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Una de las enfermedades más raras que se han popularizado durante la última década es la enfermedad del desembarco.

La enfermedad del desembarco, también conocida como “Mal de débarquement” o “Mal de terre”, es una mala pasada que puede jugarnos nuestro cerebro tras un viaje en barco. Como sabéis, el equilibrio de una persona depende de tres sistemas: los ojos, que nos mantienen equilibrados gracias a que ven la línea del horizonte; los oídos, que envían información al cerebro de la posición de la cabeza y los receptores de las piernas, que nos informan de la posición del cuerpo respecto al suelo.

Durante un viaje en barco, ninguno de estos sistemas es capaz de informarnos demasiado bien sobre nuestro equilibrio: el movimiento de las olas hace mecerse al barco, por lo que el cerebro recibe información contradictoria de los tres sistemas que rigen el equilibrio. Por ello, en los viajes en barco muchas personas se marean y tienen dificultades para mantenerse en pie.

Pero como seguramente habréis escuchado, el cerebro tiene una gran plasticidad y tiende a adaptarse casi a cualquier cosa. De hecho, en viajes en barco prolongados, el cerebro puede decidir “desatender” la información contradictoria de ojos, oídos y piernas para evitar la desagradable sensación de mareos. Por eso, en la mayoría de las personas, los mareos, poco tiempo tras iniciar una travesía, tienden a desaparecer.

Pero, ¿qué ocurre al desembarcar? Bien, en la mayoría de los sujetos, el cerebro vuelve a escuchar a ojos, oídos y piernas, dado que se da cuenta de que, en tierra, la información que estos mandan es fiable. Pero, en escasas ocasiones, puede ocurrir que el cerebro siga decidiendo ignorar a los sistemas del equilibrio a pesar de estar en tierra. Se dice que las personas a que les ocurre esto sufren una enfermedad del desembarco.

Las personas con enfermedad del desembarco se sienten mareadas e inestables en tierra firme y mejoran en coches y barcos. Hasta hace pocos años, era una entidad muy poco conocida; sin embargo, cada vez hay más literatura disponible acerca de ella y se comienza a identificar mejor.

Muchos casos se resuelven espontáneamente; sin embargo, hay otros que persisten durante años. Es en estos casos en los que se han propuesto diversos tratamientos. Parece que el tratamiento con fármacos no es demasiado efectivo; se estima que determinados ejercicios de rehabilitación vestibular pueden estimular al cerebro para que vuelva a escuchar la información que le proporcionan los sistemas del equilibrio en tierra firme.

Para los otorrinolaringólogos a los que nos apasiona el mundo del equilibrio, la enfermedad del desembarco supone uno de los mayores retos en nuestro ejercicio diario.

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