@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Todos nos encontramos en esa pequeña sala, todos los vivos, todos los que ya murieron y todos los que aún tienen que nacer, a los que llaman nascituri.

La sala es pequeña, pero nadie se pregunta cómo nos las apañamos para caber allí; esto ocurrirá en el futuro y, en el futuro, nuevos adelantos habrán sido descubiertos que permitirán esta y cosas aún más raras para los ojos de los que somos habitantes del siglo XXI.

El momento que todos esperan se producirá en breve. Nos explican que los sujetos tendremos que agruparnos en parejas: cada miembro de la pareja liberará al otro miembro de su existencia en el tiempo; esto sólo se puede hacer de dos en dos. Con este ritual, cada humano dejará de experimentar su existencia en el tiempo de forma lineal y comenzará a percibir su vida como un todo, en el que nacimiento, vida y muerte suceden a la vez, para siempre, si es que siempre es un término que se pueda utilizar cuando ya no se sabe lo que es el tiempo.

Las parejas comienzan a formarse rápido, ya no queda nadie libre cercano a mí. Empiezo a moverme desesperado, buscando a alguien desparejado en un laberinto de inmóviles parejas humanas que ya se han escapado del tiempo.

El sueño se transforma en pesadilla cuando comprendo algo de en lo que nadie había reparado antes: la suma de vivos, muertos y nascituri es impar; por tanto, forzosamente, tendrá que existir un humano que quedará desparejado y, consecuentemente, anclado a su existencia temporal sin ninguna posibilidad de escapar de ella.

No se puede explicar con palabras la angustia que siento en esos primeros segundos de saber que soy el último humano en el tiempo, atrapado allí solo para la eternidad con la única compañía del extraño dibujo de las paredes de la sala. Afortunadamente, siempre soy capaz de despertarme por las mañanas en mi cama y abandonar ese extraño futuro.

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