@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Estás dentro de 2. Hoenn

Capítulo 2×03

Ir al norte. Caminar hacia el norte. Avanzar hacia el norte, como si el resto de puntos cardinales, sur, este y oeste fueran necesariamente peores.

Ésa era la filosofía con la que Vientoblanco y yo afrontábamos nuestra vida y, paralelamente, nuestro viaje por las tierras de Hoenn. Por eso, tras haber llegado a Ciudad Portual, nos dirigimos hacia las tierras frías del norte, como burros con viseras, sin dejarnos distraer por los estímulos de los laterales.

Tras un viaje tan largo que su duración sería difícil de precisar, Vientoblanco se encontró cerca de la orilla de un río a un entrenador de dragones que dijo llamarse Hivaj. Como todos los afortunados descubrimientos de la vida, más que un encuentro fue un brusco topetazo.

Hivaj llevaba entrenando Pokémon de tipo dragón desde hacía años. Estas especies de Pokémon son muy especiales, dado que son especialmente resistentes ante cualquier adversidad a excepción del frío y de los ataques de otros dragones.

En aquel momenoto, en su búsqueda de dragones fuertes por aquellas tierras frías, Hivaj había pescado un pez de aspecto bobalicón. Cualquier entrenador aprende pronto que ese pez se llama Magikarp, y que es uno de los Pokémon más débiles de los más de 600 descritos. Entonces, Hivaj propuso a Vientoblanco un reto: entrenar a aquel Magikarp hasta hacer de él un dragón poderoso.

Y yo me alegré por ellos y su desafío y los dejé allí, siguiendo mi camino sin rumbo, más o menos hacia el norte.

Capítulo 2×02

A Jorge lo veo un par veces al cabo del mes; sin embargo, no había vuelto a saber de Vientoblanco, su alter ego en el mundo Pokémon, desde que nos despedimos fríamente hace casi tres años en las montañas heladas del norte de la imaginaria región de Johto.

Por eso me sorprendió que quisiera volver a ese mundo paralelo. La suya no era una decisión precipitada; me la venía proponiendo desde hacía bastante, pero yo nunca la había tomado en serio. Durante todo el tiempo que había transcurrido, Jorge ya no era un universitario frikie que se pasaba las horas en su casa delante de un ordenador; ahora era todo un ingeniero encorbatado que se pasaba las horas en su oficina, delante de un ordenador. Yo tampoco era un ocioso opositor; ahora me paseaba en bata blanca por un hospital y con una reputación que mantener.

Y en medio de ese universo de realidades, Jorge quiso volver a ser Vientoblanco, el entrenador de Pokémon acuáticos que se teñía el pelo y las barbas de color azul eléctrico.

Vino a casa un domingo de julio, a las cuatro y media de la tarde, a esa hora en la que nadie sale en mi ciudad porque está fundido el asfalto de las calles. Anduvimos bajo el sol hasta llegar a esa zona del puerto que no conoce nadie y desde donde parte un barco que deja en la isla Pokémon de Hoenn, en el muelle de ciudad Portual.

Nada más bajarnos del barco, nos dimos cuenta de que ya éramos demasiado grandes en edad y en tamaño para continuar en aquel juego, pero como era nuestro deseo volver a vivir las aventuras de hacía unos años, usamos nuestra imaginación (y el Photoshop) para poder volver durante una temporada a ese mundo que no existe.

Capítulo 2×01

Estábamos próximos a cumplir la treintena, pero como si todavía tuviésemos doce años, nos pusimos a hablar sobre Pokémon en mitad de la Alameda de Hércules. Fascinados por la magia de este juego, los tres habíamos sido entrenadores en nuestro tiempo y nos habíamos enfrentado entre nosotros en más de una ocasión.

¿Has empezado ya a jugar al remake de la segunda generación? -me preguntó Vientoblanco.
-No. No sabía que hubieran sacado un remake.
Ya hace tiempo -siguió Giz. Yo he elegido como primer Pokémon al de tipo planta y Vientoblanco al de tipo fuego. Tienes que empezar a jugar ya; compra el juego este lunes y elige a un Pokémon de agua. Así conseguiremos entre los tres tener un equipo fuerte.
-Que va… me gustaría, pero es que no tengo tiempo.
-¿Cómo que no tienes tiempo?
-En serio, no puedo. Tengo muchas cosas que hacer, no puedo permitirme gastar una hora diaria en atrapar bichos que no existen. Ya estoy muy mayor para eso.
-No, lo que pasa es que desde hace un tiempo te crees que haces cosas más importantes. Fíjate en tu blog. Antes te dedicabas a contar tus aventuras en el mundo Pokémon. De acuerdo, esas aventuras no ocurrieron nunca, pero en cierto modo hacían que tu imaginación siguiera viva. Y ahora… ahora sólo hablas de enfermos; o peor aún, de gestión de enfermos. Tu blog está siempre hablando de enfermedad: es enfermizo.

Pero yo sabía que aquello no era exactamente así, que la verdad era que ahora llevaba muchas cosas adelante: la tesis, las comunicaciones a congresos, mi proyecto de eHealth, mi casa, la compra, la limpieza, la comida, las relaciones por Twitter, los pacientes, el estudio de la especialidad y mucho más. No me quedaba tiempo y, al fin y al cabo, Pokémon no era algo tan importante como lo demás.

-Emilienko.
-Dime.
-Tus nuevos planteamientos; me recuerdan a la historia de Momo y de los hombres grises.