@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Me da pena que el cisma entre los asistentes del EBE haya aumentado respecto al año pasado.

Cada año, es mayor el número de asistentes al EBE que no tienen blog personal y acuden representando a su empresa, con la intención de aprovechar las oportunidades de negocio que esta convención ofrece.

En contraste con ellos, todavía asistimos al EBE bastantes blogueros humildes, que seguimos viendo en Internet una oportunidad inigualable de expresar nuestros conocimientos, nuestras opiniones y nuestros sentimientos de forma altruista, porque nos apasiona pensar que aportamos algo a quien nos quiera leer.

No es que crea que está mal que empresas privadas aprovechen esta reunión para buscar nuevas oportunidades, no quisiera que se me malinterpretase. Es algo bueno y deseable que esto ocurra. Sin embargo, sí que pienso que cuanto mayor es la presencia de éstas, más se contribuye a que nosotros, los blogueros vocacionales, perdamos nuestra inocencia y nuestra ilusión por crear un mundo en el que la información puede llegar a todas partes.

Por eso me duelen los oídos cada vez que escucho en el EBE la famosa frase de «cómo hacer que tu blog gane dinero«.

Este año, Andrés no ha venido. Andrés tiene un blog, de poesía. Escribe muy bien. El año pasado estuvo conmigo en el EBE y, el domingo, cuando todo terminó, lo llevé de vuelta a casa en mi coche.

-Pero no me han resuelto una duda en el EBE -me dijo.
-¿Qué duda, Andrés?
-Han hablado de muchas cosas, pero nadie ha dicho qué tengo que hacer para cambiar el color de fondo de mi blog. Parece una tontería, pero es que no sé hacerlo.

Siempre se me olvida algo. La última vez que estuve en Marbella, olvidé el pijama; en Lisboa y en Venecia, el cepillo de dientes; en Roma, la ropa de abrigo. Tengo que asimilar que mañana, a estas horas, cuando esté en Estambul, seguramente echaré algo de menos.

No me preocupa mucho. Petra, una antigua compañera de viaje, me enseñó el binomio mágico para recorrer el mundo: «Passport-Money».

Si llevas un pasaporte en regla y suficiente dinero encima, nunca tienes problema viajando -decía.

Hasta ahora, siempre he conseguido volver sano y salvo a casa, quizás porque siempre he vigilado mucho en el extranjero tanto mi dinero como mi pasaporte.