@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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A un paciente le puedes llamar tonto en la cara y que el paciente coja y te lo agradezca; yo lo sé porque lo he visto.

Cuando en mi segundo año de residencia comencé a preocuparme por cómo hacer mi trabajo mejor, aprendí un consejo que intento aplicar todos los días: no actúes con el paciente como si fueras un actor, muéstrate como realmente eres. Si un paciente hace o dice algo que te hace reír, ríete con él; es peor intentar contener la risa. Si un paciente te cuenta una historia que te llega profundo, muestra tu sensibilidad. Sé natural y empatiza.

Yo nunca llegué a tal extremo de empatía con un paciente como para llamarle tonto, pero sí que conocí a alguien que se lo decía y que era realmente buena haciéndolo. Ella les decía que estaban tontos cuando tenían alguna preocupación excesiva por su enfermedad. “Tontacos”, les gritaba, entre otras muchas cosas. Los pacientes veían en ella a alguien espontáneo, dentro de la amarga experiencia que les suponía un ingreso hospitalario. Alguien que les acompañaba en la risa y en el llanto; en la discreción y en la extroversión. Porque puedes llamar a alguien tonto desde el respeto y hacerlo con mucho amor.

Nunca comprendí del todo cómo conseguía hacerlo: cómo con su naturalidad al expresar sus emociones conseguía reconfortar al paciente. Cómo ese paciente, cuando te lo encontrabas al cabo del tiempo por la calle te decía:

-Dales recuerdos a todos, pero especialmente, especialmente, a ella.

Ya no trabajamos juntos, pero la recuerdo cuando se crea un vínculo de confianza y naturalidad entre un paciente y yo. Aprendí de ella cómo mostrarme como soy y me es imposible olvidarla al pasar junto a un escaparate lleno de rosas.

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  1. @dunyms dice:

    precioso.

  2. @ArenasKray dice:

    gran entrada…

  3. Fidel dice:

    ¡¡MUY bonito!!

  4. Rafael Moya dice:

    Muy grande Emilio! bonito homenaje para ella.
    A mi tambien me sorprendia sus respuestas a pacientes como ese tontaco tan frecuente o esas amenazas de tirar a un paciente por la ventana o pegarle una patá que se van a reir todos menos él. Pero es cierto que esas palabras y actitud tenian un valor incalculable y reconfortaban y curaban a muchos enfermos.
    Lamento muchisimo su perdida, pero conservo un recuerdo imborrable de todas esas enseñanzas que no vienen en los libros.
    Un beso enorme allá donde estés, de parte del Dr Premio.

  5. Alfonso Perez dice:

    Precioso, Emilio. Todos la echaremos de menos

  6. @lamamapediatra dice:

    Un bonito homenaje

  7. Manolo silveira dice:

    Me gusta

  8. @belenrollan dice:

    Bendita empatía

  9. @javidoc1 dice:

    Precioso homenaje Emilio, un abrazo

  10. Marta dice:

    Acabo de llegar a este post y me he emocionado mucho. Me alegra que pudieras aprender esta lección tan bonita de ella. Un abrazo fuerte.

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