@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

827

A un paciente le puedes llamar tonto en la cara y que el paciente coja y te lo agradezca; yo lo sé porque lo he visto.

Cuando en mi segundo año de residencia comencé a preocuparme por cómo hacer mi trabajo mejor, aprendí un consejo que intento aplicar todos los días: no actúes con el paciente como si fueras un actor, muéstrate como realmente eres. Si un paciente hace o dice algo que te hace reír, ríete con él; es peor intentar contener la risa. Si un paciente te cuenta una historia que te llega profundo, muestra tu sensibilidad. Sé natural y empatiza.

Yo nunca llegué a tal extremo de empatía con un paciente como para llamarle tonto, pero sí que conocí a alguien que se lo decía y que era realmente buena haciéndolo. Ella les decía que estaban tontos cuando tenían alguna preocupación excesiva por su enfermedad. “Tontacos”, les gritaba, entre otras muchas cosas. Los pacientes veían en ella a alguien espontáneo, dentro de la amarga experiencia que les suponía un ingreso hospitalario. Alguien que les acompañaba en la risa y en el llanto; en la discreción y en la extroversión. Porque puedes llamar a alguien tonto desde el respeto y hacerlo con mucho amor.

Nunca comprendí del todo cómo conseguía hacerlo: cómo con su naturalidad al expresar sus emociones conseguía reconfortar al paciente. Cómo ese paciente, cuando te lo encontrabas al cabo del tiempo por la calle te decía:

-Dales recuerdos a todos, pero especialmente, especialmente, a ella.

Ya no trabajamos juntos, pero la recuerdo cuando se crea un vínculo de confianza y naturalidad entre un paciente y yo. Aprendí de ella cómo mostrarme como soy y me es imposible olvidarla al pasar junto a un escaparate lleno de rosas.

826

-Entonces no le dan vueltas las cosas.
-No.
-Y nunca le han dado vueltas las cosas.
-No.
-Y está mareado.
-Sí.

Cuando nos enfrentamos a un paciente que acude a consulta por mareos, siempre le preguntamos si las cosas le dan vueltas. Si el paciente responde que sí, que siente que todo se mueve y que incluso en alguna ocasión ha llegado a ver las cosas moverse, entonces el paciente tiene vértigos y tiene una alta probabilidad de que la causa de sus mareos resida en el oído.

Pero, ¿qué ocurre cuando el paciente está mareado pero niega que las cosas le den vueltas? Bueno, en ese caso es posible que la causa de los mareos esté en el oído también, pero hace falta desplegar un diagnóstico diferencial muy amplio que incluye, aparte de enfermedades del oído, arritmias cardiacas, alteraciones de la tensión arterial, mal funcionamiento del tiroides, enfermedades del sistema nervioso central, cuadros psicógenos y una de las causas más comunes y más olvidadas, que es de la que vamos a hablar hoy: los mareos causados por fármacos.

Se estima que un 25% de los fármacos disponibles en el mercado pueden causar mareo como efecto secundario. En la mayoría de las ocasiones, el cuadro lo identifica el propio paciente y él mismo pone la solución:

-Doctor, me mandó usted esta medicina pero me mareaba mucho, así que he dejado de tomármela.
-Y se le pasaron los mareos cuando dejó usted de tomar la pastilla.
-Sí, sí, no me ha vuelto a ocurrir.

Desafortunadamente, las cosas no siempre son tan sencillas. En ocasiones, es posible que un fármaco no cause mareos justamente al comenzar a tomarlo, sino meses después. En estos casos, establecer la relación causa-efecto es mucho más complicado. Un ejemplo bastante común se puede encontrar en los pacientes que han tomado durante meses fármacos antivertiginosos.

Otra causa frecuente de mareo farmacológico son los síndromes de abstinencia. No, no me refiero a la abstinencia por heroína; desafortunadamente, el mareo por abstinencia puede aparecer con una gran cantidad de los fármacos de uso común, como los ansiolíticos y los antidepresivos de tipo ISRS e IRSN. La retirada de estos fármacos puede causar mareo crónico que puede llegar a durar muchos meses.

No existen muchos estudios que expliquen cómo deben ser tratados los pacientes con mareos por abstinencia de psicofármacos. Parece que existe una tendencia a la remisión espontánea del cuadro y que éste puede ser prevenido retirando la medicación progresivamente y no de golpe.

En mi experiencia personal, explicar al paciente que no se trata de algo grave y que irá experimentando una lenta mejoría, ayuda al paciente a controlar la ansiedad. Los ejercicios habituativos de rehabilitación vestibular, teóricamente, deberían contribuir a la mejora.