@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

786

Incluso en los balcones de aquel barrio, en el que vivían los ciudadanos menos patrióticos de mi ciudad, colgaron banderas de España.

Aquella misma semana, laxantes y astringentes, antitusígenos y expectorantes dejaron de estar financiados por el Estado. Era verdad que muchos de ellos eran de efectividad dudosa y, que los que eran realmente efectivos, no iban a matar a nadie por dejar de ser administrados.

Padres pintaban a sus hijos banderas de España en la frente y las mejillas; novias a sus novios.

PSOE y PP luchaban por llegar a un acuerdo en política económica respecto a la compra de deuda soberana por el Banco Central Europeo. Algo tenía que estar ocurriendo cuando un partido que dice tirar a la izquierda y otro que dice tirar a la derecha debían aceptar medidas comunes en algo en lo que deberían estar, por su propia ideología, en desacuerdo, como es la Economía.

Grupos de amigos planificaban sus quedadas para ver los partidos; unos compraban la cerveza, otros traerían la comida.

Una treintena de locos se refugió en la Catedral de la Almudena, tras haber sido deshauciados de sus viviendas, reclamando la comparecencia del Defensor del Pueblo. Los locos fueron adecuadamente reducidos por la Policía, puestos de rodillas contra la pared, dentro de la Catedral, sin defensa ni Defensor.

Las calles se llenaban de españoles tras cada victoria; muchos más que los que se reunían para las iniciativas ciudadanas de protesta.

La primera noticia del Telediario solía versar sobre la Selección. Yo siempre pensé que habría tres tipos de periodistas. Los primeros, los que sabían que no estaban informando acerca de lo realmente importante y se resignaban. Los segundos, los paternalistas que pensaban que los españoles nos merecíamos una tregua de buenas noticias en medio del huracán. Los terceros eran simplemente tontos.

La mayoría de España se sentía alegre aquella semana.

773

“Si los niños ven que sus padres gastan parte de su sueldo en sus libros de texto, aprenderán desde pequeños que es necesario invertir en su propia educación.”

Sé que esta afirmación es falsa por dos motivos: el primero de ellos es que mi generación, que debía pagar por sus libros de texto, no tiene una gran sensibilidad hacia la propia inversión en educación; el segundo, que en los países con mejor nivel educativo, los libros son gratuítos. Sin embargo, sigo aferrándome a ella.

El último libro de texto que compré me costó cien euros y pico. No entendí este gasto como un despilfarro, sino como una inversión en mi propia educación. Creo que está bien destinar parte del presupuesto doméstico a la educación. También creo que es una buena medida de concienciación acerca de esta necesidad que los libros de texto supongan una inversión a las familias cada mes de septiembre. Estoy a favor de este copago en educación porque se puede entender que tiene un transfondo y una intención instructiva.

Pero estoy en contra del famoso euro sanitario.

-¿Eso es porque crees que la inversión en salud, a diferencia de la inversión en educación, no debe ser parte del presupuesto doméstico?
-No, no es eso; la salud debería ser parte del presupuesto doméstico.
-Entonces, ¿es porque crees que el euro sanitario es una medida disuasoria? ¿Acaso el precio de un libro no es una medida disuasoria?
-Es cierto, ambas disuaden, pero…
-…¿crees que el copago sanitario hará que los pacientes acudan en estadíos más avanzados de su enfermedad y esto saldrá a la larga más caro? ¿Acaso no es igual de caro que la población no esté bien educada porque no estudia por el precio de los libros?
-Tampoco.
-Sin embargo, ambos copagos tienen algo en común.
-¿El qué?
-Dos cosas. La primera: que ambas son medidas recaudatorias con fines supuestamente educativos para la población, al aumentar la responsabilidad individual y disminuir la del Estado.
-¿Y la segunda?
-Que la evidencia disponible no ha demostrado claramente que cumplan ese tan supuestamente bienintencionado fin.

764

Rafi dice que lo que nos diferencia a los especialistas de Atención Especializada de ellos, los especialistas de Atención Primaria, es que nosotros prescribimos protectores gástricos a muchos pacientes que no lo necesitan, mientras que ellos se los quitan.

Los médicos de las más recientes promociones de Medicina tienen, por un motivo u otro, grabado a fuego que los antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, diclofenaco, dexketoprofeno, ácido acetilsalicílico entre otros) son gastrolesivos y que su uso puede causar una úlcera de estómago. Por eso, es una práctica común acompañar la prescripción de un antiinflamatorio de un protector gástrico del grupo de los inhibidores de la bomba de protones (omeprazol, pantoprazol, lansoprazol, esomeprazol, entre otros).

Sin embargo, la prescripción indiscriminada de inhibidores de la bomba de protones no es buena praxis médica. Estos fármacos adolecen también de efectos secundarios y, en muchos pacientes sin factores de riesgo para la úlcera de estómago, no deben ser prescritos junto con un tratamiento antiinflamatorio.

A pesar que muchos médicos conocemos que los protectores gástricos no deben ser prescritos en determinadas situaciones, se realiza medicina defensiva bajo el siguiente razonamiento: “No vaya a ser que tenga la mala suerte de que este paciente, aunque no necesita protección gástrica, haga una úlcera de estómago, me denuncie y me vea en los Juzgados“.

Julio Bonis me tuiteaba hace unos días que semejante razonamiento es ridículo, dado que los mismo médicos podrían preocuparse de denuncias por fracturas de cadera atribuidas a exceso de omeprazol en pacientes que no necesitaban tomar este fármaco. Me pareció un argumento bastante lógico y por tanto, yo propongo lo siguiente:

¿Y si en vez de medidas sanitarias de recorte que resultan perjudiciales a largo plazo, como el recién implantado “euro por receta”, el Ministerio de Sanidad no elabora un listado de pacientes con unas características determinadas en los que no prescribir protección gástrica no pueda ser motivo de condena civil o penal? ¿Y si en vez de intentar recaudar por cada nueva receta nos centráramos en no gastar en fármacos no necesarios?

12