@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Estás dentro de Juegos para el sábado


¿A qué juegas tú en la vida?

Algunos juegan al póker, y se guardan ases en la manga. Otros disfrutan con la oca; van de puente a puente sin que les lleve la corriente. Los ajedrecistas luchan por llegar a la octava casilla y promocionar. En el parchís, hay que comerse a los demás para contar veinte.

Cada uno participa con sus propias reglas al salir a la calle. Poco a poco, norma a norma y tirada a tirada, los seres humanos vamos formando un juego. Es el gran juego de la Vida, en el que nadie gana ni pierde del todo, aunque algunos salen de él más victoriosos que otros.

Así termina esta sección de veinticinco juegos. El gran juego de la Muerte, con el que comenzó la serie, era el juego de las cosas inanimadas, el juego en el que las decisiones no influyen nunca en el resultado final. El gran juego de la Vida es todo su opuesto: un experimento gigante en el que cada uno de tus movimientos repercute en el presente y el futuro. Es un juego que abarca a todos los demás, es el juego último de una fila de muchos. Un juego con canción propia que suena a todas horas.



El juego del pañuelo es una competición entre dos equipos de niños equidistantes al árbitro, que sostiene un pañuelo. Cuando el árbitro pronuncia un determinado número, un componente de cada equipo sale disparado hacia el pañuelo en un desesperado intento de hacerse con él y obtener un tanto para su equipo.

Los adultos no juegan con pañuelos sino con bienes más codiciados: entradas de cine, plazas de oposición, parejas sentimentales, becas, artículos de rebajas, ascensos laborales, asientos en el autobús, matrículas de honor… todos ellos con una demanda superior a su oferta. La lucha para conseguir estos bienes no difiere mucho de la que mantienen los niños para hacerse con el pañuelo y puede consistir en golpes, insultos y peleas.

¿Cuántas veces has conseguido el pañuelo? ¿Y hasta dónde has estado dispuesto a luchar para llevártelo?


Para jugar al juego del teléfono, los niños formarán una fila india. El primero de la fila comunicará un mensaje al segundo, el segundo lo pasará al tercero y así sucesivamente hasta llegar al último jugador, que repite el mensaje en voz alta. Es divertido e interesante comprobar cómo el mensaje se va distorsionando a lo largo de la cadena, eslabón a eslabón.

Tal vez por este aprendizaje, los adultos tienen una tendencia a creer que todos los mensajes están exagerados cuando existen intermediarios, juzgando exhaustivamante la información que reciben. Parece como si tuviéramos una reticencia innata a aceptar las catástrofes que no conocemos de primera mano.

A nuestro sur, la Humanidad muere de hambre y sida; en nuestro norte, los casquetes polares se funden a velocidades alarmantes… …pero pensamos que son exageraciones de misioneros, ecologistas y periodistas y subestimamos la realidad. Hasta que un día la realidad nos restriegue su mensaje por las narices.