@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Capítulo II

A las ocho de la tarde, Emilio libraba su primer combate: su Squirtle contra un Pidgey salvaje. Resultaba que el Pokémon que había escogido un rato antes atacaba exclusivamente lanzándose contra el enemigo e intentándo placarle. El enojo de Emilio en aquel momento era indescriptible: resulta que el juego de moda, aparte de ser un fiel reflejo de una sociedad capitalista, encima se basaba en la violencia. Y no le faltaba razón.

Sin embargo, algo sucedió, que cambió su punto de vista. Tras dos o tres Pokémon salvajes derrotados, su pequeño Squirtle se hizo más fuerte y aprendió a lanzar burbujas de agua por la boca. Este hecho llevó a Emilio a comprender una de las primeras reglas del juego: si entrenas a tu Pokémon, se hace más fuerte y aprende nuevos ataques. Unas horas más tarde dedujo que cada ataque debía ser utilizado en una ocasión determinada, en función del tipo de enemigo que acechara.

¿Qué haces despierto con el ordenador? ¿No has cenado todavía?“-dijo su madre. Emilio miró el reloj. Eran casi las dos de la mañana.


Capítulo I

El 27 de diciembre de 2000, Emilienko comienza su aventura Pokémon. Por aquel entonces, Emilienko no se hacía llamar así; él era simplemente Emilio, un chaval de 17 años de Ciudad Azulona. Esa tarde, sobre las siete, mientras se hacía de noche, emprendió el camino hacia Pueblo Paleta. El viaje no fue duro: en el mundo Pokémon las ciudades están a cinco minutos unas de otras, por lo que viajar es muy sencillo.

Cuando llegó a Pueblo Paleta, el profesor Oak le enfrentó a su primer dilema: escoger entre tres a su primer Pokémon. Las opciones eran tres: Bulbasaur, el Pokémon Planta; Charmander, el Pokémon Fuego y Squirtle, el Pokémon Agua.

Si decimos la verdad, al pobre Emilio no le gustaron mucho ninguno de los tres; pero tenía que escoger un Pokémon por compromiso con su amiga Bea. El primero que desechó fue Charmander; sabía que este Pokémon era el favorito y más elegido entre los niños de seis años y por supuesto él no iba a estar entre los entrenadores del “montón”.

Decidir entre Bulbasaur y Squirtle fue más complicado, una decisión tan dura como escoger un buen nick para el Fotolog. Fueron unos minutos con consecuencias de por vida. Al final, y sin ninguna razón especial, eligió a Squirtle, la tortuguita de agua. Y siendo las ocho de la tarde, de noche cerrada, se aventuró por la Ruta 1.

Continuará…