@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

El hielo se funde y pasa de sólido a líquido; afortunadamente, para que un hospital pase de sólido a líquido no hace falta fundirlo. Tan sólo hace falta que su presencia “fluya” a través de redes sociales y medios electrónicos de comunicación. Eso lo transforma en un “hospital 2.0” o en un “H 2.0”; en agua que se expande.

Aunque el concepto de hospital líquido ha sido debatido, alabado y criticado en la Blogosfera Sanitaria, el pasado jueves tuve la oportunidad de conocer en Barcelona a Jorge Juan Fernández y a Julia Cutillas, responsables del primer hospital líquido de España: el Sant Joan de Déu de Barcelona.

Tal y cómo aprendí de ellos, organizar la presencia digital de un hospital y gestionar su reputación es una tarea difícil y que requiere una constancia diaria. No sólo se trata de monitorizar el nombre de tu centro sanitario en internet; sino de controlar la aparición en los medios de tus profesionales y de responder los comentarios de los usuarios en tu página web.

Sin embargo, la realización de estas tareas propias de un community manager tiene ciertas peculiaridades cuando se trata de un centro sanitario. Así, uno de los asistentes propuso un supuesto clínico que le puede ocurrir a un hospital líquido:

“Imaginen que un viernes, a última hora de la tarde, un paciente se pone en contacto con su hospital a través de su página web, fuera del horario laboral de su community manager. El paciente comunica su deseo de suicidarse inminentemente y proporciona una dirección para que acudan a ayudarlo. El mensaje del paciente es leído por el community manager el lunes a primera hora y, cuando los servicios de urgencia llegan a la dirección indicada, el paciente ha fallecido. ¿Qué tipo de responsabilidad pesa sobre el hospital en este caso?”

La aplicación de las nuevas tecnologías siempre origina cuestiones como éstas, que no son fáciles de responder. Bajo su punto de vista, ¿tendría responsabilidad el hospital sobre la muerte de este paciente?

Diez razones por las que creo que ha merecido la pena ir al segundo Congreso de la Blogosfera Sanitaria

1. Porque pude preguntar por qué la industria patrocinaba el evento directamente a los organizadores, discutir con ellos la conveniencia de esta situación, escuchar ambas partes y objetivizar mi opinión.

2. Porque pude oír directamente las opiniones de los políticos sanitarios interesados en el dospuntocerismo y expresarles mi opinión sobre su discurso: qué me parecía bien y qué creía que había que cambiar.

3. Porque pude quejarme de que Maite y Julián, autores de blogs como Mondo Médico y Per Adua ad Astra, excelentes en contenido y no tan publicitados como merecen, pasaran por el Congreso sin que se les reconociera de forma oficial su labor por la calidad de sus bitácoras en la Blogosfera.

4. Porque Javi me pudo explicar la diferencia entre ir de buen rollo e ir de buenrollista: el que va de buen rollo no tiene limitada su independencia; pero el buenrollista, al intentar conciliar, podría limitársela.

5. Porque conversando con Nuria, comprendí que no sólo Anna Pardo es una fenómena, sino que creó el fenómeno Anna Pardo: cuando una médico tan leída y querida como ella se acabó decidiendo por un servicio de Medicina Interna de la ciudad de Barcelona respecto a los demás, sin querer otorgó una muy buena reputación al equipo finalmente elegido.

6. Porque Luis, al igual que yo, sabe que hay especialistas hospitalarios buenos y especialistas en Medicina de Familia malos, y ambos nos tememos que decir eso en esta Blogosfera Sanitaria nuestra podría tener consecuencias regulares. Y que a los dos nos encanta el teatro.

7. Porque quería saber si Vicente Baos estaba en lo cierto o se había equivocado al decidir no acudir al Congreso. Él sabe que su blog es mi favorito y que soy un gran fan suyo; por tanto sé que no se enfadará cuando lea esto y sepa que creo que se ha equivocado.

8. Porque pude decir que los blogueros sanitarios que no están en nuestra estupenda chupipandilla de Twitter son más que nosotros en número y que tendemos sistemáticamente a olvidarlos.

9. Porque puedo decir que, bajo mi punto de vista, lo que tuvo más calidad en el Congreso fue la presentación del videoblog de Rosa Pérez: el mérito que tiene esta web es formidable y me sonrojó no haberle decidado antes la atención que merecía.

10. Porque ahora podré explicarles a muchos que han recelado y recelan del encuentro, que el debate entre blogueros ha acabado implicando una relación más cercana entre nosotros y que creo que eso es algo bueno. Que me alegro de participar en la guerra de pelos negros y canas de Paco Baldoví; me alegro de sentirme adoptado cuando camino por Lavapiés, el barrio de Clara; me alegro de poder sentir a escasos metros el cariño maternal que Juana Talavera siente por los blogueros; me alegro porque Rafa vive cerca y me alegro de regalarle un Heracross a nivel 1 y con un excelente potencial al pequeño Pol.

Por cierto, que los demás también son estupendos, pero creo que ni hace falta decirlo.

Cuando Olga me invitó a dar una clase en su aula virtual de TeKuidamos, no tuve muy claro qué era lo que querría escuchar la audiencia especializada que acude como público a este foro.

Así que yo conté lo de siempre: lo de que doy el correo electrónico para comunicarme con los pacientes: cómo me iba, qué experiencias estaba teniendo y todo eso. Terminé mi presentación con una frase que gustó: “Digitalicemos lo digitalizable“. La frase se tuiteó, se retuiteó, se trituiteó, se cuatrituiteó y se quintituiteó.

Tanto éxito tuvo, que a mí me dio vergüenza reconocer que esa frase era un error, que yo no quería decir lo que esa frase significaba; que yo me refería a otra cosa. Así que desde aquí doy mi fe de errores.

Un servicio de salud digitalizado no tiene por qué ser mejor. Ni mucho menos. No confundamos términos. Puede parecer más moderno, eso no lo discuto, pero de ahí a afirmar que su calidad es mejor porque todo se haga a través de un ordenador, hay un trecho.

No señores, “Digitalicemos lo digitalizable” no significa que centremos nuestros esfuerzos en hacer por ordenador todo lo que antes hacíamos de otras formas. Lo que yo quería decir era algo diferente: “No digitalicemos lo no digitalizable”.

Si parte del trabajo se desarrolla bien de la forma tradicional, cambiar el modelo interponiendo ordenadores en el proceso no tiene por qué estar justificado. Es más, puede complicar las cosas sobremanera.

Por lo tanto, antes de implantar un ordenador, piénsese si realmente esto ayudará a profesionales y usuarios o si por el contrario aumentará el tiempo necesario para realizar el mismo trabajo sin aportar ventajas relevantes. En ese último caso, inviértase el dinero del ordenador en otras cosas.

Se lo dice un apasionado de la informática: se me ocurren miles de mejores usos para ese dinero.