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Estás dentro de Coleccionables

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El pasado martes 4 de diciembre, mientras que los EIRes andaluces colgaban chorizos en la reja del Palacio de San Telmo durante su 16º día de paro indefinido, la huelga fue suspendida. La Administración exigía que los EIRes se reincorporaran a sus puestos de trabajo para realizar la negociación y los EIRes, dando un voto de confianza a la administración, se incorporaron y se pusieron a negociar.

La propuesta realizada por la Administración fue, según la opinión de la mayoría de los EIRes, muy deficiente. A la mayoría de los EIRes se les seguirían sustrayendo diez horas de guardias de su sueldo, a excepción de aquellos que hicieran tres o menos guardias al mes (un porcentaje pequeño de ellos) a los que se le sustraerían entre 0 y 5 horas.

El desarrollo de los acontecimientos cada vez se parece más a una novela de Saramago -me dijo una antigua compañera hace unos días. No le falta razón. Del mismo modo que en una novela de Saramago sobre la lucidez de la población, entre los EIRes han surgido voces que han rechazado la propuesta de la Administración criticando su “divide y vencerás”, un truco ya muy visto en la contratación de personal sanitario que convierte en muy difíciles las negociaciones colectivas, al haber multitud de contratos cada uno con sus ventajas e inconvenientes.

Actualmente, la suspensión de la huelga es la opción que se ha seguido. Suspensión significa que la huelga continúa, pero que los trabajadores dan una tregua y todos ellos acuden a trabajar. Por el otro lado, también implica que pueden volver a la huelga en cualquier momento y sin avisar: dentro de un mes, una semana, mañana o ahora mismo. La suspensión es muy peligrosa, pues en cualquier momento se puede llamar a la huelga. En ese caso, consultas, urgencias, laboratorios y partes de quirófanos pararán, dejando a pacientes sin atender en la sala de espera, informes sin realizar y enfermos en la puerta de quirófano sin operar.

Windows propone dos alternativas a la suspensión de un sistema. La primera es apagar. Dejar que la Administración gane y volver al trabajo con el descuento de las diez horas de guardia, la cabeza agachada, odiando el Sistema y resignándose a él o a la emigración antes de haber cumplido los 30 años de edad.

La segunda y más inteligente es reiniciar. Partir desde cero, reformar el modelo EIR. Eso pasa por dos alternativas: la primera es reconocer que los EIRes asumen competencias propias de un médico adjunto y, por tanto, remunerarlas convenientemente. La segunda es cambiar el modelo y disminuir el sueldo, pero no consentir que los EIRes asuman responsabilidades que no les corresponden: dar altas de Urgencias sin supervisión, indicar cirugías, tomar decisiones importantes de pacientes oncológicos o paliativos, sustituir a médicos adjuntos durante sus vacaciones, pasar consultas asignadas específicamente a ellos o realizar guardias presenciales con un adjunto localizado, entre otras.

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Hoy es el día 14º de huelga indefinida del colectivo EIR andaluz y las cosas no tienen mucha pinta de cambiar. La administración se niega a negociar y los EIRes se niegan a volver al trabajo. Sin embargo, esta actualización no trata de hablar de la situación de la huelga, sino trata de recopilar las diferentes formas de propuesta, algunas de ellas muy originales, que han realizado los residentes durante estas dos semanas. Han sido variadas y muy difícil seleccionar algunas frente a otras; pero finalmente he elaborado una especie de “top ten” con las propuestas más novedosas y arriesgadas. Y aquí os la ofrezco:

10º La conquista de monumentos y acontecimientos públicos: Desde puntos característicos de toda Andalucía se han colgado pancartas con consignas de la huelga. En medio de estas manifestaciones, tres EIRes de Córdoba saltaron a la media maratón y la corrieron con la bata puesta. Los de Sevilla, fueron a ver el partido Betis-Valladolid, con batas y pijamas verdes, para apoyar al Betis. Os dejo con algunas fotos para que lo podáis comprobar.

9º El entierro del SAS: El jueves 22 en Córdoba y posteriormente el viernes 23 en cada ciudad de Andalucía, manifestaciones silenciosas de residentes llevando bata blanca y con velas rojas patrullaron las calles celebrando un simbólico entierro del Sistema Andaluz de Salud ante el riesgo de la privatización de la sanidad.

8º La cucaracha en la Palmera: No se puede cortar una avenida sin autorización, pero sí se puede utilizar el paso de peatones cuando el semáforo está en verde. Más de una veintena de veces, los EIRes salieron a la avenida de la Palmera de Sevilla para mostrar sus carteles a los coches que esperaban en rojo. Las últimas veces, se tumbaron sobre el paso de peatones, boca arriba y moviendo las extremidades, “haciendo la cucaracha”. Para los que no seáis de Sevilla, os explicaré que tumbarse en la Avenida de la Palmera es algo de alto riesgo, por la cantidad de tráfico que existe y la velocidad de éste. (Edito: me comentan desde Córdoba que esta idea estuvo basada en una experiencia MIR previa haciendo “la cucaracha” en el puente romano).

7º Operación Parlamento: El 28 de noviembre, tras la incapacidad de dialogar con la Administración, residentes de toda Andalucía se desplazaron al Parlamento Andaluz, con motivo de la realización de un pleno. Esperaron desde primera hora de la mañana, de modo que los parlamentarios tuvieron que pasar entre ellos para acceder al Parlamento.

6º Lucha por el hashtag: Si los medios de comunicación no se hacen cargo de cubrir la noticia, ¿por qué no tuitear como locos para que #huelgaEIR se convierta en trending topic? El 21 de noviembre, a un ritmo de 50 tweets por minuto, los residentes se encargaron de semejante empresa. Sin embargo, no lo consiguieron, quizás debido a que muchos de ellos tenían un bajo número de seguidores. Sin embargo, si que lograron dar difusión a la noticia. Y no sólo Twiiter ha sido la red encargada de registrar la revolución. El grupo de Facebook es difícil de seguir por la gran cantidad de producción. Por otro lado, no faltan vídeos motivadores en YouTube como el que se muestra a continuación.

5º Residentes por el Mundo: Los residentes que se encuentran realizando rotatorios externos en otras partes de España y del mundo, han decidido sumarse a la huelga a través de fotos con carteles en los que animan a la consejera de salud que los escuche, con el lema “Señora Montero, ¿se me escucha desde aquí? Los destinos son numerosos: Nueva York, Chicago, Miami, Los Ángeles, Sao Paulo, Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Berlín, Turquía, Mozambique o la franja de Gaza.

Dentro de esta misma campaña, todos los EIRes andaluces decidieron irse de Sevilla un día, simulando la emigracíón de médicos. Cargados con sus maletas y con las batas blancas, los podéis ver en la siguiente foto, haciendo cola en las taquillas de la estación de Santa Justa de Sevilla. Con sus tickets en la mano, se montaron en trenes y fueron de aquí para allá por toda la provincia.

4º Operación “Patos en la charca”: Comenzamos a hablar de actos más peligrosos. Un pequeño grupo de EIRes se infiltra en el congreso de la Sociedad Andaluza de Calidad Asistencial (sí, yo tampoco sabía que esa sociedad existía) que tenía lugar en el parador de Cádiz utilizando acreditaciones falsas. Una vez dentro, comienzan a filtrar el contenido del congreso al centenar de residentes que se encontraba fuera. Los de fuera, considerando que el contenido del congreso es falso, deciden entrar en él. Pero como la seguridad se lo impide, a través de redes sociales se ponen de acuerdo para desbloquear una puerta de emergencia… ¡y entran! Tras interrumpir en la sala donde se dan las conferencias, les invitan a subir al escenario y exponer sus preocupaciones. En el siguiente vídeo de YouTube se puede apreciar las vivencias de los que esperaban fuera.

3º Comando Resistencia: A las siete de la tarde del día 28 de noviembre, un grupo de EIRes se dirige en secreto a una sede del PSOE de Sevilla en la que la consejera de salud iba a acudir a dar un discurso. La idea original era preguntarle su opinión acerca de la huelga de los EIRes al finalizar la charla. Entonces aparecieron “los hombres de negro”. Los hombres de negro han estado ya en varias reivindicaciones, visten de negro y con gafas de sol y son los encargados secretos de velar por la seguridad. Pero, con tanta actividad, la los EIRes les conocen las caras y saben quiénes son. Se suspendió la aparición de la consejera y los EIRes decidieron ir a hablar con los hombres de negro. No lo consiguieron. Los hombres de negro se alejaron corriendo.

2º La conquista del buque insignia: Y si tras varios días de huelga no se está consiguiendo nada, ¿por qué no llamar a Batman? En este vídeo, Batman entra en el Hospital Virgen del Rocío a colgar clandestinamente una pancarta. Es cierto que la pancarta se ve pequeña, pero el Virgen del Rocío es muy grande y burlar la seguridad, difícil.

1º Denuncia masiva: Muchos EIRes sospechaban que desde sus servicios se estaba boicoteando su huelga desde que se hacían contratos o duplicaban turnos de los adjuntos para que no se echara de menos su falta. Este hecho fue masivamente denunciado en la delegación de trabajo a través de denuncias individuales en las que se aportaron fotos. Para mí, éste ha sido el acto que ha requerido más valor, puesto que se denunciaba a su propio servicio y a título personal.

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El miedo es algo inherente a la profesión médica. A mí, sin ir más lejos, hay muchas cosas que me dan miedo. Me da miedo, por ejemplo, que me llamen a las cuatro de la mañana, en lo más profundo de mi sueño, porque tengo que hacer una traqueotomía de extrema urgencia, saber que soy el único que la puede hacer y que como tarde mucho en conseguirlo, el paciente morirá asfixiado.

Ése es un miedo que conocía y que acepté gustosamente al comenzar mi profesión. Sin embargo, existen otros miedos, miedos que he tenido que aguantar durante la residencia y que nadie te cuenta. Miedos que yo había olvidado hace unos meses y que este fin de semana he recordado, hablando con mis antiguos compañeros, al hilo de la huelga de los MIRes.

Existe el miedo, por ejemplo, a no ser un buen residente. Se trata de un miedo bastante tonto, porque cuando estás fuera de la residencia te das cuenta de que las formas de evaluar a los residentes no son para nada las que definen a un buen médico; pero bueno, es un miedo, y es un miedo razonable. Hablando con varios MIRes en huelga, he descubierto que, con motivo de la huelga, muchos de ellos tienen miedo a que sus adjuntos tengan mal concepto de ellos: simplemente por defender lo que creen justo. En especial, en los casos en los que los adjuntos se encargan de hacerles saber a los residentes que está siendo así.

Luego está el miedo a las carencias formativas. A perder días de aprendizaje, a perder cirugías únicas y a perder ver de primera vista casos extraños. De nuevo se trata de un miedo comprensible; pero, visto desde fuera, tampoco es tan grande. Cuando uno acaba la residencia, descubre que tiene que seguir aprendiendo y estudiando cada día, que nunca lo sabrá todo y que, aunque perdiera un mes de formación, tampoco se iba a notar tanto al acabar el MIR.

Tampoco falta el miedo a la repercusión laboral: a que se tomen consecuencias y que haya un castigo por haber hecho huelga. Aunque esto puede parecer una barbaridad en un país democrático como el nuestro, ese temor existe. Existe el miedo a que si uno no es un “buen chico” perderá el trabajo, a que sufrirá marginación por parte del resto o a que tendrá que realizar trabajo extra para compensar su marcha.

Pero cuando hay mucha gente en huelga, uno se da cuenta que esos miedos no son tolerables, y que no pueden serlo dentro del país en el que queremos vivir. Entonces esos miedos evolucionan, se transforman y se antagonizan y se convierten en valentía. Y es cuando uno comienza a leer noticias sensacionales en internet. Como que los MIRes siguen luchando al octavo día de huelga indefinida. Que en Andalucía los adjuntos con contratos eventuales se reúnen y estudian adherirse a la huelga. Que en Madrid toda la Sanidad está en pie de guerra. O que algunos periodistas se revelan contra las órdenes que tienen de no cubrir la noticia y que, fieles a la ética periodística, cuentan lo que está ocurriendo.