@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

756

-…¿qué hora es?… …6:40… …mhm… …puedo dormir cinco minutos más… …cinco minutos… …cinco… …zzz…
-¡AAAHHH! ¡Emilienko, por favor, ayúdame!

Me levanté de la cama corriendo con el corazón en un puño para encontrar a mi compañero de piso, a quién conocía desde hace sólo dos días, blanco y en el suelo.

-¿Qué pasa?
-¡Todo da vueltas! ¡Toda la habitación está girando!

No me podía creer que esto me estuviera pasando precisamente a mí. Automáticamente encendí mi chip otoneurológico y comencé la entrevista que he ido estructurando a lo largo de mi residencia tras ver a tantos pacientes mareados.

-¿Has tenido fiebre? ¿Te duele la cabeza? ¿Notabas que el mundo se movía? ¿Qué estabas haciendo antes de que empezara la sensación? ¿Cuánto tiempo duró esa sensación? ¿Te había pasado antes? ¿Tienes sudores fríos o ganas de vomitar?

Mi compañero iba respondiendo mientras yo, incrédulo, veía que me estaba describiendo un cuadro típico de vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB).

Dicen que el VPPB es la forma de vértigo más frecuente que existe. Dentro del oído interno hay unas piedrecitas microscópicas que se llaman otolitos. Si los otolitos se salen de su sitio y se meten en alguna parte del laberinto en la que no deben estar, estimulan los receptores del equilibrio, creando un vértigo de gran intensidad de segundos de duración y que es muy típico que se desencadene al incorporarse o al echarse en la cama.

-¿Qué hago? ¿Tengo que tomar pastillas? ¿O ir al hospital?
-No, no, nada de eso. Siéntate en la cama.

Me froté las manos y, como cuando el señor Miyagi arregla la pierna de Daniel en Karate Kid, hice a mi compañero la famosa maniobra de Dix-Hallpike. Tras escasos segundos, sus ojos empezaron a moverse descontroladamente, acusándo a sus otolitos de haberse metido sin permiso por el conducto semicircular posterior izquierdo.

-¿Qué está pasando? ¡Esto es horrible! ¡Todo se mueve! ¿Me voy a morir? ¡Qué mala suerte que esto me ocurra tan lejos de mi casa!
-Te equivocas. Curiosamente, éste es uno de los mejores sitios en los que te podría haber ocurrido esto.

Completé la maniobra de Epley para devolver los otolitos perdidos a su sitio y entonces sonó el despertador. Por fin eran las 6:45.