@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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El cambio se ha producido poco a poco, tan lentamente que no me he dado cuenta, como en ese viejo experimento en el que meten a una rana en agua tibia a la que van elevando la temperatura tan gradualmente que la rana no se da cuenta de que el agua hierve hasta que no es demasiado tarde.

Mi muro de Facebook ya no es lo que era. Echo de menos opiniones, críticas ingeniosas, ideas creativas. Sé que suena a discurso de abuelo: “en mi época todo era mejor”; pero cuando uno observa su muro, que está lleno de listas de 10 cosas que hacer (o 7 cosas que pensar o 20 lugares a los que viajar), de vídeos de mascotas domésticas americanas con comportamientos inverosímiles y, además, la poca opinión se remonta a requetecompartidos artículos de Pérez Reverte, se le viene el ánimo a los suelos.

Si eres de los que comparte este tipo de material, puede que te sientas ahora mismo ofendido. Si es así, me alegro de haber provocado algún tipo de reacción en ti. Y ahora que he captado tu atención, piensa: desde los cambios políticosocioeconómicos que estamos viviendo hasta la llegada de la primavera, que parece que este año en el Sur quiere adelantarse, ¿no tienes nada que opinar? ¿Tan poco vale tu voz?

Me resulta muy triste que por primera vez en la Historia, tengamos herramientas de comunicación tan potentes y que decidamos no utilizarlas para hablar tanto como podríamos.

Dije que sí cuando hace dos meses me propusieron impartir ese curso de Facebook para médicos, y eso que no soy un gran experto en esta red social.

Hace unos meses leía en el blog de la doctora Jomeini cómo le sigue entrando cierta congoja cuando tiene que prepararse algunas de sus clases para instruir a otros médicos en el dospuntocerismo. Tanto Ana como yo, somos blogueros, y eso no nos convierte en expertos en social media.

Pero, como ella misma dice, “en el país de los ciegos, el tuerto es el rey”, lo haremos lo mejor que podamos, y, si por algún casual, entre los alumnos se encuentra alguien que sepa del tema más que el profesor, no es motivo de preocupación, sino que es una buena noticia, porque la web 2.0 no es más que compartir conocimiento desde la horizontalidad.

Así pues, me lié la manta a la cabeza y comencé a preparar el curso. Pero, ¿qué busca exactamente un médico de Facebook? ¿Cómo sacar una utilidad profesional a una red social que se caracteriza por lo personal? Ésas son las preguntas que pretendo resolver en una charla que he estructurado de la siguiente manera:

1. ¿Qué es el social media? De esta parte hablaré o no en función del nivel del auditorio sobre nuevas tecnologías. En realidad, voy a contar un poco el famoso cuento de los helados de Scoopville, que no sólo sirve para explicar la red social, sino que también consigue que se intuya qué es el muro de Facebook.

2. ¿Qué es una red social? El concepto de amplificación social. Esta parte me gusta mucho, porque pienso comparar que, del mismo modo que se pueden buscar relaciones sentimentales de forma intuitiva, las oportunidades laborales están ahí.

3. ¿De qué está formado Facebook? Perfil, grupo y página. En este punto me resultó brillante una clase sobre Facebook que hace unos meses se impartió en TeKuidamos.

4. ¿Cómo proteger mi intimidad? Éste punto es muy importante. Aún muchos médicos no están en Facebook porque tienen miedo a perder su intimidad. No quieren que sus pacientes los vean en la playa. Ni en fiestas con una copa en la mano. En este sentido, la agrupación de contactos en cuatro grupos de privacidad, como se sugiere por diversos sitios de internet, me resulta sencilla, intuitiva y proporciona la confianza necesaria como para no dejarse intimidar por Facebook.

5. El buscador de Facebook: encontrando grupos y páginas de interés para otorrinolaringólogos. Es curiosa la aceptación que ha tenido Google como buscador. Todo el mundo sabe usar Google. Sin embargo, para encontrar determinada información, es preferible usar otros buscadores como el de Facebook o el de Twitter. ¿Por qué estos métodos de búsqueda son menos famosos y qué tipo de información se puede encontrar en ellos?

6. Facebook y Telemedicina. Aquí, brevemente, hablaré de lo que hablo siempre, eso de mis pacientes a través del ordenador y bla, bla, bla,… (ya os lo sabéis todos, me repito mucho).

7. Conocer las reglas ocultas del juego antes de continuar: la reputación digital, el branding, el landing y otras cosas que hay que saber, porque, antes de lanzarse a la piscina, hay que comprobar que tenga agua.

Yo lo veo bastante completito. ¿Echáis en falta algo? Todo tipo de consejo es muy agradecido.

Tengo muchos amigos en mi hospital. O, al menos, eso me dice Facebook, entienda lo que entienda esta página web por amigos.

El caso es que el pasado fin de semana comencé a ver que en los muros de muchos de estos amigos se estaba haciendo popular una aplicación. El nombre de la misma me resultó increíblemente tentador y no me pude resistir a instalarla: “La puerta del Morato“.

Para quienes no lo sepan, tengo que aclararles que “El Morato” es como se conoce popularmente mi hospital y, cuando se habla de “La Puerta”, nos referimos al área de Urgencias.

Al igual que a Pandora, la curiosidad me pudo e instalé la aplicación para ver qué había en su interior.

Era muy simple, pero interesante. Incluso me reí un par de veces. Al ejecutarla, apareció en mi pantalla una ventana emergente en la que estaba escrita una frase típica de cualquier guardia; bastantes de estas frases uno las ha dicho en más de una ocasión.

Cuando iba a cerrar este sencillo juego, me llamó la atención que éste te daba la oportunidad de añadir frases propias a la colección. Fui observando como a lo largo del fin de semana, iban apareciendo frases nuevas en el repertorio.

Pero no sólo aumentó el número de frases, sino la intensidad de las mismas. Críticas sutiles, ataques contra todos los colectivos profesionales y caricaturizaciones de pacientes hicieron aparición. Y, en cierto modo, era lógico que fuera así, dado que dejar una frase para que entre dentro del conjunto de las mismas es anónimo.

Lo sucedido me hace plantearme tres preguntas, que son las siguientes:

1) El acceso a la aplicación es libre; ¿está bien que las críticas de una empresa hechas por los propios trabajadores estén disponibles para el público general? ¿Qué efecto tiene esto cuando ese público son enfermos que no aceptan que el sistema sanitario tiene imperfecciones?

2) En el caso de que se nombrara un responsable de reputación digital del servicio para tratar este tipo de situaciones, ¿qué actitud tendría que tomar de cara a los trabajadores y de cara a los pacientes? No olviden que detener la aplicación queda por encima de sus posibilidades. Y al ser una aplicación anónima, las represalias tampoco son posibles.

3) Si la aplicación fuera utilizada para verter calumnias sobre el servicio, ¿existiría una manera de detenerla?

Yo les animo a que se planteen estas preguntas porque, si en mi hospital ha ocurrido, puede que dentro de poco tiempo tengan el mismo problema en el lugar donde trabajen.

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