@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Mientras ayer almorzaba un puré de zanahorias, Rajoy anunció en el telediario que bajaría los impuestos para el próximo año. Entonces se produjeron aplausos y ovaciones de sus partidarios, no tardando en salir Rubalcaba para hacer la crítica pertinente.

Yo no soy economista, pero no puedo evitar pensar en que si el año que viene bajan los impuestos o una de tres:

1. El País ya no necesita una política tributaria tan exigente; ya ha recaudado lo que necesitaba. Eso será lo que piense la mayoría de la gente y sería algo bueno.
2. El Gobierno se ha dado cuenta que los impuestos elevados nos perjudican a todos: frenan el consumo, nos empobrecen más y se ve obligado a bajar los impuestos para corregir esa situación en un ejercicio de política fiscal keynesiana. Eso sería algo malo.
3. El Gobierno necesita recuperar votantes a cualquier precio antes de las próximas elecciones, el país sigue muy mal. Esta, de las tres, sería la peor.

El problema actual de los políticos no es que sean mejores o peores, sino que no nos explican por qué hacen lo que hacen, de modo que induce a las mentes paranoides a pensar que sus decisiones están basadas en intereses personales y no en los intereses del País. Puede que, hace unos años, fuera suficiente con que el Presidente anunciara una bajada de impuestos pero, en una sociedad en la que hemos sido formados durante tantos años, los políticos deben explicar más las cosas.

Volviendo al tema principal, muchos de ustedes elegirán la respuesta 1: estamos saliendo de la crisis y así lo indican la buena evolución de los marcadores macroeconómicos. En fin… …a todas las personas que piensan así, les respondería que la buena evolución de esos mismos marcadores no implica que el aumento de riqueza que conllevan sea repartido homogéneamente entre todos los ciudadanos; es más, esos marcadores pueden subir mientras aumentan las diferencias entre clases.

Mira a tu alrededor: ¿no ves paro y desesperación? Entre los que trabajan, muchos de ellos muchas más horas de las estipuladas y por salarios míseros, ¿no percibes su miedo a no llegar a fin de mes? ¿Qué más da lo que digan los números si la realidad es otra?

Mira de nuevo a tu alrededor y piensa diferente esta vez. Piensa en qué necesitas para ser feliz: ¿no podrías serlo mientras tengas comida humilde y una pequeña cama bajo techo? ¿No te das cuenta de que la felicidad viene de una buena charla con tus amigos, mientras preparas un café en la cafetera de toda la vida y juegas una partida de cartas, en un país en el que no pasa nada al expresar en público tus opiniones políticas?

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Una de las cosas que más me gusta de vivir en un barrio “alternativo” es que tienes vecinos fuera de lo común; Elia lleva tres años elaborando pan para los vecinos.

Me gusta mucho el pan de Elia, porque no se parece al pan que habitualmente se compra en las panaderías: es un pan denso y jugoso, con mucho sabor, a diferencia del pan industrial, que es más liviano y seco. Elia dice que el pan le sale así porque usa harina ecológica y masa madre en lugar de levadura; yo, que siempre fui un poco escéptico acerca de los productos ecológicos, simplemente estoy contento de desayunar un pan rico por las mañanas que tarda una semana en ponerse duro.

Me daba cierta rabia que un producto que yo considero tan bueno sólo lo disfrutáramos cinco o seis vecinos, así que hace un mes le propuse a Elia ayudarle con su proyecto.

Yo creo en ella, creo en su producto y quiero animarla para que dé un paso más allá. Elia, que ha estado tres años con una idea, es uno de esos jóvenes de este país que necesita apoyo para desarrollar su proyecto y a los que ni el Estado ni los bancos son capaces de responder bien a sus necesidades.

Hace unos días, Ángel comentaba en su blog qué era para él el dinero; para mí está claro: el dinero es algo que se necesita para vivir. Pero el dinero que no se gasta es un simple apunte contable, es un dinero que no existe como tal, es un número que un día escribió un banquero en una cuenta.

Yo soy médico y no tengo nada que ver con el mundo del pan, pero sí que puedo asesorarla sobre muchas cosas: la vida del trabajador autónomo, la contabilidad de una pequeña empresa o la estrategia en redes sociales e incluso hacer la pequeña inversión que necesita para montar su negocio.

Colaborar con Elia en la medida de mis posibilidades es lo que un humilde servidor aporta al país para salir de la crisis y quizás sea el comienzo de un nuevo modelo en el que las personas aportamos nuestros conocimientos para crear una realidad económica diferente.

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Me despierto esta mañana y leo en El País un artículo acerca de que cada vez son más los médicos que, debido a la escasez de trabajo y a la precariedad laboral, se ven obligados a irse al extranjero. El año pasado, por estas alturas, ya comentamos en este blog este triste fenómeno. En los últimos 12 meses, la emigración médica, en lugar de ir disminuyendo, ha aumentado.

Quizás los lectores de El País, que se enfrenten durante el día de hoy a este artículo no sean del todo conscientes de la gravedad del problema. Al fin y al cabo, los médicos hemos sido tradicionalmente un colectivo con salarios superiores a la media española y con una tasa muy baja de desempleo; por eso muchos nos acusarán de llorones que hemos tardado mucho tiempo en notar en nuestras propias carnes los momentos de dificultad económica que atraviesa España.

Tal vez esto sea justo y por eso el artículo de El País debería haber recalcado más por qué la emigración del personal sanitario fuera de España es un problema tan grande.

Para empezar, los médicos hemos sido muy caros. Yo pagaba mil euros de matrícula universitaria cada año para estudiar Medicina, pero era consciente de que el coste real de mi carrera era muy superior a ese. El dinero para pagar mis estudios salió del bolsillo de todos ustedes. Ustedes invirtieron en mí con un propósito: que yo en un futuro consiguiera devolverle la salud a aquel que la perdiera. Un médico, con su trabajo, no produce riqueza directamente; pero si el médico consigue curar a un enfermo que ha dejado de producir riqueza, de forma indirecta contribuye a mejorar la economía del país.

¿Recuerdan ese juego llamado Age of Empires? Todas las tropas debían contar con monje que las curara mientras se encontraban en el campo de batalla; sin ese monje, la legión tarde o temprano acabaría muriendo. Producir monjes constaba mucho oro de los recursos del jugador, pero merecían sobradamente la pena. Los médicos somos en la vida real el equivalente a esos monjes del Age of Empires. Sin nosotros, la sociedad se va poniendo enferma y cada vez es menos productiva.

En el Age of Empires, si tu ejército era muy grande, requería muchos monjes. Del mismo modo, España necesita un número adecuado de médicos que permitan tiempos de consulta adecuados. Si los médicos no disponen del tiempo de consulta suficiente para cada paciente, comenzarán a hacer apaños. Hacen falta más médicos para descongestionar las consultas. El tiempo extra de cada visita es una inversión necesaria en educación sanitaria que redundará en una mayor productividad del trabajador.

Para finalizar, no tenemos que olvidar que la emigración de los médicos españoles adolece además de los mismos inconvenientes que la de cualquier español: se trata de una persona más que dejará de comprar en nuestros comercios, de visitar nuestros restaurantes, de ingresar en nuestros bancos y, en definitiva, de potenciar la economía interna del país. La emigración de cualquier español nos vuelve a todos los demás un poco más pobres.

Por todo esto, es necesario el artículo de El País de hoy.