@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Llevo veinte años nadando en el desconocimiento.

Nadar es maravilloso. Es sensacional notar cómo el agua fluye por tu cuerpo, llevándose todo el estrés del día y comprobando cómo los problemas de fuera de la piscina huyen del agua. Incluso, cuando a veces se mete agua por la nariz, cada vez se hace más familiar esa sensación que produce el agua llena de cloro al explorar los recovecos de las fosas nasales.

Aunque en el instituto me suspendían la gimnasia, yo he nadado mucho. No soy especialmente rápido, pero cumplo obedientemente los programas de las clases, sin quejarme nunca ni por su dureza ni por su duración.

Eli es maravillosa. Es, sin duda, la mejor profesora que he tenido en toda mi vida. Yo nado todo lo que ella me manda, pacientemente, y resignándome a ser siempre el más lento de la calle.

-Emilio, me estoy dando cuenta de que no haces bien el agarre de crol -me dijo.

En los diferentes estilos de natación, cuando un brazo está debajo del agua, pasa por tres fases: agarre, tirón y empuje. La primera es el agarre, que rechaza el agua nada más entra el brazo en el agua y es fundamental para un estilo correcto. Parece que llevo veinte años nadando mal y nunca nadie se había dado cuenta. De repente, ya no soy tan lento.

Desde hace un par de días le he estado dando vueltas a la cabeza acerca de que si en Medicina no me puede ocurrir lo mismo, hasta que he llegado a la conclusión de que sí, que es así. Todo sanitario, en general, hay cosas que hace mal sin querer porque piensa que las está haciendo bien y no tiene a nadie que se las corrija.

No son raras las veces que durante mi estudio descubro correcciones a mi técnica médica habitual. Y también intento ser receptivo a los consejos de mis colegas (he dicho intento porque reconocer errores siempre escuece). Pero, ¿qué ocurrirá cuando, dentro de unos meses, no estén mis compañeros de siempre, esos que se molestan en decirme cosas como que mi agarre en crol es malo?

Dije que sí cuando hace dos meses me propusieron impartir ese curso de Facebook para médicos, y eso que no soy un gran experto en esta red social.

Hace unos meses leía en el blog de la doctora Jomeini cómo le sigue entrando cierta congoja cuando tiene que prepararse algunas de sus clases para instruir a otros médicos en el dospuntocerismo. Tanto Ana como yo, somos blogueros, y eso no nos convierte en expertos en social media.

Pero, como ella misma dice, “en el país de los ciegos, el tuerto es el rey”, lo haremos lo mejor que podamos, y, si por algún casual, entre los alumnos se encuentra alguien que sepa del tema más que el profesor, no es motivo de preocupación, sino que es una buena noticia, porque la web 2.0 no es más que compartir conocimiento desde la horizontalidad.

Así pues, me lié la manta a la cabeza y comencé a preparar el curso. Pero, ¿qué busca exactamente un médico de Facebook? ¿Cómo sacar una utilidad profesional a una red social que se caracteriza por lo personal? Ésas son las preguntas que pretendo resolver en una charla que he estructurado de la siguiente manera:

1. ¿Qué es el social media? De esta parte hablaré o no en función del nivel del auditorio sobre nuevas tecnologías. En realidad, voy a contar un poco el famoso cuento de los helados de Scoopville, que no sólo sirve para explicar la red social, sino que también consigue que se intuya qué es el muro de Facebook.

2. ¿Qué es una red social? El concepto de amplificación social. Esta parte me gusta mucho, porque pienso comparar que, del mismo modo que se pueden buscar relaciones sentimentales de forma intuitiva, las oportunidades laborales están ahí.

3. ¿De qué está formado Facebook? Perfil, grupo y página. En este punto me resultó brillante una clase sobre Facebook que hace unos meses se impartió en TeKuidamos.

4. ¿Cómo proteger mi intimidad? Éste punto es muy importante. Aún muchos médicos no están en Facebook porque tienen miedo a perder su intimidad. No quieren que sus pacientes los vean en la playa. Ni en fiestas con una copa en la mano. En este sentido, la agrupación de contactos en cuatro grupos de privacidad, como se sugiere por diversos sitios de internet, me resulta sencilla, intuitiva y proporciona la confianza necesaria como para no dejarse intimidar por Facebook.

5. El buscador de Facebook: encontrando grupos y páginas de interés para otorrinolaringólogos. Es curiosa la aceptación que ha tenido Google como buscador. Todo el mundo sabe usar Google. Sin embargo, para encontrar determinada información, es preferible usar otros buscadores como el de Facebook o el de Twitter. ¿Por qué estos métodos de búsqueda son menos famosos y qué tipo de información se puede encontrar en ellos?

6. Facebook y Telemedicina. Aquí, brevemente, hablaré de lo que hablo siempre, eso de mis pacientes a través del ordenador y bla, bla, bla,… (ya os lo sabéis todos, me repito mucho).

7. Conocer las reglas ocultas del juego antes de continuar: la reputación digital, el branding, el landing y otras cosas que hay que saber, porque, antes de lanzarse a la piscina, hay que comprobar que tenga agua.

Yo lo veo bastante completito. ¿Echáis en falta algo? Todo tipo de consejo es muy agradecido.

Dentro de unos cuantos días, entrarán en el hospital los nuevos médicos residentes, que en su mayoría son médicos generales que comenzarán su proceso de especialización. ¿Nunca se han preguntado cómo se las apañan para aprender las competencias de su especialidad desde cero?

Bien, el aprendizaje se obtiene de diversas fuentes. El médico residente en sus primeros años estudia libros y lee artículos; recibe cursos de formación por parte del hospital y es tutorizado por diversos médicos adjuntos ya especialistas.

Pero existe una importante fuente de formación que normalmente es ignorada y maltratada: los erres mayores.

Los erres mayores son también médicos en proceso de especialización, pero que comenzaron su periodo de formación un curso antes. Ellos son los que dan esos consejos básicos para la práctica diaria; esos trucos para sobrevivir dentro de la compleja organización sanitaria que no viene explicada en ningún libro. Son los que conocen tu futuro e inmediato trabajo mejor que nadie y los que te orientan de la forma que sólo una persona que hacía escasamente un año estaba tan perdida como tú es capaz de hacer.

Gran parte de la formación de muchos especialistas de nuestro tan alabado sistema sanitario ha sido gracias al trabajo anónimo y altruista de estos erres mayores.

Quizás ahora sea el momento de pensar si es oportuno que los médicos con menos experiencia sean los que proporcionen tantos consejos útiles a los residentes novatos y si los beneficios de esta forma de orientación superan los riesgos.

Yo no tengo herramientas suficientes para responder esta última pregunta, pero sí que les puedo contar que mis erres mayores han sido dos maestros excepcionales. Está próximo el día en el que acaben su residencia, dejándome a mí la responsabilidad que ellos han ejercido. Espero estar a la altura.