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Estás dentro de Médico en proceso

Una de las peores cosas de ser médico es que, cuando tu familia se reúne otro año por Navidad y compruebas que todos siguen bien de salud o que sólo tienen pequeñas dolencias, sabes que esa situación es muy frágil. Entonces, con cierto agobio, te preguntas si al año que viene, en la próxima Navidad, volveremos a estar todos y así de bien.

A pesar de esta actualización, un poco pesimista, os deseo feliz Navidad a los que la celebráis, felices fiestas a los demás y felices guardias a los que tenemos que trabajar.

En ocasiones, un paciente me pilla con los cables cruzados y recibe de mí una contestación brusca o una explicación rápida. Incluso en un par de ocasiones he llegado a discutir con pacientes.

Me ocurre siempre entre las tres y las cuatro y media de la madrugada y con enfermos de Urgencias. Después de una cansada guardia en la que por fin me meto en la cama, me destroza los nervios levantarme a la media hora con el corazón en un puño porque acaba de sonarme el busca.

He aprendido a no irritarme en estas conversaciones nocturnas con los pacientes: tomo aire despacio y pienso que si el paciente ha venido a Urgencias a esas horas es porque está muy agobiado y que por lo tanto hay que ayudarle. A veces, esto no es suficiente y tengo que recurrir a pensamientos del tipo que “quiero ser un médico bueno y paciente” o incluso a que “me están pagando por estar de guardia“.

A pesar de esto, es posible que ganen la partida de la paciencia ideas opuestas del tipo “¿por qué no se tomó un ibuprofeno y me dejó dormir?“, “¿por qué come cosas a la que sabe que es alérgico?“, “¿por qué viene si ha dejado de sangrar?” y “¿por que no vino hoy a las siete de la tarde?“.

Esos días en los que los pensamientos negativos son más fuertes que los positivos son aquellos en los que los pacientes me cogen con los cables cruzados. Espero que, con el paso de los años, sean cada vez menos.

Cuando hablo con mis compañeros del hospital, todos estamos de acuerdo en la suerte que tenemos por recibir un sueldo fijo en esta época de crisis económica. Parece que la crisis está siendo terrible y está dejando a mucha gente en paro. Sin embargo, una vez que cruzas las puertas del hospital es como si la crisis desapareciera.

Con frecuencia atiendo a pacientes en las guardias con sordera súbita. El tratamiento de la sordera súbita es caro y de efectividad dudosa, pero se prescribe para intentar hacer algo por alguien que se ha quedado sordo de repente y que es posible que no vuelva a escuchar más por el oído enfermo.

En Urgencias no se hacen recetas. Esto es algo que me da mucha rabia, porque no me gusta que un médico de familia acabe recetando lo que yo prescribo en Urgencias; pero se trata de una norma del hospital y no puedo hacer gran cosa para cambiarla. Normalmente, los pacientes se toman bien lo de irse sin recetas; pero en una ocasión, no fue así: un paciente con sordera súbita me dijo que no podía pagar las pastillas sin el descuento de la receta.

En esa guardia, la crisis económica cruzó las puertas del hospital. En esa guardia, como tradicionalmente, no hice recetas. En esa guardia, me sentí como una mierda.

Nota: Las recetas que no se hacen en Urgencias son las de tratamientos crónicos. Tras comentar el problema, me dijeron que puedo emitir recetas de tratamientos prescritos por primera vez en Urgencias.