@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Hace unos días, al entrar en el vagón del metro, vi a una adolescente, de entre 16 y 20 años, que leía con gran atención lo que parecía ser el prospecto de un medicamento. Mi curiosidad médica me pudo y, sigilosamente, me coloqué cerca de ella para espiar cuál era el medicamento en cuestión.

“…los gestágenos son hormonas sexuales femeninas…”, pude leer de reojo.

-Ah, muy bien -pensé. Esta chica seguramente está planteándose comenzar a tomar anticonceptivos orales. Me alegra ver que las adolescentes de hoy en día se toman la anticoncepción de forma natural y sin tabúes; de hecho, a ésta no parece avergonzarle el hecho de que algún pasajero del metro pueda enterarse de que toma la píldora. Se nota que los jóvenes tienen una buena educación sexual y…
-No sé, ¡esto tiene demasiados efectos secundarios! -interumpió la chica, sacándome de mis pensamientos.

Entonces, bruscamente, le dio el prospecto a un amigo suyo y pude leer en él perfectamente: “Norlevo, levonorgestrel“. Vaya. No eran anticonceptivos, sino la píldora del día después.

En ese momento comencé a preguntarme si la educación sexual de los jóvenes no era tan buena como yo creía y si nos debemos plantear aún muchas cosas acerca de la educación sexual.