@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

876

Esta mañana me llamaba un amigo, que me daba la enhorabuena por haber finalizado la quinta edición del MIR 2.0, con 70 voluntarios, 28 blogs asociados y un resultado final de 217 netas sobre una puntuación máxima de 235.

Desde luego, no se puede decir que el proyecto haya quedado olvidado. En las dos primeras semanas tras el MIR, ha recibido más de 150.000 visitas. Teniendo en cuenta que el proyecto ha salido adelante gracias a 70 personas voluntarias, se puede deducir que parece que la información que produce una sola persona le ha servido a 2.000 lo que, si bien es una estadística ligeramente tramposa, es suficiente para que cada voluntario sienta un poco de vértigo.

De esta edición del MIR 2.0, tengo que destacar tres cosas muy positivas:

1. La velocidad de adquisición del examen, dado que personas ajenas al proyecto se encargaron de proporcionárnoslo el domingo a primera hora de la mañana, mucho más rápido que otros años.
2. La premura que han tenido los voluntarios encargados de responder preguntas: el miércoles estaba respondido el 90% del examen, y eso es mucho más rápido que cualquier otro año.
3. El compromiso del grupo de formateado, que ha facilitado muchísimo una tarea que siempre nos atrasaba, permitiéndonos centrarnos en otras tareas.

Yo, a mi amigo, le he dado las gracias, contento por la felicitación, aunque en el interior de mí se ha quedado la duda de no saber exactamente a quién le sirve el proyecto y para qué.

Y esta quizás es la pizca de sabor amargo que me queda. No acabo de comprender cómo es posible tener 150.000 visitas y que la interacción del consumidor del proyecto MIR 2.0 sea tan baja: apenas hemos recibido correos y tuits de personas ajenas al proyecto; parece como si las respuestas que hemos ofrecido hubieran sido aceptadas como dogma de fe, y eso que algunas de ellas no estaban exentas de controversia.

Por tanto, debería pensar para el año que viene cómo mejorar el debate acerca de la información que proporcionamos. Pero bueno, aún queda por delante todo un año para reflexionarlo, un año que espero que esté lleno de momentos hermosos.

757

Todo emprendedor debe evaluar si su proyecto ha sido un éxito o un fracaso. En relación con el MIR 2.0, mi pequeño proyecto de comunicación en sanidad, hay cosas que han ido bien y otras que no tanto.

Si tenemos en cuenta las visitas, el MIR 2.0 de 2012 ha sido un éxito espectacular. Se han recibido más de 120.000 visitas en tres semanas. Teniendo en cuenta que el examen se dividió en 30 especialidades o “trocitos”, cada trocito ha tenido 4.000 visitas. Da bastante vértigo. En serio.

Sin embargo, si lo que evaluamos es la capacidad de colaboración en una Wiki, los resultados son poco esperanzadores. Sólo la mitad de los voluntarios hemos sido capaces de editar la Wiki y aprovechar las ventajas que ofrece una herramienta como ésta. Sólo una persona en un principio ajena al proyecto pidió permiso para complementar la información original dada por los voluntarios. Aunque hemos mejorado en este sentido respecto al año pasado, todavía queda mucho por hacer, porque el proyecto no es todo lo colaborativo que podría.

Aunque parece que ha habido más interactividad entre voluntarios y opositores que el año pasado, gracias al aumento de popularidad de las redes sociales. @elenamoeba me comentó hace unos días, por ejemplo, que varios opositores le han estado haciendo preguntas para resolver dudas en su cuenta de Twitter. En mi caso, un par de otorrinos con buena intención han intentado ayudarme con preguntas en las que discrepaban con mis respuestas ¿Os ha ocurrido lo mismo al resto de voluntarios?

Y respecto a los resultados…

…las preguntas válidas han sido de la 1 a la 226, dado que una ha sido anulada. Todas las respuestas de las preguntas de reserva han sido correctas. Hemos tenido 207 preguntas bien, 16 preguntas mal y hemos dejado 2 preguntas en blanco. Eso equivale a 201,67 netas; en un examen del 0 al 10 habríamos tenido un 8,96.

En los comentarios de muchas de las preguntas que han estado mal, ya se había comentado que la pregunta era confusa, que admitía más de una solución o que era impugnable. Por lo que muchas de las preguntas que hemos respondido mal no son errores muy graves.

Habiendo llegando a este punto, sólo queda que los voluntarios que quieran discutan los motivos por los que discrepan con el Ministerio.

Yo por mi parte, me despido hasta el año que viene con un consejo a los opositores. Si conseguís la plaza que queréis, genial. Si no, no pasa nada. Probad suerte en otra. Con toda probabilidad también os gustará.

¿Cómo lo estoy haciendo? -me pregunté.

Acabo de traspasar el ecuador de mi residencia y siento una gran necesidad de saber en qué aspectos de ella estoy cumpliendo los objetivos y en cuáles no doy la talla. Así que me levanté de mi toalla y comencé a dar un paseo por las playas del Algarve portugués para reflexionar.

Pronto llegué a la conclusión de que necesito un punto de vista externo que me evalúe en la residencia. Los que trabajáis en lugares relacionados con la salud sabréis que todos los años en el mes de abril se cumplimenta un formulario que intenta valorar de forma objetiva los resultados derivados del trabajo de cada médico residente; a mí ese formulario me sirve para poco.

En él, se recogen una serie de ítems que, de haber sido cumplidos, suben la puntuación del residente evaluado. Por ejemplo, haber publicado un artículo suma 0,2; preparar una sesión clínica, 0,1. El resultado de la evaluación es un número concreto e imparcial, pero completamente inútil.

Así pues, si tengo un 7 sobre 10, ¿debo centrar mi esfuerzo en escribir más artículos y así seré mejor médico? Si tengo un 10 sobre 10, ¿significa que ya soy un médico perfecto y que no tengo que cambiar nada en mi praxis? Si tengo un 0 sobre 10, ¿es que mi trabajo no ha sido nada fructuoso? ¿Cómo se califican la actualización y la aplicación a la práctica de mis conocimientos teóricos? ¿Cómo puedo objetivar en esta evaluación si los pacientes se quedan reconfortados tras haber sido atendidos por mí o si por el contrario salen indignados de la consulta?

Por motivos como los anteriores, parece que carece de sentido evaluar a un médico con una nota numérica. Es preciso un informe individualizado, realizado por alguien que siga de cerca los pasos del residente, que permita identificar a cada uno sus fallos de un modo más concreto. En este sentido, la existencia de la figura de un tutor de residentes es, afortunadamente, vital al ser una referencia importante para mí; pero el sistema actual implantado para todos los MIRes, que resume el resultado en “No apto, Apto, Destacado y Excelente” se me queda pequeño.

Alto ahí, Emilienko -dice alguien. Pero esos informes personalizados no numéricos tendrían una trampa: al carecer de elementos de comparación, no te permiten diferenciar a un médico de otro; al bueno del malo.
Creo que en la trampa has caído tú. El médico bueno no tiene por qué ser el que más puntúe en su evaluación anual. Y, además, creo que las comparaciones entre médicos tienen más inconvenientes que ventajas.

Fred Lee, en su libro “If Disney ran your Hospital“, hace algunas reflexiones sobre lo dañinas que pueden resultar estas evaluaciones comparativas entre los profesionales sanitarios:

Si un compañero obtiene más puntuación que tú en la evaluación, pero crees que su praxis es peor que la tuya, ¿te sientes motivado por continuar mejorando o por el contrario te vuelves desmotivado? ¿Tu trabajo sigue entusiasmándote o comienza a quemarte? Tu esfuerzo por puntuar más, ¿lo haces para mejorar los resultados colectivos (que sería lo deseable) o sólo tratas de competir contra los demás para demostrar tu valía sobre la de los otros? ¿Dónde queda en este último caso el tan necesario trabajo en equipo que debe producirse entre médicos?