@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Capítulo 2×13

El curso de vértigos fue bien. No es que lo diga yo; es que cuando pregunté a los asistentes si les estaba gustando, me respondieron que sí. Claro, que muy sinceros tendrían que haber sido para, en caso de que no les hubiera gustado, me hubieran dicho lo contrario. Pero bueno, eso junto con la satisfacción que me ocasionó dar mis clases es lo único con lo que cuento para decirles si el curso resultó bien o mal y les digo que sí, que fue bien.

Era viernes 11 de octubre y, una vez que hube despedido a profesores y a alumnos de mi hospital, a media tarde, estaba agotado y me merecía una buena siesta. Seguramente debería haber sido así, pero no fue. Aquel día había aún algo importante que celebrar.

Llegué a casa y me quité la ropa de otoneurólogo. Sin detenerme demasiado tiempo, me puse la camiseta que me regaló Jorge, en la que aparecen los principales Pokémon tipo planta en pose amenazante y bajo los cuales se puede leer, “Solar Beams” (que podría traducirse por algo así como “los chicos del disparo solar”).

Con el disfraz de entrenador Pokémon me fui a ver a los otros entrenadores. Aru había hecho el recado que le había pedido y me lo había comprado: Pokémon X, el primer título de la sexta generación, en el mismo día de su salida al mercado, como buen entrenador que se aprecie.

El grupo de entrenadores Pokémon había crecido mucho desde aquella primera reunión. Allí estábamos ahora ocho de los veinte, con nuestros Pokémon a punto para el combate, en una noche tibia de otoño, sentados en una terraza de la Alameda, tomando nuestro cóctel oficial: el White Russian. Ésa sí era una forma perfecta de acabar el día.

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El viernes es un día importante para mí: debuto como profesor en un curso de vértigos que se organiza en mi propio hospital.

No es la primera vez que me enfrento a un público, pero sí que estoy un poco intranquilo. Los asistentes al curso son otorrinolaringólogos que tienen mucho más tiempo de experiencia que yo en el mundo del vértigo. Llevo un mes largo preparando mis clases y hasta hace unos minutos no he acabado de darles los últimos retoques.

Llevo un año y medio a cargo de una consulta de Otoneurología, quizás sea poco tiempo para dar clases a otro grupo de médicos. O quizás sea al revés, podría utilizar mi escaso tiempo de experiencia como ventaja: al estar más cerca del comienzo del aprendizaje, puedo explicar las cosas de forma más cercana.

Prometo informar de cómo ha ido.