@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Después de aquel día en la iglesia, transcurrieron muchos años en los que mi fuerza de represión arrinconó mi capacidad especial en una esquina de mi cerebro, que por todos es sabido lo fuerte que puede ser esta fuerza, que permite ignorar convenientemente las pulsiones más secretas del alma, pero que, en un momento de imperfección final, es incapaz de hacer que estas pulsiones se olviden.

Durante este periodo, la puerta de casa se había convertido en el principal problema. Yo tenía que fingir que utilizaba la llave para abrirla, cuando sabía que su hoja no cedía por el efecto de la llave, sino por el simple contacto de la palma de mi mano sobre ella. Tuve que elaborar una complicada estrategia en la que tiraba del pomo de la puerta hacia mí, a la vez que giraba la llave en su cerradura, para engañar a cualquiera que pudiera fijarse en mí, haciendo parecer que era la llave que llevaba siempre conmigo la que desbloqueaba la entrada de mi propia casa.

Por cosas del destino, nadie quiso durante años darse cuenta de la farsa que ejecutaba varias veces cada día, y, si alguien llegó a darse cuenta, reprimió el pensamiendo de su descubrimiento con la misma fuerza que yo reprimía el mío para no querer ver mi verdad.

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