@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Reconozco que la culpa es mía, que yo había sido el que había dicho que en mi casa no quería ni perro ni gato; que no estaba yo para cuidar bichos. Que en todo caso, una tortuga o algo así que no diera mucho trabajo.

Pero yo estaba pensando en una tortuguita de esas de pocos centímetros que venden en las tiendas de animales. No en lo que me trajo Javi. Javi me ha regalado un dinosaurio.

No he querido ni medirla. Lo que sí he hecho ha sido taxonomizarla.

Se trata de una Trachemys Scripta, la tortuga mascota más popular. Todos los sitios de Internet dicen que ni se me ocurra liberarla, que se adapta muy bien al ecosistema español y que, al no ser una especie autóctona, lo destruye. Así que la tengo suelta en el patio, que es grande y tiene sol, sombra y plantas y de donde no se puede escapar.

O eso espero, que no se escape, porque la verdad es que me da un poco de miedo. En las patas delanteras tiene las uñas muy largas, como las del velocirraptor de la escena de la cocina de Parque Jurásico. Se defiende con la cola, que mide fácilmente sus cinco centímetros. Y tiene fuerza. Impresiona el sonido del caparazón chocando contra las macetas. Creo que es macho.

El siguiente problema ha sido la alimentación. Estuve todo el viernes por la mañana construyéndole una charca abrevadero de la que pudiera entrar y salir sin ahogarse. No se ha molestado ni en mirarla. Ha preferido esconderse detrás de la maceta del jazmín, donde creo que se está comiendo las hormigas.

Creo. Porque si no se las está comiendo, debe estar pasando hambre. Le he dado taquitos de jamón, hojas de lechuga e incluso un poco de melva en lata que me sobró de un sandwich que me hice hace unos días para cenar, pero los ha ignorado estoicamente. Debería haberle comprado pienso de tortugas, pero ¿dónde encuentro pienso de tortugas en pleno puente del Corpus?

Creo que por las fechas que son y los acontecimientos recientes voy a llamarla De Guindos. Yo le lanzo ayuda desde arriba y a ver ahora lo que hace con ella.

Yo me defendía diciendo que, como no tengo ordenador portátil, el iPad haría las funciones de éste, como por ejemplo en mis viajes. Pero el argumento se me antojaba pobre incluso a mí y no podía ver más que un capricho de niño pijo el comprarme la famosa tableta.

Tras casi un año de deseo, me animé. O mejor dicho me animaron, que tuve que pedirle a Javi que me acompañara a El Corte Inglés y casi que me obligara a encargarle un iPad al dependiente de la sección de informática.

Dos semanas después, mi iPad llegó. Perfecto: sin ralladuras, motas, manchas amarillas ni fugas de luz; esos problemas que habían enturbiado la fama del dispositivo los primeros días que salió a la venta.

Hoy cumplimos diez días de intensa convivencia, y he comprobado cómo el iPad me ayuda en mi vida de todos los días.

1. Me sirve de libreta de notas mientras recojo en la biblioteca referencias para mi tesis doctoral (también serviría un pedazo de papel, pero esto tiene más glamour).
2. Reúne a la familia en torno a la mesa para jugar a juegos de cartas (que también servirían las cartas normales, por otro lado).
3. Mejora la experiencia de Twitter todavía más (si cabe).
4. En cualquier lugar puedo enterarme de lo que estás publicando en Facebook (sí, va por ti).
5. He organizado una pequeña sesión de música Techno para unos amigos (nada de lo que deba preocuparse ahora mismo Teddy Bautista).
6. Gracias a Flipboard he conseguido poner a cero mi Google Reader (oh, sí, oh, sí, oh, sí, si los orgasmos RSS existieran yo por fin lo habría alcanzado).
7. He conseguido decir “un momento, voy a consultar mi agenda del iPad a ver si puedo quedar contigo” (sin parecer gilipollas).
8. He consultado por dónde iba el autobús geolocalizándome en lugar de mirando por la ventanilla (esto sí que es de gili).
9. Me he dado cuenta de que el iPhone es un módem estupendo (sobre todo comparando con la velocidad del resto de módems en España).
10. He leído más cómics que en muchos años y sin gastar papel (aunque habría que estudiar si contamina más el imprimir papel o la electricidad de cargar el aparato).

Sin embargo… …no es un dispositivo indispensable. Es muy divertido, eso sí, pero yo antes hacía mi vida feliz sin el trasto este. Os comentaré mis próximas experiencias y, de vosotros que ya lo tenéis, escucharé gustoso los usos que le dais.

Javi, que es de Granada y sabe de mi pasión por el mundo de Internet, me había preguntado en numerosas ocasiones cómo era que no había visto nunca el chiste del cura granaíno.

-Tienes que verlo, está en YouTube, tienes que verlo.
-¿De qué va? -le pregunté.
-Tú míralo, que eres sevillano, y luego me cuentas.

Pero la verdad es que siempre olvidaba ver el famoso chiste. Sin embargo, en una de mis últimas guardias, a las cuatro de la mañana, decidí escucharlo por fin mientras hacía un poco de tiempo para asegurarme de que todo estaba bajo control.

Para ser justo, está muy bien contado. Todo el chiste se rodea de una atmósfera antisevillana que no consigo entender y que incluso me incomoda, pero está muy bien contado.

Incluso cuando escuché el final, me sonreí. No me quise reír del todo porque desde hace tiempo decidí no reírme de los chistes en los que se ridiculizaran grupos sociales, ya sean mujeres, etnias marginales, homosexuales y cualquier otro que ustedes puedan añadir a esta lista.

Sin embargo, aunque no es mi tipo de humor preferido, tampoco vi una gran maldad en el chiste. Siempre ha existido rivalidad entre localidades vecinas; supongo que será herencia del instinto de supervivencia de aquella época en la que debíamos desconfiar de las tribus vecinas.

Mi preocupación se despertó cuando encontré entre los comentarios al vídeo (que son más de 4500) declaraciones como las siguientes:

“Yo creo q este video refleja perfectamente el sentir de todos los granadinos, almerienses y el resto del Reino Historico de Granada hacia Sevilla: no los podemos ni ver. Hombre, seguro que habrá algun sevillano apañao, pero a la mayoria…. no les traga ni su puta madre.”

“los sevillanos son el cancer d esta andalucia”

“sevilla te digo yo lo que es? la verguenza de andalucia! asi te lo digo! no porke sea fea o guapa, sino por la gente k vivis en ella, que no aceis mas que presumir e ir d prepotentes pa la mierda ke teneis, ke lo unico k vale es la capital, y encima os la dais d ke sois lo mejorcito de andalucia? ke solo sabeis presumir ke si giralda ni pollas, meteros la giralda x el puto culo.”

En un informe emitido por la Unión Europea hace diez años, se demostró que un 70% de los europeos confiesan ser un poco o muy xenófobos. En ese mismo informe se señaló que lo más preocupante de esta cifra no es que sea elevadísima, sino que implica que a la mayoría de los europeos no les cuesta reconocer en una encuesta pública una actitud que debería avergonzales más que enorgullecerles. No existe un sentimiento de culpa por tener sentimientos xenófobos.

No me preocupa el chiste, la verdad. Me preocupa la educación en la tolerancia que tiene nuestra población, capaz de dejar escritos comentarios como los anteriores e incluso, seguramente, de sentirse aliviada tras haberlo hecho.

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