@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Todo se remonta a cuando éramos monos y estábamos campando tranquilamente por la sabana africana.

Entonces llegaba un león hambriento y se acababa la paz: había que salir corriendo y subirse al árbol más cercano. Evidentemente, cuando eso ocurría, nuestro primitivo cerebro debía activarse y poner en marcha sus mecanismos que le advertían de un peligro inminente. Entre esos mecanismos, estaba el de aumentar nuestra atención respecto al equilibrio; que cuando salíamos corriendo y huyendo, aquel al que le fallaba el equilibrio se caía y se convertía en la cena del temido león.

De este modo, la evolución favoreció que los humanos desarrolláramos una compleja relación entre la zona del cerebro que se encarga de activarnos en caso de peligro (la amígdala) y los centros del equilibrio (los núcleos vestibulares).

Esta historia del león es, por supuesto, un cuento chino, o un cuento africano más bien; pero nos sirve para explicar muchas cosas. Hoy en día ya no hay leones hambrientos por las calles de las ciudades; los leones son otros. Les llamamos presión laboral, tensión familiar, crispación política, inestabilidad económica y así una larga lista que estoy seguro que cualquiera de ustedes podría completar.

Cualquiera de estos sucesos, en personas predispuestas, es capaz de activar la amígdala cerebral del mismo modo que hacía el león y, consecuentemente, alterar el funcionamiento de los núcleos vestibulares y provocar mareo e inestabilidad a las personas que lo sufren, provocando a su paso otros síntomas como depresión y ansiedades varias. “Mareo psicógeno”, le solemos llamar, aunque para ser psicógeno tiene una fisiopatología bastante bien conocida.

-Y todas las pruebas que me he hecho doctor, salen normales, pero yo le juro que estoy muy mareado y muy angustiado por todo esto. Y no estoy loco, doctor se lo prometo. ¿Sabe usted lo que me pasa?
-¿Le han contado a usted alguna vez el cuento del león? –respondo.

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Una de las enfermedades más raras que se han popularizado durante la última década es la enfermedad del desembarco.

La enfermedad del desembarco, también conocida como “Mal de débarquement” o “Mal de terre”, es una mala pasada que puede jugarnos nuestro cerebro tras un viaje en barco. Como sabéis, el equilibrio de una persona depende de tres sistemas: los ojos, que nos mantienen equilibrados gracias a que ven la línea del horizonte; los oídos, que envían información al cerebro de la posición de la cabeza y los receptores de las piernas, que nos informan de la posición del cuerpo respecto al suelo.

Durante un viaje en barco, ninguno de estos sistemas es capaz de informarnos demasiado bien sobre nuestro equilibrio: el movimiento de las olas hace mecerse al barco, por lo que el cerebro recibe información contradictoria de los tres sistemas que rigen el equilibrio. Por ello, en los viajes en barco muchas personas se marean y tienen dificultades para mantenerse en pie.

Pero como seguramente habréis escuchado, el cerebro tiene una gran plasticidad y tiende a adaptarse casi a cualquier cosa. De hecho, en viajes en barco prolongados, el cerebro puede decidir “desatender” la información contradictoria de ojos, oídos y piernas para evitar la desagradable sensación de mareos. Por eso, en la mayoría de las personas, los mareos, poco tiempo tras iniciar una travesía, tienden a desaparecer.

Pero, ¿qué ocurre al desembarcar? Bien, en la mayoría de los sujetos, el cerebro vuelve a escuchar a ojos, oídos y piernas, dado que se da cuenta de que, en tierra, la información que estos mandan es fiable. Pero, en escasas ocasiones, puede ocurrir que el cerebro siga decidiendo ignorar a los sistemas del equilibrio a pesar de estar en tierra. Se dice que las personas a que les ocurre esto sufren una enfermedad del desembarco.

Las personas con enfermedad del desembarco se sienten mareadas e inestables en tierra firme y mejoran en coches y barcos. Hasta hace pocos años, era una entidad muy poco conocida; sin embargo, cada vez hay más literatura disponible acerca de ella y se comienza a identificar mejor.

Muchos casos se resuelven espontáneamente; sin embargo, hay otros que persisten durante años. Es en estos casos en los que se han propuesto diversos tratamientos. Parece que el tratamiento con fármacos no es demasiado efectivo; se estima que determinados ejercicios de rehabilitación vestibular pueden estimular al cerebro para que vuelva a escuchar la información que le proporcionan los sistemas del equilibrio en tierra firme.

Para los otorrinolaringólogos a los que nos apasiona el mundo del equilibrio, la enfermedad del desembarco supone uno de los mayores retos en nuestro ejercicio diario.

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-Entonces no le dan vueltas las cosas.
-No.
-Y nunca le han dado vueltas las cosas.
-No.
-Y está mareado.
-Sí.

Cuando nos enfrentamos a un paciente que acude a consulta por mareos, siempre le preguntamos si las cosas le dan vueltas. Si el paciente responde que sí, que siente que todo se mueve y que incluso en alguna ocasión ha llegado a ver las cosas moverse, entonces el paciente tiene vértigos y tiene una alta probabilidad de que la causa de sus mareos resida en el oído.

Pero, ¿qué ocurre cuando el paciente está mareado pero niega que las cosas le den vueltas? Bueno, en ese caso es posible que la causa de los mareos esté en el oído también, pero hace falta desplegar un diagnóstico diferencial muy amplio que incluye, aparte de enfermedades del oído, arritmias cardiacas, alteraciones de la tensión arterial, mal funcionamiento del tiroides, enfermedades del sistema nervioso central, cuadros psicógenos y una de las causas más comunes y más olvidadas, que es de la que vamos a hablar hoy: los mareos causados por fármacos.

Se estima que un 25% de los fármacos disponibles en el mercado pueden causar mareo como efecto secundario. En la mayoría de las ocasiones, el cuadro lo identifica el propio paciente y él mismo pone la solución:

-Doctor, me mandó usted esta medicina pero me mareaba mucho, así que he dejado de tomármela.
-Y se le pasaron los mareos cuando dejó usted de tomar la pastilla.
-Sí, sí, no me ha vuelto a ocurrir.

Desafortunadamente, las cosas no siempre son tan sencillas. En ocasiones, es posible que un fármaco no cause mareos justamente al comenzar a tomarlo, sino meses después. En estos casos, establecer la relación causa-efecto es mucho más complicado. Un ejemplo bastante común se puede encontrar en los pacientes que han tomado durante meses fármacos antivertiginosos.

Otra causa frecuente de mareo farmacológico son los síndromes de abstinencia. No, no me refiero a la abstinencia por heroína; desafortunadamente, el mareo por abstinencia puede aparecer con una gran cantidad de los fármacos de uso común, como los ansiolíticos y los antidepresivos de tipo ISRS e IRSN. La retirada de estos fármacos puede causar mareo crónico que puede llegar a durar muchos meses.

No existen muchos estudios que expliquen cómo deben ser tratados los pacientes con mareos por abstinencia de psicofármacos. Parece que existe una tendencia a la remisión espontánea del cuadro y que éste puede ser prevenido retirando la medicación progresivamente y no de golpe.

En mi experiencia personal, explicar al paciente que no se trata de algo grave y que irá experimentando una lenta mejoría, ayuda al paciente a controlar la ansiedad. Los ejercicios habituativos de rehabilitación vestibular, teóricamente, deberían contribuir a la mejora.

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