@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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-…¿qué hora es?… …6:40… …mhm… …puedo dormir cinco minutos más… …cinco minutos… …cinco… …zzz…
-¡AAAHHH! ¡Emilienko, por favor, ayúdame!

Me levanté de la cama corriendo con el corazón en un puño para encontrar a mi compañero de piso, a quién conocía desde hace sólo dos días, blanco y en el suelo.

-¿Qué pasa?
-¡Todo da vueltas! ¡Toda la habitación está girando!

No me podía creer que esto me estuviera pasando precisamente a mí. Automáticamente encendí mi chip otoneurológico y comencé la entrevista que he ido estructurando a lo largo de mi residencia tras ver a tantos pacientes mareados.

-¿Has tenido fiebre? ¿Te duele la cabeza? ¿Notabas que el mundo se movía? ¿Qué estabas haciendo antes de que empezara la sensación? ¿Cuánto tiempo duró esa sensación? ¿Te había pasado antes? ¿Tienes sudores fríos o ganas de vomitar?

Mi compañero iba respondiendo mientras yo, incrédulo, veía que me estaba describiendo un cuadro típico de vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB).

Dicen que el VPPB es la forma de vértigo más frecuente que existe. Dentro del oído interno hay unas piedrecitas microscópicas que se llaman otolitos. Si los otolitos se salen de su sitio y se meten en alguna parte del laberinto en la que no deben estar, estimulan los receptores del equilibrio, creando un vértigo de gran intensidad de segundos de duración y que es muy típico que se desencadene al incorporarse o al echarse en la cama.

-¿Qué hago? ¿Tengo que tomar pastillas? ¿O ir al hospital?
-No, no, nada de eso. Siéntate en la cama.

Me froté las manos y, como cuando el señor Miyagi arregla la pierna de Daniel en Karate Kid, hice a mi compañero la famosa maniobra de Dix-Hallpike. Tras escasos segundos, sus ojos empezaron a moverse descontroladamente, acusándo a sus otolitos de haberse metido sin permiso por el conducto semicircular posterior izquierdo.

-¿Qué está pasando? ¡Esto es horrible! ¡Todo se mueve! ¿Me voy a morir? ¡Qué mala suerte que esto me ocurra tan lejos de mi casa!
-Te equivocas. Curiosamente, éste es uno de los mejores sitios en los que te podría haber ocurrido esto.

Completé la maniobra de Epley para devolver los otolitos perdidos a su sitio y entonces sonó el despertador. Por fin eran las 6:45.

Richard era más feo que picio. Su fealdad era llamativa desde el primer momento que uno lo miraba. Mientras lo veía devorar en mi sofá su grueso tomo de un escritor con nombre ruso durante las largas siestas de agosto, me preguntaba si no sufriría rechazo debido a su aspecto en su vida habitual.

Nunca me atreví a preguntárselo, pero deduje que debía ser así, dado que sus libros y sus tazas de té mientras escuchaba Radio Clásica parecían satisfacer toda su necesidad de ocio. No conoció a nadie mientras vivió conmigo.

La convivencia con él la recuerdo deliciosa. Richard podría servir para ilustrar en qué consiste la educación inglesa: desde la delicadeza al coger los cubiertos al comer hasta su esmero en la limpieza y el orden pasando por su corrección en la forma de ser y su dominio del arte de la conversación.

Conforme lo iba conociendo, cada vez me sentía más violento cuando lo primero que hacían mis visitas era comentar lo desagradable de su gesto, en un desenfadado ejercicio de superficialidad.

A Richard le gustaba oírme tocar el piano, pero no fue hasta el último día cuando me confesó que el sabía tocar también. Le pedí que así lo hiciera, que me encantaría escucharle, pero él se excusó diciendo que quería acabar el capítulo de su libro.

Unos minutos después, entré en la ducha. Fue entonces cuando lo escuché. Richard se había sentado al piano a interpretar a Shostakovich. Era una pieza difícil, pero de su interpretación, limpia, precisa, perfecta, se comprendía que él era profesional del instrumento y que había tocado muchas horas.

Cuando acabó mi ducha, Richard aún no había terminado su concierto, pero lo interrumpió bruscamente al escucharme entrar y metió la cabeza entre los hombros de forma tímida.

-Pero… ¿eso es Shostakovich? ¡Es una interpretación brillante! ¡Eres un pianista excepcional!
-Sí…-dijo tímidamente. Se podría decir que Shostakovich fue mi primer y único amor.

Audio: La pieza en cuestión: Concierto para piano número 1 en Do menor.

 

Hace unas semanas estuve en la boda de Pili, que el tiempo ha pasado tanto para Pili como para mí, que ya estamos en edad de casarnos, y que ya tenemos cosas más complejas en nuestra cabezas que cuando nos conocimos, con cuatro años de edad, en los que nuestro mayor placer era que nos dejaran colorear con nuestra propia caja de ceras Dacs.

Muchas caras que llevaba tiempo sin ver en aquella boda y cada una de ellas ha recorrido su vida por un camino muy diferente. En la mesa del convite, un viejo amigo me contaba lo buena que había su experiencia en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el “maravilloso espíritu de confraternidad que se había respirado en Madrid durante aquellos días de verano” y la “inmensa reunión de jóvenes con ideales positivos” con la única mancha de las increpancias que habían tenido que soportar de algunos integrantes del movimiento 15M.

Yo salté al escuchar esto último porque, al haber conocido en primera persona el movimiento 15M, tanto en Sevilla como en Madrid, no me puedo imaginar éste como algo distinto al “maravilloso espíritu de confraternidad que yo mismo había respirado durante esos días de primavera” y “la inmensa reunión de jóvenes con ideales positivos” con la única mancha de la represión policial al movimiento durante las JMJ y las burlas de los asistentes al mismo evento que tantas veces salieron en YouTube.

Ni mi viejo amigo ni yo quisimos dar nuestro brazo a torcer y se estableció un diálogo de besugos en el cual cada uno defendía su propia facción y tachaba de intolerante a la otra.

Pronto me di cuenta de ninguno de los dos conseguiría convencer al otro y de algo aún más triste: de la base de ambos movimientos, el 15M y las JMJ no era tan diferente: personas idealistas, desilusionadas con la realidad, cada una con su propia opinión pero buscando un consenso, reunidas en la calle, celebrando su encuentro, luchando a su modo por un mundo mejor, más igualitario, menos injusto, ¿en qué momento comenzamos a estar peleados?

¿Tan imposible es el diálogo entre ambos grupos? Si el 15M es aconfesional, ¿en qué momento se sintieron los católicos discriminados? Si las JMJ está formado por personas que expresan libremente su opinión, ¿cuándo el pluralista movimiento 15M se sintió con capacidad para criticar su libertad de expresión? ¿Quién quiso hacernos creer que éramos enemigos? ¿Acaso se pretendió que ambos no empujásemos hacia el mismo lado?