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La primera obra que estamos preparando en nuestro nuevo y joven grupo de teatro, tiene como título provisional “Adulterios” y trata precisamente de eso, de adulterios.

Es verde, muy verde, quizás demasiado verde: bastantes chistes y situaciones absurdas sobre sexo duro. No sé si cuando hagamos las modificaciones de rigor deberíamos meter la tijera de la censura.

Si venís a verla, ¿os escandalizaríais demasiado?

Foto: Bocetos de vestuario de algunos de los personajes principales.


Nuestro nuevo grupo de teatro cumple dos meses y medio y ya estamos trabajando en un nuevo proyecto. En esta ocasión se trata de un drama con un gran número de chistes picantes.

En estos ensayos previos a la puesta en escena, nos estamos dedicando al trabajo de mesa: acortar escenas aburridas, adaptar los chistes desfasados en el tiempo y añadir números musicales. La mesa en la que hacemos este trabajo está en el lavadero de mi casa, donde la actividad teatral no interfiere en ningún momento con la limpieza de la ropa.

Foto: Laura escribiendo anotaciones en su libreto. De fondo, ropa interior y sábanas tendidas.


Los que estamos en la foto somos los participantes del curso intensivo de teatro espontáneo de la escuela Dos Lunas organizado el pasado fin de semana.

Seguramente os preguntaréis qué es el teatro espontáneo, porque yo no tenía ni idea de lo que era hasta que llegué allí. El teatro espontáneo consiste en improvisaciones basadas en historias que cuentan voluntarios del público.

Así, en un espectáculo de este tipo de teatro, un espectador narrará una historia cualquiera que le haya sucedido (una pelea en una comunión, un mareo donando sangre, un extraño reencuentro con alguna expareja) y tendrá la oportunidad de verlo representado por los actores en escasos segundos.

He aprendido dos cosas que debo mejorar sobre un escenario. La primera de ellas es empatizar con el público; es muy importante que los espectadores se crean lo que está sucediendo en la obra y esto se consigue actuando de la forma que ellos prevean: hay qué saber qué esperan de ti y has de ofrecérselo de forma seductora.

La segunda es el respeto que hay que tener con los compañeros que actúen contigo, reconociendo sus señales para que cada escena pueda ser guiada por todos los que están arriba y que no se convierta en un caos en el que cada uno decide ir por un sitio determinado.