@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Para ir al Congreso Ibérico de Otoneurología, que viene a ser como la reunión anual de los otorrinos a los que nos gustan los mareos, hace falta presentar obligatoriamente un trabajo.

Tras el último congreso, que fue hace dos años, me quedé sin ideas para presentar. Quería seguir asistiendo al Congreso como fuera, así que empecé a exprimirme las neuronas para sacar algo adelante.

Pero no es fácil hacer trabajos dedicándose uno exclusivamente a la medicina privada: por un lado, no tenía acceso ni a fondos de investigación ni tampoco a la Biblioteca Virtual; por otro lado, es difícil extrapolar conclusiones obtenidas de pacientes que acuden a una consulta privada a la población general.

Un día se me ocurrió una idea. De forma bastante simplificada: la idea que tuve consistía un estudio bastante simple para analizar si se diferenciaban en algo los pacientes con vértigo que se curan de los que no se curan.

Le comenté mi idea a otras dos jóvenes otoneurólogas a las que había conocido de congreso en congreso y se ofrecieron a realizar el estudio en sus hospitales también. Así, sin darnos cuenta, habíamos comenzado un estudio prospectivo multicéntrico, aunque no fuéramos muy conscientes de ello.

Estuvimos dos años recogiendo datos de pacientes de tres hospitales, los analizamos y presenté los resultados hace un par de semanas en Lisboa. Nos dimos cuenta de que habíamos hecho bastantes cosas mal, pero que la idea no era mala. Así que decidimos comenzar de nuevo.

En los últimos días no he parado. A nuestros tres hospitales, se han añadido otros dos. Hemos estudiado los errores que cometimos y hemos repasado la bibliografía disponible. De repente, vamos a lanzarnos a hacer investigación clínica.

Nunca había pensado que algo así pudiera hacerme tanta ilusión. Me siento como un niño con zapatos nuevos. O con un videojuego nuevo. Bueno, en definitiva, que estoy ilusionadísimo.