@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Cuando ingreso a un paciente de urgencias, normalmente lo dejo en dieta absoluta; esto es, sin comer nada por boca. Esto lo hago porque es posible que, en las próximas horas, este paciente tenga que entrar en quirófano y a los anestesistas no le hace mucha gracia dormir a una persona que tiene el estómago lleno.

Es un poco más difícil cuando el paciente es diabético. Me da mucho miedo no darle de comer a un diabético, porque que se me puede hipoglucemiar antes de una operación. Por eso, normalmente, le pongo sueros con glucosa intravenosos, para evitar la hipoglucemia.

Sin embargo, lo que hago es sustituir un peligro por otro: con los sueros elimino el riesgo de hipoglucemia, pero introduzco el riesgo de hiperglucemia, y no sé cual es peor. En estos casos, no me queda otra que acompañar esos sueros glucosados pinchazos de insulina para evitar subidas de azúcar.

El mundo de las insulinas es complejo y farragoso. Hay muchos tipos de insulina, unas son rápidas y otras lentas; unas tienen más vida media que otras. En medio de mi aprendizaje de insulinización, un día descubrí una insulina especial: la insulina glargina, o “Lantus“, que es su nombre comercial.

La insulina glargina es estupenda. Un solo pinchazo al día asegura niveles de glucosa aceptables con un muy bajo riesgo de hipoglucemias. La glargina me facilita el trabajo.

Hace un mes, llegó una noticia que ha caído como una bomba. Se ha anunciado que podría ser que los pacientes tratados con insulina glargina tengan más riesgo de desarrollar cáncer.

No es algo demasiado raro. Al fin y al cabo, la insulina trabaja quitando azúcar de la sangre de un modo muy simple: le dice a las células del cuerpo “¡hay mucha azúcar en sangre! ¡empezad a comérosla ya!“. Así las células comen glucosa y crecen. Pero supongo que eso lo harán tanto las células normales como las cancerígenas…

No sé. Desde luego, ahora mismo la Agencia Europea del Medicamento ha dicho que: “la insulina es un tratamiento eficaz y seguro y no existe evidencia de que cause cáncer. Los resultados de los estudios, en caso de confirmarse, sugieren que determinados análogos de la insulina de duración prolongada podrían estimular el desarrollo de un cáncer ya iniciado“.

Ahora mi pregunta es: ¿comienzo a prescribir otras insulinas con más riesgos de hipoglucemia o sigo utilizando la glargina, que es más segura a corto plazo pero tiene un dudoso y leve riesgo de cáncer a la larga?