que a la par también son amigables y flexibles.

La tipografía Helvética tiene ese extraño poder. Puede ser a la vez seria y divertida; formal e informal y consigue que nos fiemos de aquel que deja el mensaje. Lo que dice, cala al que lo lee. ¿Alguien se atrevería a dejar su coche debajo de esta señal?

Este cartel, evidentemente, no tiene, ni por asomo, la misma fuerza que este otro, que sustituye Helvética por Comic Sans:

Helvética está en todas partes. Tan presente está en nuestras vidas, que los que tengamos menos de cincuenta años somos incapaces de verla; de reconocerla. Es esa letra “básica”, esa letra “normal”, la letra “de la calle”. Sin embargo, es bastante más nueva de lo que creemos. La Helvética es relativamente joven; fue creada en 1957. Antes de esta fecha, cada cartel era rotulado individualmente, cada uno con su propio estilo. En las escuelas aún se enseñaba la gótica Fraktur como símbolo de elegancia, europeísmo y distinción.

Pero, como veis, Fraktur no es especialmente cómoda de leer. Cuesta trabajo distinguir unos caracteres de otros. En este marco, a Helvética no le costó mucho trabajo comenzar a ser utilizada en todo tipo de rótulos debido a su estética moderna, clara y legible.

Todos nos volvimos locos con Helvética. Helvética es la tipografía que, sin querer, adoptamos durante la Guerra Fría y la que se quedó con nosotros por lo fácil y lo cómodo de su sistema. No fue una decisión especialmente voluntaria, sino que hubo bastante de inercia en su implantación como tipo de letra universal.

Fue como el Capitalismo, que también se enquistó en nosotros a partir de la Guerra Fría por su facilidad y comodidad. Y, al igual que el Capitalismo, conviene que nos preguntemos si queremos estar rodeados por un sistema fácil, pero que influye contínuamente en la toma de nuestras decisiones.

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