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Teoría de sifones: cuarto postulado

Durante mucho tiempo me he estado fijando en esta casa de la Puerta de San Juan porque tiene algo que me recuerda a mi infancia, aunque no sé decir exactamente qué es. Tal vez sea la fachada pintada con publicidad, la forma de la ventana o las rejerías de ventajas y balcones. O quizás lo que añoro sea el conjunto de todo eso.

Era un tipo de arquitectura peculiar; ya no hacen casas así. Supongo que en algún momento se habrá aplicado alguna legislación de origen europeo sobre calidades constructivas para proporcionar viviendas más dignas. Y no es que las casas de antes fueran cutres, sino que cada vez somos más exigentes con nuestro nivel de vida y no nos conformamos con cualquier cosa.

Los pisos de nueva construcción de hoy son mejores en muchos aspectos que los de aquel entonces, pero en ellos ya no encuentro ese toque propio de Sevilla. ¿Es que antes los edificios se construían con personalidad hispalense? ¿O lo que ocurre es que esa personalidad tradicional está cambiando?


Teoría de sifones: tercer postulado

Antes de la aparición del tetra-brik, la leche se vendía en cilíndricas bolsas de plástico con una textura muy agradable al ser acariciadas. Estas bolsas de plástico desaparecieron para caer en el olvido, y los nuevos envases fueron ganando terreno.

La leche ha sido un producto de gran controversia en estos últimos veinte años y que ha sufrido cambios muy importantes. Cuando era un niño pregunté a mi padre quién era ese tal Maastricht que decía que había que matar a las vacas.

Sin entender la explicación macroeconómica que mi padre me dio, me resigné a que la producción de leche española tenía que ser limitada para no ahogar la economía de los otros países europeos y que por eso estaba asistiendo a un bovinicidio masivo. En mi mente quedó, sin embargo, una cierta reticencia a aceptar que un exceso de oferta de leche fuera negativo.

En la actualidad, algunos países del tercer mundo han descubierto los beneficios que supone alimentar a su población infantil con leche de vaca. Esto está suponiendo un incremento en la demanda de este producto que el mercado no es capaz de satisfacer. En los supermercados, los precios suben. Y yo me acuerdo no sólo de la leche que cuando era niño se vendía en bolsas, sino de esas vacas que fueron sacrificadas y que ahora podrían alimentar a tanta gente que lo necesita.


Teoría de sifones: segundo postulado

Yo conocí las barberías, esos locales a los que se acudía para ser afeitado. Como los sifones, un día nos dejaron para no volver a ser añorados por nadie.

Tal vez fuera porque al comenzar la trasmisión del VIH, los caballeros mostraban cierta reticencia a cortarse con la hoja de una navaja con la que antes podía haberse afeitado cualquiera. Quizás esto no tenga nada que ver y simplemente las cuchillas desechables y las maquinillas eléctricas eran más cómodas y económicas.

El barbero era un hombre de mundo que nunca salía de su tienda; una especie de confesor al que había que acudir con rutina y que daba consejos con la sabiduría del que se pasa la vida escuchando a los demás. Echo de menos a alguien que tenga una visión objetiva de mi trayectoria vital y que diariamente me comente si tomo decisiones correctas o equivocadas.

No sólo hemos perdido las barberías. También hemos perdido la oportunidad de reflexionar diariamente.