@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Estás dentro de Telemedicina y 2.0

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Un día de hace dos primaveras, al salir de quirófano, y sentir el calor del sol en la cara, me dio por tuitear esto:

Saliendo de quirófano contento. Hoy he operado muy bien.

Lo que parece un tuit inocente, pudo haber tenido sus repercusiones. Por ejemplo, imaginando que alguno de mis pacientes operados hubiera leído el comentario, ¿podría haberse enfadado porque yo hubiera compatido esa información de quirófano? Y, en lo referido a los pacientes a los que operé días en los que no dije que la cirugía había ido muy bien, ¿podrían sentirse en cierto modo suspicaces acerca de la idea de que su cirugía no había resultado todo lo mejor posible?

En teoría, mientras que yo no comparta información con la que se pueda identificar a un paciente concreto o que desvele aspectos privados de mi empresa, soy libre de tuitear cualquier cosa. Pero las posibilidades de un tuit son casi infinitas y las fronteras de lo permitido y de lo adecuado no son precisas, sino que existe una gran región que separa lo correcto de lo ilegal.

Claro, que yo soy residente de Otorrinolaringología, y que las operaciones que hago son sencillas y habituales. Amigdalectomías… ¿cuántas se hacen en Andalucía al cabo del año? Pero, ¿qué ocurriría si yo fuera un cirujano hiperespecializado, por ejemplo en heridas por asta de toro o en trasplante de cara? ¿Podría permitirme el lujo de tuitear que he operado bien cuando muchos de los pacientes que se someten a estas intervenciones son famosos y las operaciones a las que se someten y sus resultados salen incluso en la prensa rosa?

El pasado martes recibí un correo electrónico de la Consejera convocándome a una reunión en los servicios centrales del SAS. En principio pensé que debía de tratarse de una broma, pero al ver que el correo provenía de una dirección corporativa me presenté a la cita. No era una broma.

Había sido convocado a una reunión con otros tuiteros sanitarios andaluces. Todos los presentes nos habíamos visto alguna vez; o al menos, nos habíamos leído. María Jesús Montero llegó y nos dijo que nosotros éramos algunos de los expertos andaluces en redes sociales aplicadas al campo de la comunicación médico-paciente o de la comunicación interprofesional.

Yo pensé para mis adentros que yo de experto no tenía nada, que yo lo que hago es escribir un blog de Pokémon, pero ella prosiguió diciendo que seguramente en esos momentos muchos de nosotros estaríamos pensando precisamente eso: que nosotros de expertos no teníamos nada. Pero que, sin embargo, allí estábamos día a día, haciendo comunicación, y que llevábamos haciendo eso desde hace años, así que algo debíamos saber.

Rosa Andrade y Carlos Oropesa (más comúnmente conocidos como @randrom y @rincondesisifo) nos presentaron el proyecto Red Salud Andalucía: un proyecto grande y ambicioso que ofrecer pautas de comportamiento y guías de estilo a las diferentes iniciativas digitales espontáneas que surgen en nuestra comunidad.

Del mismo modo que yo he encontrado problemas en la disociación entre mi identidad corporativa como miembro del SAS y mi propia entidad como usuario de Twitter, estoy seguro de que otros profesionales están teniendo dudas acerca de cómo otorgar a sus proyectos carácter oficial (por ejemplo, un blog de una unidad de gestión) o acerca de cómo quitárselo (en el caso de un proyecto personal de un sanitario que trabaja en la sanidad pública andaluza). También, y esto lo sé de buena tinta, bastantes compañeros están deseosos de compartir sus presentaciones y sus vídeos en Slideshare o YouTube y no saben hasta qué punto vulneran al hacerlo la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD).

A mí personalmente el proyecto me parece muy interesante; en especial en lo referido a la guía de estilo. Y si para el proyecto sirven mis inquietudes y experiencias acerca de qué cosas son tuiteables por un sanitario y qué cosas no lo son, pues mejor que mejor. Encantado de aportar.

El hielo se funde y pasa de sólido a líquido; afortunadamente, para que un hospital pase de sólido a líquido no hace falta fundirlo. Tan sólo hace falta que su presencia “fluya” a través de redes sociales y medios electrónicos de comunicación. Eso lo transforma en un “hospital 2.0” o en un “H 2.0”; en agua que se expande.

Aunque el concepto de hospital líquido ha sido debatido, alabado y criticado en la Blogosfera Sanitaria, el pasado jueves tuve la oportunidad de conocer en Barcelona a Jorge Juan Fernández y a Julia Cutillas, responsables del primer hospital líquido de España: el Sant Joan de Déu de Barcelona.

Tal y cómo aprendí de ellos, organizar la presencia digital de un hospital y gestionar su reputación es una tarea difícil y que requiere una constancia diaria. No sólo se trata de monitorizar el nombre de tu centro sanitario en internet; sino de controlar la aparición en los medios de tus profesionales y de responder los comentarios de los usuarios en tu página web.

Sin embargo, la realización de estas tareas propias de un community manager tiene ciertas peculiaridades cuando se trata de un centro sanitario. Así, uno de los asistentes propuso un supuesto clínico que le puede ocurrir a un hospital líquido:

“Imaginen que un viernes, a última hora de la tarde, un paciente se pone en contacto con su hospital a través de su página web, fuera del horario laboral de su community manager. El paciente comunica su deseo de suicidarse inminentemente y proporciona una dirección para que acudan a ayudarlo. El mensaje del paciente es leído por el community manager el lunes a primera hora y, cuando los servicios de urgencia llegan a la dirección indicada, el paciente ha fallecido. ¿Qué tipo de responsabilidad pesa sobre el hospital en este caso?”

La aplicación de las nuevas tecnologías siempre origina cuestiones como éstas, que no son fáciles de responder. Bajo su punto de vista, ¿tendría responsabilidad el hospital sobre la muerte de este paciente?

Algo ha cambiado este año en el Congreso de la Blogosfera Sanitaria, vosotros también lo sabéis.

Claro, que yo fui de los que estaba encantado de que a la misma mesa redonda se sentaran los grandes blogueros sanitarios españoles: todos juntitos y discutiendo acerca del sexo de los ángeles, que en este mundo de la blogosfera se resume en la pregunta de por qué diantres uno escribe un blog.

Hace un año estábamos tan contentos con nuestra mutua presencia, que dolió el comentario de Paco Lupiáñez, que criticaba nuestro ombligocentrismo en aquel congreso: dio justo en el blanco y nos hizo reconocer que debíamos hablar más de innovación y de iniciativas; que aquello era una reunión de pioneros en un terreno sin explorar y no una presentación de los actores protagonistas en el Comic-Con.

Durante el pasado año, con esa crítica pegada a nuestro subconsciente, los blogueros sanitarios españoles hicimos los deberes. Cada uno a nuestra manera: unos organizaron eventos de promoción dospuntocérica, otros promocionaron la formación en nuevas tecnologías, algunos se volvieron aún más claros, incisivos y concretos en sus críticas al sistema sanitario público y unos pocos organizaron útiles iniciativas participativas.

¿Y qué he hecho yo durante los últimos doce meses en el terreno 2.0?

En primer lugar, he madurado bastante mi visión respecto a la relación médico-paciente por internet: ahora soy mucho más precavido. Sé que la implementación de modelos digitales será inminente y que es posible que en muchas ocasiones echemos de menos estudios sobre la seguridad de la aplicación de estos sistemas. En segundo lugar, tuve la idea del Examen MIR 2.0; lo organicé lo mejor que supe y pude y pretendo hacerlo otra vez el año que viene con la ayuda de quien quiera colaborar.

No está mal. Estoy satisfecho.

Este año iré al congreso en Madrid; acabo de releer el programa. La oferta de actividades de este año es amplia y variada: decenas de iniciativas, ideas, talleres, ponentes,… Es difícil elegir, parece que al igual que yo todo el mundo ha trabajado mucho este año. Sin embargo, no puedo evitar una sensación: esa mesa de grandes autores donde cada uno contaba sus experiencias personales ya no tendrá cabida en nuestro congreso, el de los blogueros sanitarios. Este universo nuestro se ha expandido demasiado rápidamente como para contar con una mesa así.

Y un secreto entre vosotros y yo: por muy narcisista que fuera, ver juntas las caras de la foto de arriba fue lo que más me gustó del año pasado.