@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

866

No recuerdo cuánto me costó exactamente el vuelo para llegar al Estado de las Patatas, pero sí sé que fue lo más caro del viaje, que duraba nada más y nada menos que 21 horas. Sea como sea, me parecía un tiempo lo suficientemente elevado para desajustar mi reloj biológico, así que decidí darle una ayuda química con zolpidem.

El zolpidem es uno de los hipnóticos más potentes que se pueden encontrar en las farmacias. Ya lo había probado otras veces y me había proporcionado un sueño agradable, así como una deliciosa sensación de amnesia mientras duraba su efecto. Pensé en que era el fármaco ideal para tomarlo y cruzar El Charco en un agradable trance.

Rafa, mi erre mayor, decía que todo me pasaba a mí y, en mitad del viaje, en algún punto por encima del Océano Atlántico, ocurre lo que pasa en lás películas: piden un médico en primera. En ese momento, yo no estaba en condiciones de atender pacientes, pero ¿qué hacer? ¿Cómo negarme a una llamada de auxilio? Como pude, me arrastré por el pasillo hasta primera, con cara de zombie, sin afeitar y envuelto en una vieja sudadera de C&A llena de bolitas tras muchos lavados. Afortunadamente, cuando llegué allí, ya había otros médicos, americanos y con camisas decentes; era sólo una crisis de ansiedad y pude retirarme a mi asiento.

No hablamos hoy de automedicación en médicos (que tiene mucho que criticar y que daría para muchas entradas) ni tampoco de la conveniencia de regular químicamente el ciclo circadiano. De lo que quiero hablar es: ¿tiene sentido que, durante un viaje en avión, la tripulación tenga que recurrir a los presuntos pasajeros médicos para atender una emergencia? ¿Qué habría ocurrido si hubiese sido el único médico, la emergencia hubiera sido grave y yo me encontrara seriamente indispuesto para actuar? ¿Hasta donde llega nuestra responsabilidad con la sociedad?

  1. Santiago dice:

    Hubo un artículo en el New England hace poco al respecto: http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa1212052

    al parecer las emergencias médicas en aviones son poco frecuentes (1 en 600 vuelos), y la mayoría de las veces no parece ser nada grave.

    A mí me ha tocado ya atender dos emergencias (una epistaxis y una cefalea), creo que en una de ellas llamaron al centro médico de tierra.

    Sobre la responsabilidad de los médicos con la sociedad, es una buena cuestión. Creo que en parte existe, pero no creo que tengas la obligación moral de renunciar a cosas para estar preparado (por ejemplo, si crees que tomarte un Zolpidem es lo mejor, no creo que debas dejar de hacerlo por si hay una emergencia). Si no te supone ningún coste de oportunidad, sí creo que hay un cierto deber de hacerlo, aunque no sé bien decir de dónde proviene ese deber. En España que la carrera en general la subvenciona el Estado, se puede considerar parte del pacto con la sociedad. En otros casos no se me ocurre mejor justificación que el deber de ayudar a nuestros congéneres con las habilidades que tengamos (algo estilo Spiderman: un gran poder conlleva una gran responsabilidad).

    Por cierto, si en el futuro pasas por Minnesota, shoot me an email. 😉

Deja tu firma