@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Hace dos días, cumplió cuatro años. El blog, digo. Y, al igual que muchas personas cuando ya llevan muchos años cumplidos, el blog y yo decidimos no celebrarlo. Ya somos muy viejos para celebraciones.

Porque tanto él como yo, últimamente pensamos lo mismo: ¿es esto realmente todo?

Nos sentimos atascados en muchas ocasiones; no faltos de creatividad, que de eso aún tenemos, sino atascados. Es paradójico sentirse atascado en este mundo, que tan pocos obstáculos tiene.

En este universo intangible, las reglas del juego son claras. Escribe tu opinión, encuentra a personas que piensan como tú o, al menos, a las que les agrada lo escrito. Entonces te sentirás dueño de la verdad absoluta porque, aunque seguramente también haya discordantes con tu texto, a la mayoría no los conocerás y, si por casualidad lo haces, será porque usan tu información contra ti o porque dejan constancia escrita de su opinión contraria en cualquier otro lugar de la Red, creándose luchas de orgullos ciegos que destruyen más que edifican.

No, esto no puede ser todo. Debe haber algo más, pero ¿qué?

¿No es este el mismo pensamiento que atormenta a las personas en la crisis de los cuarenta años? Mi blog es, en este sentido, precoz.

Desde que era muy pequeño, he sido capaz de resolver el cubo de Rubik.

Aunque el juego siempre me ha parecido muy interesante, lo que me ha divertido más de él es la cara que se le queda a la gente que se ha pasado años rompiéndose la cabeza para intentar armarlo cuando, delante de sus narices, comienzo a mover el cubo rápidamente para dejar ordenadas todas sus caras en un par de minutos.

Raras veces he contado acerca del cubo que su solución tiene truco. Prefiero que se piense, como en el juego de un ilusionista, que he sido capaz de poner todas las piezas en su sitio gracias a complejos razonamientos lógicos.

Concretamente, para acabar este rompecabezas, hay que aplicar en su preciso momento sólo seis reglas diferentes, que yo memoricé hace años. Algunas las entiendo perfectamente; otras he sido incapaz de verlas espacialmente, aunque me he esforzado bastantes ocasiones en hacerlo.

Que el cubo haya perdido para mí su cara misteriosa para pasar a ser un pasatiempo de aplicación ordenada de algoritmos no implica que este juego de geometría me parezca enigmático en ocasiones, al ver cómo sus 27 piezas (3x3x3) son capaces de desordenarse tanto entre sí con relativamente pocos giros.

Hoy cumplo 27 años, el número de piezas del juguete. Mi vida ha sufrido también en este tiempo giros raros, responsables de mi situación actual. En ocasiones, han sido resultado de aplicar reglas que comprendía y otras, de aceptar normas impuestas que eran un acto de fe. Y también, cómo no, sigo viendo en mí una parte realmente enigmática que ni yo mismo entiendo.

Hay una famosa frase en este mundo de las bitácoras; una frase que seguramente todos hemos leído alguna vez por ahí y ésta es «un blog se alimenta de comentarios«. Bien, pues entre todos vosotros, que leéis y comentáis, habéis alimentado este blog lo suficiente como para que crezca durante tres años. Muchas gracias, de corazón.

Gracias a mis amigos blogueros, comentadores incansables en todas las ocasiones: Ter0n y Cherry.

Gracias a mis amigos de toda la vida, que se han tenido que acabar enterando de lo que me ocurre mediante esta página web: Lulu, Beíca y Elenita.

Gracias a mis compañeros de carrera, que contribuyeron a transformar un lugar horrible como es la facultad de Medicina en un sitio un poco mejor: Fer, Puchupo, Oidun, Danipleguezuelo, Ruth, Elessarjuan, Rocioalma, eltiodelsaco y Menelwen.

Gracias a mis compañeros de hospital, que no se ríen de mí a pesar de este extraño hobbie: Rafa, Teresa y al Dr. Ordoñez.

Gracias a mis amigos alamederos, que me ayudaron a integrarme en las redes sociales: Jorge, Guille, José Luis, Simón y muchos otros; y especialmente a Nono, que me abrió las puertas del Evento Blog.

Gracias a los blogueros sanitarios, por ayudarme a creer en la fuerza de nuestro colectivo: Vicente Baos, la doctora Jomeini, los chicos de Synaptica, Aitor Guitarte, Javithink, Ramón y todos los demás hasta sumar los 250 blogs médicos se que han recopilado hace unos días en Somosmedicina.

Gracias a otros médicos residentes de España con blog, por demostrarme que no estoy solo, como Bellatrix y Bego. Gracias a los blogueros premédicos, a Anna, a Blackzack, y a Ulukai.

Gracias a los que aún creen que la blogosfera puede servir para transmitir arte y no sólo ciencia y dinero: Angelurri, Beltrán Laguna, Salva y Soñadora Compulsiva.

Gracias también a los que me leéis y no me firmáis, que no os conozco, pero que sé que estáis por ahí.

Gracias a mi madre. Y perdón a todos los que me he olvidado en el camino.

Concretamente este año, quiero darle las gracias a alguien muy especial. No sé si es un hombre o una mujer; no sé si es joven o si es mayor, no sé si es sanitario o se dedica a cualquier otra cosa; pero el caso es que el pasado 9 de diciembre me dejó un comentario muy hiriente en una entrada; un comentario que me ha sido el que más me ha hecho reflexionar desde que comencé a contar mi vida por internet.

Yo escribía acerca de los motivos banales de consulta de urgencias, ridiculizándolos en broma. Este lector se sintió decepcionado por la poca empatía que había demostrado en el post hacia mis pacientes. El comentario se puede leer aquí.

Desde que leí el comentario, me di cuenta de que al escribir lo que pienso para que lo leyera quien quisiese, me exponía a ser juzgado por cualquiera. Y me di cuenta de que, lejos de que esto supusiese un inconveniente, el blog me permitiría aprender de las cosas malas de mi mismo y de ser menos ciego acerca de mi propia vida.