@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Llevo veinte años nadando en el desconocimiento.

Nadar es maravilloso. Es sensacional notar cómo el agua fluye por tu cuerpo, llevándose todo el estrés del día y comprobando cómo los problemas de fuera de la piscina huyen del agua. Incluso, cuando a veces se mete agua por la nariz, cada vez se hace más familiar esa sensación que produce el agua llena de cloro al explorar los recovecos de las fosas nasales.

Aunque en el instituto me suspendían la gimnasia, yo he nadado mucho. No soy especialmente rápido, pero cumplo obedientemente los programas de las clases, sin quejarme nunca ni por su dureza ni por su duración.

Eli es maravillosa. Es, sin duda, la mejor profesora que he tenido en toda mi vida. Yo nado todo lo que ella me manda, pacientemente, y resignándome a ser siempre el más lento de la calle.

-Emilio, me estoy dando cuenta de que no haces bien el agarre de crol -me dijo.

En los diferentes estilos de natación, cuando un brazo está debajo del agua, pasa por tres fases: agarre, tirón y empuje. La primera es el agarre, que rechaza el agua nada más entra el brazo en el agua y es fundamental para un estilo correcto. Parece que llevo veinte años nadando mal y nunca nadie se había dado cuenta. De repente, ya no soy tan lento.

Desde hace un par de días le he estado dando vueltas a la cabeza acerca de que si en Medicina no me puede ocurrir lo mismo, hasta que he llegado a la conclusión de que sí, que es así. Todo sanitario, en general, hay cosas que hace mal sin querer porque piensa que las está haciendo bien y no tiene a nadie que se las corrija.

No son raras las veces que durante mi estudio descubro correcciones a mi técnica médica habitual. Y también intento ser receptivo a los consejos de mis colegas (he dicho intento porque reconocer errores siempre escuece). Pero, ¿qué ocurrirá cuando, dentro de unos meses, no estén mis compañeros de siempre, esos que se molestan en decirme cosas como que mi agarre en crol es malo?