@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

777

A la mayoría de los enfermos no les dije adiós. Supongo que me daba cierta rabia no saber nunca cómo iban a informar la TAC que les prescibí; o si la biopsia que les tomé resultó positiva; o si se les cortó la otorrea; o si empezaron a respirar mejor por la nariz; o si el programa de rehabilitación vestibular doméstico consiguió que se sintieran más estables.

A los enfermos más cercanos sí les dije que me iba, pero no les conté adónde. La auxiliar de mi consulta me decía que mientras que ellos me preguntaran no había problema ético en decirles dónde iba a pasar consulta a partir de junio. Pero a mí no me parecía bien y, por mucho que me preguntaron, me mantuve en silencio. Quien tuviera mucho interés, ya me encontraría.

En el servicio de Otorrinolaringología, hubo una fiesta muy bonita, con sonrisas y abrazos y fotos y conversaciones y regalos y vino; una fiesta marcada por la alegría sorda que suele marcar el fin de una etapa. Y fuera del servicio, también les dije adiós al adjunto de las sillas y a la enfermera de la botella de suero, para demostrar la admiración que sentía por ellos por el esfuerzo que hacían cada día con cada enfermo.

Del Sistema Sanitario Público me despedí también, aunque le dije que sabría de él por los periódicos. Y que le deseaba mucha suerte. De todo corazón.

Siempre me han gustado las personas que se paran de vez en cuando y piensan las cosas que hacen. Las que de vez en cuando se plantean si tratan como deben a sus seres queridos, las que se cuestionan periódicamente lo que está bien y lo que está mal, las que en definitiva son autocríticas con sus acciones y sus pensamientos.

Tras mis últimos acontecimientos vitales, ahora me toca a mí entrar en una de esas etapas. Tras casi cinco años de blog, con 755 entradas llenas de opiniones a favor y en contra, me habéis ayudado a pensar acerca de cómo soy y de por qué soy como soy. Más de 7000 comentarios hechos con el trabajo y el tiempo de centenares de personas, más de 100.000 visitas únicas a esta página, que entraron interesadas quién sabe si por mis opiniones acerca de la Medicina, quién sabe si por la extravagancia de los Pokémon.

Me llevo mucho de este blog. Comentaristas que se convirtieron en conocidos que más tarde se convirtieron en buenos amigos. Profesionales grises y desconocidos que se convirtieron en personas. Algún bonito romance. Oportunidades que pasaron y oportunidades que se aceptaron. Y también, por qué no decirlo, algún que otro dolor de cabeza; pero las malas experiencias fueron compensadas sobradamente por las buenas.

A veces paso frente a una vieja tienda de máquinas de escribir cerrada hace muchos años. Muchas veces pienso que esa tienda no supo renovarse a tiempo, no supo evolucionar. Esa tienda es para mí como una especie de símbolo. En la vida hay que cerrar etapas o, al menos, evolucionar.

En ese sentido, llegó mi hora. Llegó el momento de descansar de este blog. No prometo volver, simplemente porque no me voy muy lejos. En realidad, siempre he estado cerca.

Gracias por vuestro tiempo durante estos años.