@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Que, de repente, millones de españoles se pregunten qué es la prima de riesgo, es Indignación, con mayúscula.

No me gusta que se identifique la Indignación con el movimiento 15M porque, en un país en la situación que tenía España en el año 2011, el movimiento 15M no fue nada más que la expresión pública de unas preocupaciones que se venían gestando desde hacía tiempo.

Yo fui parte de ambas, tanto de la Indignación como del 15M y, un año después del inicio del movimiento, sigo indignado.

Indignado, por ejemplo, de que haya calado en la mente de los españoles que la culpa de la situación actual era que “habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades” cuando, durante la época de bonanza, los mismos que ahora nos culpan eran los que aplaudían nuestro crecimiento económico.

Indignado, por ejemplo, de que de repente, el sistema sanitario español, que nos hacía sentir orgullosos y generosos por su capacidad de otorgar atención universal a cualquier ciudadano del mundo, haya pasado a sentirse como algo que sólo se merecen los que “hacen algo productivo por este país”.

Indignado, por ejemplo, de que comience a verse necesario restringir el derecho de reunión para evitar disturbios, disipando las manifestaciones como herramienta para expresar malestar.

Al menos aún nos queda la libertad de expresión. Esta semana de aniversario, yo brindaré por ella sacando la banda blanca de papel, con mi nombre escrito en ella con letras rojas, que nos identificaba a los sanitarios del 15M en Sevilla.

Se fue.

Se fue con todos sus quirófanos, con sus largas tardes de Tesis Doctoral, con sus charlas como gurú del dospuntocerismo sanitario, con sus enamoramientos plomizos de verano y llevándose con él a personas maravillosas que te traen tarta de frambuesas cuando tienes el frigorífico vacío y te llevan a la playa cuando estás a punto de tirar tu investigación por la ventana.

Se fue, se llevó todas esas cosas y me dejó a cuatro meses y medio del fin de mi residencia; ante la amenaza del paro en un país que no pasa por sus mejores momentos para apostar en la contratación de jóvenes médicos.

Pero 2011 nos dejó algo a todos, algo que debemos conservar. Se trata de ese sentimiento de crítica hacia el Gobierno que nos faltó en una ocasión. Da igual que haya sido Rajoy, o que hubiera sido Rubalcaba; las personas en las que recaen los cargos de Ministro se cuestionan y las políticas de recortes se refutan con argumentos fundamentados.

Había olvidado que con el 2011 se fue también el año del 15-M, y con él la placa que popularmente había sido colocada al pie de la estatua de la Puerta del Sol y que permaneció allí hasta que en algún momento fue retirada bajo la orden de alguien que tuviera autoridad para hacerlo.

Aunque ya no haya placa, da igual. El mensaje de ella ha quedado grabado en muchos corazones. Ojalá el 2012 no lo borre y haced un esfuerzo por recordarlo:

 

“DORMÍAMOS, DESPERTAMOS”.

Hace unas semanas estuve en la boda de Pili, que el tiempo ha pasado tanto para Pili como para mí, que ya estamos en edad de casarnos, y que ya tenemos cosas más complejas en nuestra cabezas que cuando nos conocimos, con cuatro años de edad, en los que nuestro mayor placer era que nos dejaran colorear con nuestra propia caja de ceras Dacs.

Muchas caras que llevaba tiempo sin ver en aquella boda y cada una de ellas ha recorrido su vida por un camino muy diferente. En la mesa del convite, un viejo amigo me contaba lo buena que había su experiencia en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el “maravilloso espíritu de confraternidad que se había respirado en Madrid durante aquellos días de verano” y la “inmensa reunión de jóvenes con ideales positivos” con la única mancha de las increpancias que habían tenido que soportar de algunos integrantes del movimiento 15M.

Yo salté al escuchar esto último porque, al haber conocido en primera persona el movimiento 15M, tanto en Sevilla como en Madrid, no me puedo imaginar éste como algo distinto al “maravilloso espíritu de confraternidad que yo mismo había respirado durante esos días de primavera” y “la inmensa reunión de jóvenes con ideales positivos” con la única mancha de la represión policial al movimiento durante las JMJ y las burlas de los asistentes al mismo evento que tantas veces salieron en YouTube.

Ni mi viejo amigo ni yo quisimos dar nuestro brazo a torcer y se estableció un diálogo de besugos en el cual cada uno defendía su propia facción y tachaba de intolerante a la otra.

Pronto me di cuenta de ninguno de los dos conseguiría convencer al otro y de algo aún más triste: de la base de ambos movimientos, el 15M y las JMJ no era tan diferente: personas idealistas, desilusionadas con la realidad, cada una con su propia opinión pero buscando un consenso, reunidas en la calle, celebrando su encuentro, luchando a su modo por un mundo mejor, más igualitario, menos injusto, ¿en qué momento comenzamos a estar peleados?

¿Tan imposible es el diálogo entre ambos grupos? Si el 15M es aconfesional, ¿en qué momento se sintieron los católicos discriminados? Si las JMJ está formado por personas que expresan libremente su opinión, ¿cuándo el pluralista movimiento 15M se sintió con capacidad para criticar su libertad de expresión? ¿Quién quiso hacernos creer que éramos enemigos? ¿Acaso se pretendió que ambos no empujásemos hacia el mismo lado?