@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Mayra – Y en la noche de viernes de hoy tenemos a dos invitados especiales. Ellos son compañeros de trabajo, se llaman Soraya y Mariano y son residentes en Madrid. ¡Un fuerte aplauso para ellos!

(Plas, plas, plas, el público aplaude a rabiar).

Mayra – Buenas noches, Soraya; buenas noches, Mariano. ¿Estáis listos para el concurso de esta noche?
Soraya – Un poco nerviosos, la verdad.
Mariano – A ver si nos conseguimos llevar el apartamento en Torrevieja.
Soraya – O el libretón del BBV.
Mayra – Ya conocéis el sistema de juego, que es todo un clásico en la historia de la televisión española. Así que, por favor, vamos a pedirle a nuestra azafata que nos traiga los sobre que contienen las tarjetas de las preguntas.
Azafata – Buena suerte, chicos.
Soraya y Mariano – Gracias.
Mayra – Muchas gracias. Pues habéis elegido un sobre que dice así: “Es conocido por todos, que España no vive actualmente uno de sus mejores momentos. El paro, la corrupción política y el exceso de especulación inmobiliaria han sumido a muchas familias en una situación en la que les resulta muy complicado ajustar sus presupuestos y afrontar sus deudas. Es necesario impulsar medidas que permitan una regeneración económica; por eso les pedimos, por veinticinco pesetas cada una…”
Mariano – ¿Perdón? ¿Veinticinco pesetas nada más?
Mayra – Si quiere se lo puedo traducir a euros. En ese caso, por quince céntimos de euro cada una, “…les pedimos que nos enumeren actuaciones del Gobierno que permitirían salir de la crisis. Por ejemplo, fomentar la creación de empleo. Un, dos, trés, ¡responda otra vez!”.
Soraya – Fomentar la creación de empleo.
Mariano – Solicitar fondos europeos para rescatar a la banca española.
Soraya – Subir el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.
Mariano – Subir el Impuesto sobre Bienes Inmuebles.
Soraya – Subir el Impuesto sobre el Valor añadido.
Mariano – Crear un plan para luchar contra el fraude fiscal.
Soraya – Crear un techo de gasto para las Administraciones Públicas.
Mariano – Reducir la indemnización por despido improcedente.
Soraya – Aprobar el copago farmacéutico.
Mariano – Aumentar el ratio de alumnos por aula.
Soraya – Aumentar el número de horas lectivas del profesorado.
Mariano – Aumentar las tasas universitarias.
Soraya – No cubrir las bajas de profesores de duración inferior a 15 días.
Mariano – Reducir la paga de las personas dependientes.
Soraya – Aumentar la jornada laboral de los funcionarios a 37,5 horas semanales.
Mariano – Suprimir la paga extra de Navidad de los funcionarios.
Soraya – Recortar las prestaciones por desempleo.
Mariano – Reducir las ayudas al carbón nacional.
Soraya – Aumentar las tasas judiciales.
Mariano – Excluir a los inmigrantes ilegales de la mayoría de las prestaciones de la sanidad pública.
Mayra – ¡Y tiempo! Han sido veinte respuestas, que por quince céntimos de euro dan un total de ¡tres euros! ¡Un fuerte aplauso para nuestros concursantes!

(Silencio).

Mayra – Pero, ¿dónde está nuestro público?

La buena de Mayra no sabía que se habían ido a la puerta del Congreso.

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A José Saramago y a Tennessee Williams los separó Vodafone para siempre.

Todo sucedió por casualidad, cuando me regalaron ese libro de monólogos de publicidad de Vodafone. Era un libro más bien malo, pero todo el mundo sabe que a caballo regalado no se le debe mirar el diente. Después de leer el libro, me asaltó el problema de dónde y cómo guardarlo. Lo justo era meterlo junto a los demás y, también como todos los demás, ordenarlo por orden alfabético.

La V de Vodafone iba entre la S de Saramago y la W de Williams. El problema de la separación de los autores fue mi manía por el orden; aquí se comprueba de nuevo que las manías no son buenas para las parejas.

La separación se fue haciendo mayor con el paso del tiempo, cuando Sanders y Stockett pusieron aún más distancia en la que había sido pareja inseparable durante mucho tiempo. Ésa es la historia de mi estantería en la que los caprichos de los apellidos de los nuevos autores hacen jugarretas de ese estilo.

Pero a veces hay matrimonios inesperados. Eso ocurre cuando presto un libro. En esos casos, dos libros que nunca habían estado juntos, de repente, pasan a estarlo. Mis amigos más puntuales hacen que este nuevo matrimonio entre tomos sea algo pasajero; los que no devuelven los libros convierten esta relación en algo persistente.

En este último caso, en el que un libro nunca vuelve a casa, acabo por comprarlo de nuevo. De la misma editorial, de la misma colección: un clon del antiguo libro que servirá para rellenar un hueco del pasado y acabar de cerrarlo.

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Yo creo y respeto el derecho de autodeterminación de los pueblos. En serio, si los catalanes quieren ser un estado diferente a España, por mi parte pueden serlo. No pasa nada. No me voy a enfadar. Tan amigos.

Se podrían decir muchas cosas, del estilo de las que se dicen durante el divorcio de un matrimonio de largo tiempo: que si yo sacrifiqué mi carrera para que tú te pudieras desarrollar; que sólo yo me preocupé de traer el dinero a casa mientras tú te quedabas con las tareas fáciles; que si tú no me respetaste cuando yo te dije que; que tú no tienes en cuenta mis necesidades y las menosprecias y todo tipo de lindezas que se sueltan en estas situaciones con la boca caliente después de habérselas callado durante muchos años.

Mejor intentar hacer un divorcio educado, en el que las partes acaben llevándose lo mejor posible. Eso sí, parece que, como en cualquier divorcio, van a ser los hijos los que se lleven la peor parte. Porque yo entiendo y respeto que haya gente que no quiera vivir en el mismo país que yo, pero no comprendo bien por qué. Yo os digo desde aquí, hermanos catalanes, que no me lo explico. En serio, Palabra: yo, y muchos que viven donde vivo yo, no somos mala gente.

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