@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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El pasado jueves estuve escuchando una conferencia para jóvenes emprendedores de la mano de José Luis Manzanares, presidente de la empresa sevillana e internacional Ayesa. Me pareció una arenga muy buena para los jóvenes que luchamos cada día por nuestros proyectos, animándonos a seguir adelante y advirtiéndonos de los errores en los que fácilmente podíamos caer por nuestra inexperiencia.

Sin embargo, hubo una parte de su discurso que me dejó muy pensativo. Manzanares dijo que en la sociedad actual se había exagerado la importancia del ocio en la vida personal. Que trabajar para ganar un dinero para después poder invertirlo en ocio era una visión equivocada de la vida.

Yo, tal vez al igual que vosotros, fui educado bajo el viejo refrán “Hay que trabajar para vivir, no vivir para trabajar”. Me lo repitieron los mayores, en la escuela y fuera de ella. Pero, ¿y si fuera falso?

Por ejemplo: ahora yo soy médico autónomo. Eso me otorga cierta flexibilidad de horarios y capacidad de organizar mi trabajo. Yo decido cuánto y cómo. Curiosamente, eso ha implicado que dedique muchas horas a mi trabajo de médico, más de las que estaba acostumbrado a echar cuando trabajaba en la Sanidad Pública. Prácticamente, ahora vivo para trabajar. Eso no me hace más feliz pero, curiosamente, ¡más infeliz tampoco! Y me hace sentir realizado porque, al ser yo mi propio jefe, me permite desarrollar algunas de mis expectativas vitales.

Por otra parte, el enfoque contrario, trabajar para vivir, no parece demasiado bueno para la salud de la economía. Parece que esta visión convierte el trabajo en una obligación, en una pesada carga cruelmente impuesta para poder hacer lo que realmente importa en la vida, que es cultivar la vida fuera del trabajo: familia y casa; juegos y aficiones.

¿Cuál debe ser el enfoque correcto? ¿Es realmente buena esa idea que nos inculcaron en nuestra infancia en la que nos vendían que había que ponderar nuestra vida personal por encima de la profesional? ¿O se trata de una estratagema interesada de “los que están arriba” para mentalizarnos de que debemos ser más productivos, más competitivos en el mercado global, sacrificando lo realmente valioso? ¿Nacimos para trabajar o para descansar del trabajo?

Prometo seguir pensando en este tema.